18 #3
Se produjo una explosión mágica que derrumbó a Lucas contra la pared, rompió los cristales de las ventanas y tiró parte del tabique derrumbando a las tres chicas de la puerta.
Lo último que alcanzó a ver Jenny antes de cubrirse la cabeza y pegarla al suelo fueron las agujas del reloj marcando medianoche.
Así comenzó el 2024, un año que sin duda estará marcado por la oscuridad de la luz.
Abrió los ojos, sintió palpitar su corazón, se daba por muerto, pero podía escuchar su respiración.
Estaba desubicado, no sabía dónde se encontraba.
Se irguió, quedándose sentado y vio un lugar que no reconocía, a su izquierda, vidrio roto; frente a él, cuatro personas vestidas con ropa que le resultaba extraña tiradas entre escombros de un tabique y, finalmente, a su derecha, se encontraba un hombre que también parecía desorientado,
se quitaba restos de ceniza del pecho y se ponía la mano en el corazón como si le doliera.
Cruzaron miradas y al ver sus ojos solo percibió una cosa: oscuridad.
Vio a una mujer apoyarse a la especie de camilla en la que se encontraba aquel muchacho, de no más de diecisiete años. Al levantarse, la vio del todo y una emoción inundó su corazón.
—¿Isabel? —La chica se percató de su estado después de mirar la ceniza que había en el suelo y en la ropa de Simón, entendiendo que la explosión la había provocado la piedra al romperse el hechizo, quedando completamente destruida.
—¿Hermano? No me lo creo, lo he logrado.
—Salió corriendo a abrazarle y sacarlo del ataúd.
Era un hombre alto, esbelto. Tenía el pelo de color negro, largo y liso como el de Isi.
Un semblante oscuro y pálido por los años dormido.
Una barba notoria y unos ojos oscuros como el vacío.
Imponía, era fuerte, musculado. Se abrazaron tras 125 años de espera.
Mientras tanto, Simón se acercó a Lucas para comprobar si estaba bien, quien tenía una herida grande en el brazo, pero por lo demás no parecía haber sufrido daños.
Se levantó Jenny, que aún estaba asustada por lo que acababa de pasar y vio desorientado a su novio, aunque lo que más le preocupó fue la brecha que Ros tenía en la cabeza.
Fue corriendo hacia ella. Lucas permanecía atento en Simón, en quien notó una mirada más fría que nunca.
Luego, ambos dirigieron su vista a los hermanos quienes seguían sumidos en un abrazo.
Tras segundos, Lucas corrió a despertar a su madre, que apenas había sufrido daños en la explosión y Simón ayudó a Raina a incorporarse.
El llanto angustioso de Jenny hizo que todos, incluidos los hermanos desviaran su atención hacia ella.
—¡Chicos, no despierta! Ros no despierta —se acercaron corriendo, Kenia le tomó el pulso y vio que aún tenía.
—Está muy débil, creo que con magia puedo ayudarla, pero necesitamos un hospital igualmente.
Por atrás escucharon la conversación de Damián e Isi en la que se revelaba que ellos eran los Edevane y Culpenia. Se miraron entre los seis y Jenny tomó la iniciativa.
—Idos vosotras tres, salvadla, nosotros vamos enseguida. Antes tenemos que arreglar esto.
—Es muy peligroso, venid con nosotras. —Raina tenía miedo de lo que les pudiera pasar.
—Mamá, no podemos huir. Debemos hablar, somos fuertes. Salvadla por favor.
Las madres se disponían a salir de la casa con el cuerpo inconsciente de Ros hasta que Damián las frenó.
—¿A dónde creéis que vais? —Se puso frente a ellos evitándoles la salida y estirando sus extremidades—. Llevo años sumido en un sueño eterno a causa de vuestros ancestros, no os dejaré ir por las buenas.
—Aléjate de ellos —Lucas tomó la delantera y envió a la Bestia por los aires contra las escaleras de un hechizo.
—Veo que tienes el carácter de Amanda, brujito, pero para llegar a mi categoría te hace falta mucho —Damián se disponía a acabar con el joven Edevane con un solo movimiento de brazo cuando Simón le detuvo.
—¡Alto!
—¿Y tú quién eres si se puede saber para decirme lo que debo o no debo hacer? —se acercó a él lentamente.
—Soy Simón Soiller —al escuchar el apellido, Damián paró en seco—, y soy un Ángel… Oscuro —al escuchar esa palabra Lucas tuvo un escalofrío—. Y me uniré a ti si los dejas en paz, para siempre.
—¿Cómo? —Lucas se acercó a él.
—Isi, hicimos un trato el día que me convertiste en vampiro. Yo me iba con vosotros a cambio de su seguridad y sigo dispuesto a cumplirlo —cambió su mirada a Kenia—. Llevaos a Ros de aquí y sanadla.
Raina y Kenia se fueron de la casa directas al hospital con la loba. Raina conducía mientras Kenia hacía un hechizo curativo y lloraba por lo ocurrido con Simón.
