El susurro de las amapolas 37
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Encontronazo con el pasado

Cuando Julia gira la esquina para irse en dirección contraria a la de la comisaría, se encuentra de cara con una de las pocas personas que sí que recuerda.

Xabier se choca con ella en pleno acto de torpeza y Julia aprovecha para examinarlo de arriba abajo.

Le vienen cientos de flashes a la cabeza que le revocan a la época de su niñez, esa etapa predominantemente blanca de la que no sabía nada hasta hace unos días.

Mientras le observa la cara a la persona que una vez fue su amigo, no puede evitar ver en lugar de un hombre ya con sus buenos años al niño bueno y leal que un día fue.

Xabier también la ve a ella y la reconoce.

Ve a esa minúscula niña que le encantaba jugar al escondite y hacer gamberradas a todas horas.

Se queda paralizado y la observa, como si Julia fuera una ensoñación provocada por su débil mente después de tantos años.

Y, cuando ambos se acercan y sus rostros están a un palmo de distancia, comprueban que son totalmente reales.

—¿Julia, eres tú?

—¿Xabier?

Ambos responden a la pregunta del otro con un leve movimiento de cabeza. Cuando han asimilado el asentimiento sus ojos se iluminan y ambos se funden en un caluroso y apretado abrazo.

—Ha pasado mucho tiempo, todos creíamos que estabas muerta. ¿Qué fue lo que te pasó?

—Es una historia muy larga de contar, mejor en otro momento nos ponemos al día.

De repente, algo cambia en la expresión de Xabier.

Puede que para muchos sea algo imperceptible.

No para Julia, porque sigue manteniendo la mente de una escritora que se fija en el más mínimo detalle de la realidad para sacarle provecho.

Xabier tuerce un poco el gesto y curva ligeramente los labios en señal de desagrado.

Después fija sus pupilas de color roble oscuro en la figura de Julia.

Para darle un mayor dramatismo, Xabier mira a ambos lados para cerciorarse de que no hay nadie por los alrededores.

Después, como si de un acto reflejo se tratara, agarra a Julia por la muñeca de un modo fortuito.

La agarra fuerte, tanto como para que ella no pueda zafarse tan fácilmente del agarre.

—Xabier, ¿qué es lo que estás haciendo? Me haces daño, suéltame, por favor —le pide Julia a su antiguo amigo de un modo agradable.

—Tú no lo entiendes, Julia. —Xabier sigue apretando mientras hunde sus pupilas en el iris de la mujer que tiene en frente.

—Xabier, me estás asustando. ¿Qué es lo que no entiendo?

—Que la próxima eres tú, Julia.

—¿Cómo que soy la próxima? Déjate de hostias, ¿a qué te quieres referir con eso?

—Que tú vas a ser la próxima víctima del Hombre de las Amapolas. Va a ir a por ti. No va a parar hasta que te mate. Quiere terminar lo que una vez empezó —sentencia un Xabier temeroso, que tiembla como un flan mientras pronuncia esas palabras lapidarias.

—Pero ¿tú cómo sabes eso?

—No puedo explicártelo ahora, pero tienes que creerme. Dame una oportunidad.

Julia duda ante la extrañeza de la situación.

—Julia, si no te decides ahora, te va a encontrar y te va a matar —sentencia Xabier.