El susurro de las amapolas 35
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Muchas preguntas y pocas respuestas

La etapa de ser adoptada en secreto, que tus padres te hayan mentido durante tantos años, descubrir que posiblemente has sido secuestrada por un pirado asesino en serie y ser detenida casi en la misma semana Julia recomienda no saltársela. Nótese la ironía, por favor.

El teniente Brueca emite un ligero carraspeo que saca a Julia de su ensimismamiento.

—Creo que podemos comenzar. Yo soy el teniente Augusto Brueca, y mi compañera...

—Yo soy la jueza Elisa Caballero —interrumpe con un tono cortante y seco, dejando entrever así que ella y el teniente no son ni siquiera compañeros.

Brueca se calla y le cede la palabra a la jueza, que al parecer va a llevar las riendas del interrogatorio.

—¿Está usted lista, señora Lazkano? —formula la jueza.

—A ser posible, me gustaría que se refirieran a mí por mi nombre de pila.

Escuchar mi verdadero apellido no es del todo fácil —pide, amablemente una Julia a la que la situación se le está quedando muy grande.

Lo hace con una vocecilla que apenas es audible, como si quisiera amansar a unas bestias fuera de sí.

La jueza asiente ante la petición de Julia.

—De acuerdo, señora Lazkano. Podemos proceder entonces. —La jueza deja entrever una sutil pero perceptible sonrisa, de esas que escuecen cuando se manifiestan en el momento oportuno.

Julia frunce el ceño cuando escucha su apellido.

La jueza ha dejado marcado su territorio y le ha dejado muy claro a Julia cuáles son las normas.

No son amigas, no lo van a ser nunca. Julia está detenida y es la jueza quien lleva la batuta que dirige la orquesta.

Y es que, cuando una mujer ha tenido que hacer un enorme sacrificio para labrarse un hueco entre tantos hombres, los escrúpulos ya se consideran innecesarios.

La jueza Elisa Caballero sonrió por última vez hace catorce años, ni se sabe cuándo fue la última vez que se le escapó una carcajada.

Habiendo puesto ya el tapete, cortado la baraja y repartido las cartas sobre la mesa, da comienzo el interrogatorio.

TRANSCRIPCIÓN DEL INTERROGATORIO A

JULIA LAZKANO (13/08/2025)

JUEZA CABALLERO: Y dígame, señora Lazkano, ¿por qué está en Praixze?

JULIA LAZKANO: He venido a resolver unos asuntos familiares.

JUEZA CABALLERO: ¿Qué tipo de asuntos?

JULIA LAZKANO: ... Venía a reencontrarme con mi verdadera familia.

TENIENTE brUECA: ¿Su verdadera familia? Concrete un poco más, ¿a qué se está refiriendo?

JUEZA CABALLERO: Señora Lazkano, le recuerdo que si usted tiene cualquier información que nos ayude a esclarecer lo que ha ocurrido, debe de aportarla a las autoridades. De lo contrario la podremos acusar de un delito de obstrucción a la justicia.

JULIA LAZKANO: Hace aproximadamente una semana y media, murió mi madre. Cuando llegué al tanatorio para velar su cadáver, mi padre me hizo entrega de una carta firmada por ella.

TENIENTE brUECA: Prosiga, pues ¿qué es lo que contenía el sobre?

JULIA LAZKANO: Una confesión por parte de mi madre. En esa carta ella me detallaba que yo fui adoptada cuando era pequeña.

JUEZA CABALLERO: Señora Lazkano, no comprendo a dónde quiere llegar con su relato, le recuerdo que usted está aquí acusada de un homicidio.

JULIA LAZKANO: Es que todavía no he terminado de contarle “mi relato”. Después de enfrentarme a mi padre, este me dio una fotografía.

TENIENTE brUECA: Y eso es lo que la ha traído hasta aquí, ¿verdad?

JULIA LAZKANO: Correcto, cuando vi la fotografía, que estaba compuesta por lo que se supone que es mi verdadera familia, comprendí que tuve que buscarles.

