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Lo que sabemos cuándo morimos
El día que morí, lo supe todo.
Supe lo que era la vida, supe en lo que consistía la muerte.
Cuando morimos, todo se sabe.
Supe el porqué de mis acciones y de las consecuencias que arrastraron. Pude ver cómo toda la historia se alteraba a partir de lo que hice.
Me arrepiento de todo lo que pasó, me arrepiento de haber actuado como actué.
Pero eso ya no puede cambiarse.
He descifrado por fin, después de tantos años plagados de interrogantes, el sentido que tenía yo en todo este entramado.
Sé que yo tenía que ser la empujó todo aquello, sé que era yo quien debía hacer lo que hice.
Y ahora que después de tanta vida he abandonado mi cuerpo, mirando hacia atrás y sabiendo lo que va a suceder antes de que culmine agosto, no puedo evitar arrepentirme por no haberla avisado.
No esperaba que ocurriera, pero así ha sido. Mi niña ha vuelto para verme después de tantos años. Me miraba fijamente, pero yo ya tenía los ojos cerrados y la boca dormida.
Por eso no he podido advertirla.
He luchado lo que no está escrito por protegerla, y no ha servido de nada.
Ha vuelto y la sed de sangre de ese monstruo no se va a saciar hasta que no vea a mi hija descansar en una caja de madera.
Ella tiene que irse de este pueblo o correrá el mismo destino que yo. Lo he visto, sé lo que va a suceder y no puede cambiarse.
Ella no sabe que tiene al monstruo más cerca de lo que ella piensa. No sabe cuáles son sus verdaderas intenciones.
Ella vino aquí buscando respuestas, y, si las encuentra, acabará dependiendo de un destino tan cruel como grotesco.
Ya no puedo hacer nada.
Cuando ella muera, lo sabrá todo.
Cuando morimos todo se sabe.
Cuando morimos nos damos cuenta de que todo lo que hemos hecho, nos ha traído hasta aquí. De que todo cuanto hagamos ya ha sido contemplado y no vamos a poder escapar.
Yo, que ya he muerto, sé una verdad muy dolorosa para cualquier madre.
Sé cómo acaba la historia de Julia y aquí dejo constancia de lo que va a sucederle.
Mi hija morirá como acto final de esta historia.