El submundo: La fuerza de los tres 18
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Fin de Año

La noche, el mejor reflejo de la oscuridad.

Un momento del día carente de luz. Este 31 de diciembre de 2023 fue la noche más oscura del año.

En el número 22 de la calle Corvia se había desatado un gran poder, muy siniestro.

Algo sin duda para lo que nadie estaba preparado.

Su dueña, la señorita Isabel Retal, o Later según figuraba en las escrituras, se encontraba en la sala más grande de la casa observando el final de su viaje hasta su objetivo, o tal vez solo el inicio.

Lucas se había quedado pensativo esa noche después de que Isi le confesase lo del Ángel Oscuro y se hubiese replanteado pactar con ella.

Decidió no contarle nada a Jenny de su conversación para no preocuparla y para que no intentase pararle.

Isi no pegó ojo en toda la noche pensando si había tomado la decisión acertada al contarle esa información a Lucas y replanteándose cuál es la verdadera razón por la que lo hizo, y es que realmente no había una única motivación.

Podía usar eso para librarse de la condena que se le había impuesto y tener libertad con su hermano, pero a la vez quería salvar a Simón.

Los días previos a la última noche del año fueron sin duda los más tensos que habían vivido juntos hasta la fecha. Jenny notaba a su novio raro, supuso que simplemente estaba preocupado por lo que le pasaría a Simón y no le dio mayor importancia, aunque una parte de ella intuyó que le ocultaba algo.

Ros se pasó la semana entre lecturas después de terminar los trimestrales y ser la única que aprobó todo, a pesar de no ser con sus notas habituales.

Aún con toda su incansable búsqueda, no logró averiguar ningún tipo de relación entre ángeles y vampiros, quizás porque esto nunca había ocurrido.

Su amistad con Simón se quedó en un punto raro desde la víspera de Navidad ya que, aunque se rompió en la cama con ella, no volvieron a hablar del tema.

El chico se volvió frío y se alejó del grupo aún más, no estaba preparado para lo que podía ocurrirle.

Se pasaba las noches en vela, daba paseos por el bosque para liberarse.

Sentía como si un monstruo lo estuviese comiendo desde dentro, poco a poco.

A pesar de que todos los focos se centraban en Simón e Isi, ninguno de ellos había pasado por alto a Javi, el cual no había regresado a la casa después de la discusión.

Nadie sabía dónde se había metido y Jenny estaba preocupada, pero lo llevaba en silencio.

Todos ellos callaban, todo el tiempo. El grupo pendía de un hilo y, a la vez, estaban más unidos que nunca.

Es una situación indescriptible, demasiado compleja. Supusieron que habría vuelto con sus padres o incluso que abandonó la ciudad por miedo a lo que podría pasar cuando Damián despertase. Desde luego, tan solo Javi sabía la verdad, y ahora mismo no era el momento de buscarla.

Al comenzar a narrar un día se suele empezar por el momento en el que se despierta, pero eso no es posible si no se ha pegado ojo.

Lucas había estado toda la noche en vela, dando vueltas en la cama intentando conciliar un sueño imposible de obtener.

La incertidumbre de lo que ocurriría en menos de 24 horas era superior a la comodidad que le daba su habitación de color azul eléctrico y su cama del suficiente tamaño como para haber estado en cada milímetro de ella durante esta noche.

Eran las siete de la mañana cuando se fue a la cocina y, allí, se encontró a su madre sentada en un taburete de color rojo, con un pijama navideño que calentaba solo con verlo.

Al ver su rostro, descubrió que ella tampoco había podido dormir en toda la noche.

—Tengo miedo, mamá. De lo que le pase a Simón, de lo que me pueda pasar a mí, a Jenny, a ti…

—Lo sé, cariño. Todos lo tenemos, y quien te diga que no, te miente.

Hace poco más de tres meses llegaste a esta misma cocina a desayunar con dolor de cabeza y algo en mí se encendió.

Supe que en ese momento todo cambiaría en nuestras vidas.

Pero al final es nuestro destino, hijo. Y debemos luchar hasta el final, por papá.

—Lo sé, lo haré, y te prometo que esta noche haré todo lo que tenga que hacer.

Lucas se fundió en un abrazo con su madre, no sabía si podía ser el último y eso le quemaba por dentro. No podían controlar nada de lo que fuese a pasar. Estaban rotos, agotados, necesitaban volver al inicio y que nada de lo que han vivido fuese real.

Horas más tarde, fueron a la mansión de las Culpenia a prepararlo todo para la noche. Decidieron que para mantenerse unidos e intentar mantener la calma, celebrarían una cena de Nochevieja. La idea la había propuesto Lucas para así poder distraerlos y llevar a cabo su plan con Isi.