JUEZA CABALLERO: ¿Quién había en esa fotografía?

JULIA LAZKANO: Marco, mi padre; Cintia, mi tía; Carlos, mi hermano; yo y... Amaia, mi madre.

JULIA LAZKANO: Cuando vi el reverso de la foto me topé con la dirección del pueblo. Por eso he venido hasta aquí, porque quería encontrar a mi verdadera familia.

JUEZA CABALLERO: ¿Y lo ha hecho? ¿Ha conseguido ver a su familia?

JULIA LAZKANO: Solo he conseguido ver a mi padre. Por lo que sé mi madre y mi hermano llevan desaparecidos más de treinta años y mi tía ahora está en una especie de asilo a causa de una demencia.

TENIENTE brUECA: ¿En ningún momento vio a su madre?

JULIA LAZKANO: En ninguno, se lo puedo asegurar.

JUEZA CABALLERO: ¿Dónde ha pasado la noche, señora Lazkano?

JULIA LAZKANO: En el único motel que hay en el pueblo.

JUEZA CABALLERO: ¿Hay alguien que pueda corroborarlo?

JULIA LAZKANO: Sí, la dueña del motel. Ella me vio llegar y, posteriormente, tuvo que oír cómo entraba en la habitación.

JUEZA CABALLERO: ¿Hay alguien más que pueda corroborarlo?

JULIA LAZKANO: No, nadie más. Estoy completamente sola en el motel.

TENIENTE brUECA: ¿Le parece extraño lo que ha pasado, señora Lazkano? ¿Es consciente y comprende por qué la hemos detenido?

JULIA LAZKANO: Sí, lo comprendo. Tan solo hace unos días que he llegado al pueblo, después de estar supuestamente desaparecida por más de treinta años, y, casualmente, junto con mi llegada se encuentra el cuerpo muerto de mi madre.

JUEZA CABALLERO: ¿Sabía que su madre estaba muerta?

JULIA LAZKANO: No, en absoluto. Me he enterado hace una media hora cuando el teniente me ha detenido.

JUEZA CABALLERO: Quiero ver si reconoce usted el siguiente objeto.

(La jueza deposita sobre la mesa una bolsa de plástico cerrada. En ella hay un sobre marrón en el que hay escritas nueve letras en tinta negra).

JUEZA CABALLERO: ¿Podría explicarnos el por qué su nombre está grabado en el reverso del sobre?

JULIA LAZKANO: No, no puedo. Es la primera vez que lo veo.

TENIENTE brUECA: ¿Es usted consciente del contenido del mismo?

JULIA LAZKANO: No, como ya les he dicho, es la primera vez que lo veo.

JUEZA CABALLERO: En esta carta su madre nos ha dado una confesión. Ella admite con su puño y letra que hace treinta años, asesinó a un hombre. ¿Era usted consciente de estos hechos?

JULIA LAZKANO: No, ni siquiera recordaba a mi verdadera familia, no podría acordarme. Además no tiene ningún tipo de sentido, hace treinta años yo era una niña muy pequeña.

(Alguien llama a la puerta)

TENIENTE brUECA: Adelante.

(Pasa Morales)

TENIENTE brUECA: ¿Qué es lo que ocurre, Morales? Estamos en medio de un interrogatorio muy serio.

JAVIER MORALES: Disculpe, mi teniente. Creo que hay asuntos más urgentes que atender. Acaba de llegar un aviso de una de las patrullas. Me han pedido que los avise, es muy urgente.

JUEZA CABALLERO: ¿Qué es lo que está pasando?

JAVIER MORALES: Han encontrado tres cadáveres en el otro extremo de la playa.

(Resoplidos y bufidos varios)

JUEZA CABALLERO: Está bien, salgamos hacia allí cuanto antes.

TENIENTE brUECA: Señora Lazkano, puede irse. No tenemos indicios sólidos para dejarla retenida. Solo quiero que me prometa una cosa, no abandone el pueblo, por si tenemos que volver a hablar con usted.

JULIA LAZKANO: Le doy mi palabra, agente.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN