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Pelea de hermanos
—No dices más que calumnias, calla, pecadora. Arderás en el infierno como el resto de los lugareños.
Ahora Julia no tiene un plan pensado, por lo que le toca improvisar.
Como esto salga bien, apaga y vámonos , piensa.
—Carlos... Isaac —se corrige a sí misma—, sé que a lo mejor ese tarado te ha comido la cabeza, pero tienes que escucharme. Yo soy tu hermana.
—Eso es falso, todos los que incumplen los mandamientos y dicen falsos testimonios oscurecen la fe de Dios.
—No, yo no estoy en contra de tu fe. —Julia se arrodilla como muestra de buena voluntad—.
Si quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho.
Lo único que quiero es recuperar a mi hermano.
—Julia le enseña su marca de nacimiento en el brazo y le indica la suya con la mirada—.
Vine aquí buscando a mi familia y pensaba que estabas muerto, pero no, al fin te he encontrado.
Julia se levanta y va junto a él. Le sujeta el rostro con la mano y posa su mirada color verde aceituna en la suya, que es del mismo color.
Ambos hermanos se miran fijamente.
—¿Nos vamos de aventura, chache? —le pregunta Julia a su hermano cargada de una falsa esperanza.
—Sí, Julia, nos vamos de aventura —responde al fin.