El susurro del mármol CAPÍTULO 13 #2
91%

CAPÍTULO 13 #2

Clara intentó retroceder, pero Pietro la empujó hacia el interior de la cabaña con el arma y cerró la puerta de un portazo.

Y antes de que ella pudiera reaccionar, la culata del arma impactó contra su sien.

El mundo se volvió negro.

Al cabo de unos minutos, Clara abrió los ojos lentamente, tenía la vista borrosa, la cabeza palpitando como si le fuera a estallar.

Se encontraba en el suelo, atada.

Giró la cabeza.

A unos metros, vio a Carles atado, aún tendido en el suelo, inconsciente, con un hilo de sangre deslizándose por su frente, pero respiraba.

Clara tragó saliva medio aliviada.

Y entonces oyó pasos detrás de ella.

Martí y Sandra llevaban horas caminando entre los árboles, siguiendo senderos que parecían repetirse, como si el bosque quisiera confundirlos.

Habían revisado cabañas vacías, cobertizos llenos de herramientas y la torre vigía, donde solo encontraron silencio y viento.

El sol empezaba a caer, tiñendo Montjuïc de un tono dorado y triste, cuando decidieron regresar al coche.

Al llegar, vieron el coche patrulla en el que habían venido Carles y Clara que seguía allí aparcado.

Martí frunció el ceño, una inquietud sutil recorriéndole la espalda, sacó el móvil y llamó a Carles, daba señal, pero nadie respondía, cada tono aceleraba más el corazón de Martí, y de pronto saltó el contestador. Probó de nuevo. Nada.

Mientras tanto, en la cabaña, Pietro apagaba el teléfono de Carles con un gesto rápido, casi irritado, como quien aplasta un insecto molesto.

Pero apenas lo hizo, otro sonido rompió el silencio, era el móvil de Clara.

Ella lo miró con los ojos muy abiertos. Pietro levantó la pistola y se la acercó al rostro, —Contesta —ordenó—.

Y no hagas ninguna tontería, acto seguido desvió el cañón hacia el cuerpo inconsciente de Carles.

Clara tragó saliva y deslizó el dedo para responder.

—Dime, Martí…

—Clara, no he podido contactar con Carles. ¿Todo bien?

Ella sintió el frío del cañón apuntando a Carles, y el miedo le apretó la garganta.

—Sí… todo en orden. No tenemos mucha cobertura por la zona.

Martí soltó un suspiro que Clara casi pudo imaginar.

—Me habías asustado, nosotros ya estamos en el coche, no hemos encontrado nada y pronto oscurecerá, así que volvemos a comisaría.

—Entendido, Martí. Nosotros nos quedaremos un rato más.

—Hasta mañana.

—Adiós.

Clara colgó.

Pietro le arrebató el móvil y lo lanzó a un rincón, donde cayó con un golpe seco. Afuera, Martí guardó el teléfono y miró a Sandra.

—Dicen que están bien. Que se quedan un rato más.

Sandra observó el bosque, cada vez más oscuro, como si algo la tuviera inquieta.

Arrancaron el coche y se alejaron, sin saber que la tragedia ya había empezado.

Dentro de la cabaña, Clara seguía atada, con la respiración entrecortada. Pietro la observaba desde la penumbra, con una mezcla de nostalgia y un rencor que parecía corroerlo por dentro. Se acercó despacio, como si cada paso fuera una confesión.

—¿Por qué me rechazaste? —preguntó con una voz rota, casi infantil— Hubiéramos sido una pareja perfecta.

Clara lo miró con una mezcla de miedo, rabia y asco, sintiendo que el pasado volvía a abrirse como una herida que nunca se había cerrado del todo.

—No estaría contigo ni, aunque fueras el último hombre sobre la tierra, me repugnas.

Los ojos de Pietro se oscurecieron, como si una sombra se deslizara por dentro de él.

—Tú me arruinaste —susurró—. ¿Sabes lo que me costó? ¿Sabes lo que perdí? Mi reputación, mi futuro, mi lugar entre los grandes escultores de la historia, todo por tu culpa.

Clara sintió una ira recorrerle el cuerpo y lo miró desafiante.

—No me culpes por tus actos —dijo con voz firme, aunque por dentro se desmoronaba—. No me culpes por lo que tú hiciste, ¿sabes lo que significó para mí? ¿Sabes el daño que me causaste? ¡Fuiste un monstruo y lo sigues siendo, ahora aún peor, eres un asesino!

Pietro dio un paso hacia ella mirándola con lascivia, su sombra cayó sobre Clara como un manto y ella retrocedió instintivamente, mientras las cuerdas la mantenían inmóvil, en ese instante Pietro descargó un golpe en el rostro de Clara, con el dorso de la mano, acto seguido cayó al suelo y sintió el peso del cuerpo de Pietro sobre su espalda, oprimiéndole el pecho, el pánico le subía por la garganta, un pánico antiguo, devastador.

El aire se volvió espeso, irrespirable. Pietro la agarró del brazo con fuerza, empujándola contra el suelo, deslizó su mano por su mejilla, su hombro derecho, siguió bajando, recreándose en sus pechos, hasta la entrepierna, Clara cerró los ojos, sintiendo el vértigo del pasado mientras Pietro le desabrochaba el botón del pantalón.

Pero entonces, un sonido. Un gruñido de dolor.

Pietro se giró bruscamente. Carles estaba volviendo en sí. Pietro apretó los dientes, irritado, como si la realidad le hubiera privado de un momento que había estado esperando largo tiempo.

—Debo apresurarme —murmuró.

Miró a Clara con una mezcla de frustración y algo más oscuro, algo que la hizo estremecerse.

—Lástima que no pueda despedirme de ti como hubiera querido… —susurró con una sonrisa torcida—. Pero al menos serás mi última figura, la culminación de mi obra con la que he soñado tantas veces. Has sido la causa de todo mi tormento y por fin vas a pagar por ello.

Sacó un trapo empapado en cloroformo. Clara intentó apartar la cabeza, pero él la sujetó con fuerza. El olor químico la envolvió. El mundo empezó a deshacerse y las sombras la envolvieron.