El susurro de las amapolas 74
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El juego de la cadena

Érase una vez un hombre que quiso jugar a ser Dios.

A Olmo le llevó mucho el perfeccionar la técnica para matar sin ser visto. Y, sobre todo, desarrollar una estrategia para que no le descubriesen.

No le puso un dedo encima a alguien hasta que no estuvo totalmente seguro de que fuera a funcionar. Esperó y esperó hasta que una noche, Dios se volvió a poner en contacto con él para alumbrarle un poco el camino y ayudarle a cumplir su misión.

En una de sus tantas charlas mesiánicas, descubrió cómo podía hacerlo.

Ya tenía en sus manos la guía definitiva.

Cómo asesinar a pecadores para agradar a Dios:

una guía escrita por Olmo Mendoza.

Paso 1: identifica al pecador al que debes eliminar.

Debes asegurarte de que haya cometido un pecado grave, no sirve de nada hacer pagar a alguien que le ha quitado un caramelo a un niño.

Utiliza el confesionario y seduce a una panda de paletos creyentes para que te cuenten sus pecados y así puedas absolverlos.

Mándalos a rezar un par de oraciones para que crean que Dios les ha perdonado.

Una vez en casa, Dios te dirá quién es el pecador que merece un castigo por sus errores.

Paso 2: apréndete toda la vida de ese pecador para que nada escape a tu control.

Debes controlar su vida, saber qué hace y cuándo lo hace.

No puede haber ningún cabo suelto que no hayas previsto.

Apunta sus rutinas, entabla conversaciones, hazle creer que sus problemas son los tuyos.

Cuando ya sepas lo suficiente, le controlarás sin que lo sepa.

Paso 3: desarrolla una droga alucinógena que te permita manipular las mentes de tus víctimas.

Tienes que aprovechar los alcaloides y opiáceos de las amapolas adormideras, así, si los mezclas con diversos productos químicos no muy beneficiosos para la salud humana, podrás obtener una droga que convierte a cualquier persona en una marioneta controlada por los hilos de tus manos.

Pasa un paño húmedo por su rostro y espera a que el producto haga efecto.

Dura unas doce horas, así que en el caso de que necesites más tiempo repite el proceso con el paño tantas veces haga falta.

Después no recuerdan casi nada, por lo que no te preocupes por el estropicio.

Paso 4: después de recopilar todos los datos, traza una cadena de conexiones imposibles para que la policía se vuelva loca buscándote.

Deja pistas falsas, haz rastros que conduzcan a callejones sin salida.

Elije un número par de personas y forma una cadena.

El segundo mata al primero, el tercero al segundo, el cuarto al tercero...

y así sucesivamente hasta que solo quede uno.

Al último pídele que se suicide, para no dejar nada al azar.

Así, cuando los policías encuentren el primer cadáver, ya habrá otra persona ocupándose del segundo.

Paso 5: da la orden y que comience la cacería. En cuanto la cadena empiece, nada ni nadie podrá pararla.