Mientras, en la casa de Isi, esta se encontraba hablando con su hermano diciendo todo lo ocurrido con Simón y sus sentimientos por él.
—Si esa es tu decisión, hermana, la respeto. Al final, si no fuera por ti, no estaría aquí. Pero recuerda que amar te hace vulnerable.
—Lo sé, Dami, pero estoy convencida.
En el borde de las escaleras, Jenny, Lucas y Simón hablaban sobre la decisión que el chico estaba a punto de tomar.
—Simón, no tienes que hacerlo de verdad, lucharemos contra él o habrá otra manera. —El joven quería evitar de cualquier manera que tuviera que irse.
—Te equivocas, esto ya va más allá de Damián o de Isi.
Noto como la oscuridad me va consumiendo cada vez más rápido desde que desperté mis poderes de Ángel.
No sé cuánto tiempo me queda teniendo humanidad y sin hacer atrocidades.
Buscad la manera de curarme, pero, por favor, nunca me busquéis si no sabéis cómo salvarme, porque no quiero haceros daño.
—Simón, tú nunca podrías… —El chico interrumpió a Jenny.
—Ni yo mismo me controlaba como vampiro sólo, Jenny, para cuanto más con todo el poder que tengo ahora. Por favor, vivid vuestra vida, disfrutad, estudiad, salid de fiesta. Yo intentaré tenerlos y tenerme lo más lejos posible.
—Tú no te mereces esto, Simón —Lucas ya no se aguantaba las lágrimas.
—Ninguno lo merecemos, pero es nuestro destino y estoy listo para afrontarlo. No me has dejado antes elegir no ser un Ángel Oscuro, por favor, al menos ahora que lo soy déjame elegir a mí como serlo.
El brujo asintió y abrazó a su amigo llorando desconsoladamente. A Simón apenas le caían lágrimas, señal de que su humanidad estaba en niveles bajos a pesar de estar haciendo el acto más empático que podría existir.
—Te quiero, hermano.
—Te quiero, hermano. Cuida de todas.
Simón les dio la espalda y se dirigió hacia los hermanos que lo esperaban en las vidrieras mientras Jenny y Lucas salían llorando por la puerta de la casa.
Camino al hospital, Lucas no le dirigió la palabra a Jenny hasta que esta le habló.
—Amor, lo siento, pero tenía que hacerlo, no podíamos fiarnos de ella.
—No quiero escucharlo, Jenny. No confío en ti. Por tu culpa Simón se ha acabado convirtiendo en el Ángel Oscuro y los hermanos se han salido con la suya.
—¿Perdona? ¿Que tú no confías en mí? Fuiste tú el que me ocultó el plan desde el principio dejándome al margen de todo.
—Precisamente porque sé que no lo entenderías, Jenny. Mira no quiero discutir ahora.
Ambos callaron y continuaron así todo el resto del camino hasta llegar con sus madres.
***
—Y bien, ¿a dónde vamos?
—A donde nos lleve la oscuridad. —Damián sonrió al decirlo y sentirse vivo de nuevo, tenían muchas aventuras que vivir juntos.
Isi miró a los chicos y estaba feliz. Los tenía a los dos. Debería estarlo. Lo había conseguido. Lo normal sería estarlo. Tenía todo lo que quería. Pero no, no lo estaba. No sabía por qué, pero ella no quería eso. Aun así, se limitó a sonreír.
Así se acaba un año, aunque siempre que uno se acaba, comienza otro. A pesar de tener sabor a final, los chicos sabían de sobra que esta aventura en la magia del Submundo solo acaba de comenzar.
Ros se debate entre la vida y la muerte en un hospital vacío, donde lo máximo que se esperaban ver esa noche los médicos eran comas etílicos de salir de fiesta después de las campanadas.
En la sala de espera, una familia completamente rota.
Dos madres muy unidas abrazando a sus hijos más separados que nunca y llorando la marcha de uno de los chicos, preocupados por no perder a otra.
Tres almas oscuras abandonando la ciudad en busca de nuevas aventuras, de una nueva convivencia, de encontrarse a sí mismos después de todo lo vivido.
Y un lobo solitario, iniciando un viaje en busca de soluciones, sin saber que se encontrará con la peor de todas.
Pero no solo para los chicos la vida cambiaría ahora para siempre.
Ninguno de los dos se había quedado quieto después de ver a aquel hombre en la ventana, algo pasaba en Nevadela y estaban dispuestos a descubrirlo y, sin duda, sabían que el grupo de Simón y Ros tenía algo que ver en ello.
¿Desapariciones inoportunas? ¿Comportamientos extraños?
Parecido a lo poco que ellos habían descubierto de su pasado, siempre han sido los olvidados.
Pero ¿y si Tim y Bela llegaran a ser recordados?
Quien sabe, todo personaje secundario en la vida de alguien es protagonista en la suya propia.
Y absolutamente todos tienen derecho a contar su historia.
El poder de la Fuerza de los Tres ha sido derrotado y, como bien predijo un Ángel francés, la oscuridad de la luz… ha llegado.