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Últimas palabras
—No me mates —suplica Julia ante la atenta mirada de Xabier coordinada con la de algunos oficiales de la policía—. Haré lo que me pidas.
Xabier suelta una carcajada lo bastante sonora como para que esta se escuche afuera del vehículo a pesar de tener las ventanillas bajadas.
—No voy a matarte —Xabier hace una pausa—. Solo voy a decirte lo que va a pasar.
Julia lo observa, expectante, esperando que rompa el interminable silencio que se ha formado.
—Voy a dejar que te bajes del coche porque ya no tiene sentido retrasar lo inevitable. Yo ya estoy muerto, y no creo que a él le haga gracia que te dé una muerte tan poco digna. Pero quiero que sepas que él te va a buscar, te va a torturar y te va a matar.
—Pero ¡¿por qué tengo que morir?! Yo no he hecho nada malo... —replica Julia.
—Porque es tu destino y el nuestro, Julia.
Él quiere que sea así. Tienes que morir, Julia, no hay otro final para esta historia.
Es inevitable, está escrito. —Xabier acciona el cierre y las puertas del coche se desbloquean.
Julia abre la de su lado y, antes de salir del vehículo, mira por última vez a Xabier.
—Todavía puedes arreglarlo, entrégate y ayúdales a dar con él. Puedes salvar muchas vidas —explica Julia, pero Xabier no responde.
Julia decide no insistir y salir del coche, al tiempo en el que Xabier está posando su pie en el pedal de aceleración.
Ella ya está a salvo, pero Xabier se entrega a su decretada muerte.