Las cortinas invernales · Segunda clienta #2
Yaya pudo ver cómo la joven, inquieta, se subía al primer autobús que encontró y, tras bajar en una parada al azar, deambulaba sin rumbo fijo.
Se topó entonces con un folleto en el que ponía, con grandes letras: «¡Curamos su insomnio!
Ofrecemos té con miel como bebida de bienvenida».
Al levantar la cabeza, se encontró de frente con el taller de los dulces sueños.
Como hipnotizada, dirigió sus pasos hacia aquel lugar.
«Vaya, es un folleto bastante viejo, es increíble que siga por ahí», pensó Yaya.
Varios de los clientes regresaban con frecuencia.
Aquel anuncio había sido creado por uno de ellos, empleado de una gran empresa, que había llegado al taller poco después de su apertura, incapaz de dormir debido a su afán por conseguir un ascenso.
Después de que curaran su insomnio, había vuelto con los folletos como una muestra de su agradecimiento.
Oslo inicialmente se había negado a aceptarlos argumentando que no necesitaban ningún material promocional, pero era muy difícil rechazar aquel gesto de gratitud.
El hecho de que la chica hubiese llegado al taller gracias a ellos le recordó una vez más lo valiosas y misteriosas que son las conexiones.
Yaya continuó buscando la razón por la que la joven se había enamorado, pero, por más que escudriñaba, no lograba encontrar nada. Al parecer su amor por el chico había calado en su corazón lenta pero intensamente, como una llovizna en primavera.
Después de reflexionar un momento, el búho salió discretamente de los sueños de la clienta.
—Me dejé los ojos buscando el motivo de su enamoramiento, pero no logré percibir nada. No es como si hubiera un hecho específico… —le dijo Yaya a Oslo.
—¿Te dejaste los ojos? ¡No puede ser!
—Es tan solo una expresión, quiere decir que me esforcé en encontrar algo.
A menudo Yaya debía explicar el significado de dichos y expresiones a su empleador (y ahora familia), que no los entendía muy bien.
—Ah… Pues así es, yo tampoco logré identificar qué la hizo enamorarse. Seguramente por eso está tan preocupada.
La joven se despertó poco después de que el búho hubiese salido de sus sueños y les sonrió, aparentemente avergonzada.
—Creo que he dormido más de la cuenta. Puede que sea por el té, pero siento como si fuese la primera vez en mucho tiempo que he descansado sin pensar en mis preocupaciones.
—Me alegro. Ahora le recomendaré algo que la ayudará a dormir mejor. Por aquí, por favor —respondió Oslo de pie junto a la vitrina.
La chica, que había estado observando el techo, recorrió con la mirada los objetos de la vitrina que ocupaba un lado entero del taller.
Junto a esta había un pequeño almacén donde se guardaban los más grandes.
Al entrar en aquel lugar, Oslo contempló brevemente una hilera de cortinas elaboradas a mano colgadas en un riel.
Una luz cálida y amarilla flotaba suavemente sobre ellas, como si la luna se hubiese detenido allí.
Cortinas con estampado de desierto carmesí impregnadas de la ardiente luz del sol.
Cortinas con estampado de olas de mar relucientes bajo el ocaso.
Cortinas con estampado de pequeño oasis rodeado por un árido desierto.
Tras un momento de duda, eligió las cortinas que tenían un paisaje invernal.
Estaban hechas de un material tan ligero que ondeaba con la leve brisa.
Asimple vista parecía plateado y brillante, pero al observar más detenidamente apreció que era traslúcido y tenía la calidez de la luz del sol.
Su diseño era el de un paisaje nevado, a la vez melancólico y hermoso.
La clienta examinó las cortinas bañadas por la luz de la luna.
—Le recomiendo estas cortinas invernales. Cuélguelas en su habitación y, cuando se vaya a dormir, cierre los ojos e imagine que afuera está nevando. Su corazón inquieto se irá calmando poco a poco y podrá descansar mucho mejor —explicó Oslo antes de entregárselas.
En realidad tenían otro poder especial que había evitado mencionar, pues podría no funcionar si la persona en cuestión estaba al tanto.
—Dicen que, si alguien confiesa su amor durante la primera nevada, este tendrá un final feliz. ¿Estas cortinas me ayudarán a que mis sentimientos sean correspondidos? —preguntó la joven.
Yaya, que escuchaba la conversación con curiosidad, se posó con suavidad sobre el hombro de Oslo y le susurró al oído. Él sonrió misteriosamente. «¡Yo también quiero saberlo!», protestó el búho, pero, al no recibir una respuesta, chasqueó el pico enfadado.
El cambio de expresión de la clienta al recibir las cortinas fue apenas perceptible. Quizá se estaba preguntando si aquel objeto realmente le sería de ayuda.
—A menudo, los clientes que nos visitan por primera vez dudan de que nuestros objetos para atraer dulces sueños funcionen realmente.
Aun así, si se anima y lo prueba, le prometo que, aunque lleve un poco de tiempo, sentirá la diferencia.
Eso sí, debe recordar que las emociones intensas no son fáciles de aquietar y que sus preocupaciones no se esfumarán de la noche a la mañana.
—Ojalá me ayude a calmar estos sentimientos un poco —respondió la chica sonrojándose, consciente de que Oslo y Yaya se habían dado cuenta de que albergaba un amor no correspondido, y agregó—: Debería irme.
La verdad es que, desde que entré en este taller, me siento extrañamente cansada y somnolienta.
Me gustaría volver a casa y echarme una siesta, aunque ya haya descansado un poco aquí.
Colgaré las cortinas en mi habitación e intentaré dormir un poco. ¡Muchas gracias!
Después de mostrarle su agradecimiento y de pagar las cortinas, salió del taller con expresión tranquila. Yaya extendió las alas y voló hasta el hombro de Oslo.
—Venga, dime. Así como dicen que las declaraciones hechas durante la primera nevada hacen que el amor triunfe, ¿las cortinas invernales ayudarán a que el amor de la clienta sea correspondido?
—No puedo garantizarlo. Aunque las cortinas tienen otro poder que solo te contaré a ti, Yaya. Escucha bien…
Los grandes ojos del búho se abrieron aún más y clavó sus garras en el hombro de Oslo, apremiándolo a continuar.
—Cuando ves caer la primera nevada, te sientes feliz, ¿verdad?
La felicidad que ella sienta mientras duerme se transformará en un aroma que impregnará su cuerpo.
Así, quienquiera que huela ese aroma recordará a esta chica cada vez que experimente un momento de alegría.
No sabría decir con certeza si con esto su amor será correspondido, pero sin duda hará que su enamorado la asocie con una dulce fragancia.
Solo el tiempo dirá si eso conduce a otro tipo de relación.
Yaya, que había escuchado la historia de Oslo atentamente, abrió y cerró el pico con emoción.
—¡Qué interesante! ¿Deberíamos cambiar nuestras cortinas también? ¡Quiero saber qué aromas dejarán en nosotros!
Detrás del enorme ventanal de cristal, un cielo en tonos pastel se asomó fugazmente y desapareció.