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La X marca el lugar
Padre e hija llevan caminando veinte minutos por un sendero oculto del bosque.
Si ya este lugar es sombrío al atardecer, ni te imaginas lo que supone atravesarlo cuando empieza a caer de verdad la noche.
Los árboles parecen más densos, las sombras se hacen más intensas y el aullido del viento reverbera en los troncos huecos.
Después de que Julia accediera muy a regañadientes a la petición de su padre, este le ha conducido a un camino que estaba oculto y al que solo se puede acceder atravesando unas espinosas zarzamoras.
Julia le ha pedido a su padre que vaya delante, porque como decía su progenitora adoptiva: no te fíes ni de tu propio padre .
Y es que ya Julia duda de todo cuanto la rodea, así que no va a ser menos con un hombre al que apenas conoce y que le ha dicho que tiene que llevarla a un sitio escondido.
Cuando alguien se toma tantas molestias para esconder algo, sea lo que sea, resulta que quien lo descubre o acaba en una caja de madera o en el fondo del mar envuelto en una bolsa de plástico negra.
—Ya casi hemos llegado —informa Marco.
Siguen caminando por lo menos diez minutos más, hasta que ambos se detienen en una especie de claro en el que hay un árbol partido y un coche oxidado.
—¿Me has traído aquí solo para enseñarme medio árbol y un coche roto? —le suelta Julia.
Marco se ríe, no es la primera vez que escucha esas palabras.
Hace treinta años que escuchó la misma frase saliendo de la boca de su cuñada.
—Sigues sin escuchar ni prestar atención a los detalles.
—Papá —dice en tono firme— ¿qué quieres?
Marco va junto al coche oxidado.
Un vehículo que en su día fue de un azul oscuro pero que hoy luce un marrón desgastado. Aún conserva las ruedas, que parecen totalmente nuevas. El caso es que sí que lo son, porque cuando ya no tiran bien, Marco compra otras en el pueblo vecino y las cambia.
Julia se fija también en las ruedas nuevas y se pregunta: ¿para qué se gasta el dinero alguien en cuatro ruedas nuevas si el coche ya no sirve? Solo se mueve si alguien lo suficientemente tonto lo empuja .
Y ahí es cuando encaja la siguiente pieza del puzle, su padre quiere mover el vehículo del lugar donde está.
Ambos van hacia la parte trasera y ejercen fuerza para moverlo.
Les cuesta un poco conseguir que el vehículo se desplace, pero al final lo mueven de su lugar original.
La verdad que el coche no pesa mucho porque Marco le ha quitado algunas piezas.
Lo ha dejado ligero para poder moverlo cuando le venga en gana.
Dejan al descubierto una pila de hojas que forma una especie de montículo algo sospechoso.
—Haz tú los honores. —Marco le concede el privilegio a su hija de apartar las hojas. Ya que va a sincerarse, al menos que haga la gracia al completo.
Julia aparta la pila de hojas y deja al descubierto una trampilla de madera que tiene unido un tirador.
—¿Qué cojones es esto, papá?
—El último lugar donde estuvo tu madre, Julia. Tu madre llevaba treinta años oculta bajo tierra, este es el refugio subterráneo donde se encontraba.
—Pero, ¿por qué motivo se escondía? ¿Cómo llegó hasta aquí?
—Cariño, creo que ha llegado el momento de que conozcas la verdad sobre tu madre —confiesa Marco mientras abre la trampilla y le indica a Julia que pase.