CAPÍTULO 12 #3
—¿Sí? —la voz de Matteo sonaba grave, adormilada.
—Soy el comisario Martorell. Siento molestarle a estas horas, pero necesito que venga inmediatamente a la muralla de la Catedral.
Hemos encontrado otro cadáver. Está… en una pose.
Como las anteriores, pero no sabría decir a qué figura corresponde, y el cuaderno de bocetos lo tiene Clara, y usted es el único a quien puedo recurrir que haya visto el cuaderno y pueda decirme si coincide con la siguiente postura.
Hubo un silencio tenso.
—¿Clara está allí? —preguntó Matteo.
—No. No responde al teléfono, por eso le he llamado, necesito que venga usted, diríjase a la facultad de letras, desde allí verá las luces y el cordón policial.
Matteo suspiró, como si ya supiera lo que iba a encontrarse.
—Deme diez minutos. Cojo un taxi.
Colgó.
El taxi se detuvo junto al cordón policial.
Matteo bajó con el abrigo mal puesto, el pelo revuelto y los ojos encendidos por la urgencia.
Martorell lo esperaba, se saludaron con la mirada.
Matteo avanzó hacia el cuerpo, deteniéndose a una distancia prudencial.
Observó la postura, la inclinación del torso, la tensión de los brazos, el giro del cuello, la expresión congelada en el rostro de la joven.
Y entonces lo vio.
El detalle que solo un escultor podía reconocer.
Se giró hacia el comisario.
—No hay duda —dijo con voz baja, casi reverente. Es otra figura de Bernini.
Martorell frunció el ceño.
—¿Cuál?
Matteo señaló la postura con un leve gesto de la mano.
— Dafne , de la obra Apolo y Dafne .
El momento exacto en que intenta escapar de Apolo.
El comisario sintió un escalofrío.
—¿Coincide con la siguiente figura que aparecía en el cuaderno de bocetos de Pietro?
—Efectivamente, esa era la siguiente figura.
El comisario frunció el ceño y emitió un gruñido sordo, miró a Matteo, le dio las gracias y se despidieron. A Martorell le esperaba una noche larga.
La luz gris del amanecer se filtraba por las persianas del hospital cuando Clara abrió los ojos. Había dormido mal, encogida en la butaca, con el cuello rígido.
Carles seguía dormido, respirando con calma, ajeno al caos que aguardaba fuera de esas paredes.
Clara se levantó despacio, estirándose, y salió al pasillo.
En el control de enfermería, dos enfermeras revisaban historiales y preparaban medicación.
—Perdonad —dijo Clara, con voz suave—. ¿Sabéis cuándo pasará el doctor a ver a Carles Pons? Le dijeron que durante la mañana le visitaría.
La enfermera más veterana consultó la pantalla.
—Sí, está previsto que el doctor pase en una media hora, está acabando otras visitas. No debería tardar mucho.
—Perfecto, gracias —respondió Clara, intentando sonreír.
Regresó a la habitación.
Carles se había incorporado y caminaba hacia el baño, todavía soñoliento y algo torpe.
—Voy un momento… —murmuró sin terminar la frase, aún frotándose los ojos.
Clara asintió y se dejó caer en la butaca.
Sacó el móvil del bolsillo y lo encendió.
El teléfono vibró de inmediato.
Una, dos, tres veces.
Cinco llamadas perdidas del comisario Martorell sobre la 1:00 de la madrugada.
El gesto de Clara se descompuso.
Escuchó un mensaje que le salía en el buzón de voz:
«Llámame en cuanto escuches esto. Es Urgente», era la voz del comisario
Sin pensarlo, marcó el número.
Martorell respondió al segundo tono.
—Clara. Por fin, primero de todo, ¿cómo está Carles?
—Bien mucho mejor…—hubo un silencio—. ¿qué ha pasado?
La voz de Martorell sonaba tensa, agotada, como si llevara horas trabajando.
—Tenemos otra víctima. Una chica joven, por su documento de identidad es de nacionalidad británica, la han encontrado esta noche, al final de la calle de la Muralla, junto a la fuente con cabeza de león. En este caso se halla sostenida en el aire por los brazos.
Matteo ya ha venido, al no localizarte lo llamé. Ha identificado la postura como Dafne , de Apolo y Dafne de Bernini. Es la siguiente figura del cuaderno de Pietro.
Clara cerró los ojos. Sintió un nudo en el estómago.
—Voy para allá en cuanto pueda. Carles está esperando al doctor.
—Necesitamos toda la ayuda con la que podamos contar, debemos acabar con esto, la ciudad está aterrorizada, los cadáveres se nos acumulan y la presión de la prensa es insoportable —dijo Martorell antes de colgar.
Clara bajó el móvil lentamente.
En ese momento, Carles salió del baño, secándose las manos con una toalla.
—¿Qué pasa? —preguntó al ver su expresión.
Clara levantó la mirada, con los ojos tensos.
—Carles… hay otra víctima. La encontraron esta noche. Es la siguiente figura del cuaderno. Dafne.
Carles se quedó quieto un segundo.
Luego dejó la toalla sobre la cama y empezó a vestirse sin decir una palabra.
—¿Qué haces? —preguntó Clara, aunque ya lo sabía.
—Lo que tengo que hacer —respondió él, abrochándose la camisa—. Voy a hablar con las enfermeras, firmaré la alta voluntaria.
Clara se levantó para detenerlo, pero Carles ya estaba en la puerta.
—No pienso quedarme aquí mientras ese individuo sigue matando —dijo, con la mandíbula apretada. Vamos a comisaría.
Clara lo siguió, con el corazón acelerado.