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La cara de mi padre
Habiendo puesto ya las fichas sobre el tablero, solo queda hacer un movimiento para vencer a la reina.
—¿Qué fue lo que te ordenó mamá? —pregunta Julia con el corazón encogido y con la voz rota.
—Yo ya sabía a lo que se refería, ya lo habíamos hablado en más de una ocasión.
Si las cosas se ponían muy feas, debía de alejarte del lugar en el que estuviéramos y llevarte hasta Madrid.
Como en la capital hay tanta gente a ti no te reconocerían, pero la mafia ya nos tenía fichados a nosotros.
Si íbamos contigo, no hacíamos nada. Ambos decidimos lo que creíamos que era lo correcto.
—Y me diste en adopción —completa ella con cierto tono de dolor en la voz.
—Era lo único que podía hacer. No teníamos a nadie para que se ocupase de ti. Así que te llevé al mejor orfanato de todo Madrid.
—Y allí conociste a mis padres adoptivos.
Marco asiente.
—Fue la primera y la única entrevista que hice.
Me conmovieron con su historia y todos hablaban maravillas de ellos.
A la vista está que no me he equivocado.
Yo sabía que estaban deseosos de formar una familia y, al ver que ibas a poder ser tan feliz con ellos, que ibas a estar a salvo el resto de tu vida, supe que estaba haciendo lo que un padre debía hacer: proteger a sus crías ante todo, aunque le duela profundamente lo que está haciendo.
Julia sonríe al recordar a sus otros padres y llora al ver el gesto que Marco tuvo con ellos.
—La única condición que les puse fue que dado el momento, te contasen la verdad. Que te dijeran que eras adoptada y que te enseñasen la foto que me mostraste el otro día.
—Y cumplieron su promesa —le afirma Julia entre lágrimas emotivas.
Ambos vuelven a abrazarse.
—Te quiero, hija.
—Te quiero, papá.
Julia comienza a subir las escaleras del refugio y sale al exterior. Su padre va tras ella.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—Voy a ponerle punto y final a esta historia de una vez por todas. Hemos sufrido bastante ya —se jacta, a la par que enfila el camino de vuelta para volver al pueblo.
Julia debe de detener a Olmo, pero no puede hacerlo sola, así que recurre a la única persona que puede ayudarla.
Entra en el bar de Concha y se dirige hacia el teniente Brueca.
Es entonces cuando estalla la tormenta.