Aun así, él sabía que necesitaría ayuda para hacerlo porque es muy peligroso confiar en ella sin que nadie más lo sepa, además de que una tapadera no le vendría mal.

Pensó en hablar con Jenny, pero sabía que le regañaría, y, en cuanto a su madre, diría que es muy peligroso.

Así que optó por la persona que sabía que estaría dispuesta a hacer casi tanto como él por Simón, Rosalía.

Habló con ella esa misma tarde mientras los demás estaban haciendo cada uno sus preparativos para la noche.

—Lucas, ¡estás loco! Es muy peligroso, ¿y si roba tu poder con la piedra o si te mata o algo así?

—Ros, escúchame. Tengo clarísimo que, a pesar de todo, ella lo quiere, tanto como le quieres tú —Ros permaneció callada ante esas declaraciones de su amigo—, si no lo logramos,

Simón se oscurecerá del todo con poderes de Ángel y eso será fatal tanto para nosotros como para él —continuaba en silencio—.

Has estado buscando entre decenas de libros y no has encontrado nada, debemos fiarnos o estamos perdidos.

—Si sale mal no nos lo perdonará nunca, Lucas.

—Lo sé, pero si no lo intento, yo mismo no me lo perdonaré nunca.

La conversación terminó ahí porque fueron interrumpidos por Jenny, que iba a recoger una chaqueta que tenía en la habitación.

Se sorprendió al verlos ahí a los dos, confirmando aún más que Lucas le ocultaba algo, pero decidió pasar y se fue sin preguntar siquiera.

La notaron un poco enfadada, mas salvar a Simón era más importante en este momento.

La cena se celebraría en el apartamento de Isabel para tener a mano la tumba de Damián en el momento del despertar. Lucas fue el encargado de ir a verla a la celda y ponerle las esposas que frenaran su fuerza vampírica. Aprovechó para repasar con ella lo que ya habían hablado.

—Mientras nosotros cenamos, tú harás el hechizo, cuando esté listo llevaremos a Simón a la sala y absorberás todo su poder. Cualquier tontería y os quemo vivos a ti y a tu hermano.

Isi asintió y se dejó poner las esposas sin presentar ningún tipo de resistencia. Lucas no se fiaba de ella en absoluto, pero no tenía más remedio. La subieron al coche y cruzó miradas con Simón, quien la evitó y se fue en el otro vehículo.

Se dirigieron hacia su apartamento, donde la noche más oscura de los tiempos les aguardaba.

Una vez allí, entraron con muchos recuerdos de lo que habían vivido ahí dentro, era escalofriante pensar en ello.

Llevaron a Isi a la habitación grande donde se encontraba el cuerpo de su hermano en el ataúd.

Estaba extrañamente callada, no había dicho nada en todo el camino, era como si estuviera su cuerpo y no su mente.

El plan del grupo era condicionar a Damián con la vida de su hermana, a pesar de que Lucas y Ros tenían otra cosa en la cabeza.

La encadenaron con los mismos grilletes que fueron usados con Javi el día de su transformación y Lucas hizo un hechizo de protección a la sala para que no pudieran salir.

Mientras tanto, las madres se encargaban de poner la mesa y preparar la cena.

El tiempo pasaba y la hora de la verdad estaba llegando, se sentaron todos a cenar, o al menos a intentarlo porque la mayoría tenían el estómago cerrado a causa de los nervios.

Había mucha tensión entre los chicos provocada por la incertidumbre de lo que terminaría por ocurrir y de los muchos secretos que se guardaban.

La conversación que se estaba teniendo en la mesa era sobre el paradero de Javi, la lideraban las madres y el resto la tenía en segundo plano con su mente en otros asuntos.

Lucas estaba calculando el tiempo que necesitaría Isi para completar el hechizo; Ros recordaba lo planificado por Kenia y Raina de intentar detener a la Bestia bajo un hechizo de contención amenazándolo con la vida de su hermana, plan que para ella echaba aguas por todas partes,

pero no tenían una opción mejor; Jenny le seguía dando vueltas a la razón por la que su novio está tan raro y tiene conversaciones con su hermana sin incluirla; y Simón recordaba las palabras que Isabel le había dicho horas antes sin que nadie se hubiese enterado de que había ido a verla.

***

Unas horas antes...

El hecho de que los sentidos se te potencien al convertirte en vampiro puede traerte dolores de cabeza, pero muchas otras veces, si lo usas bien, pueden facilitarte la obtención de información muy valiosa.

Eso fue precisamente lo que ocurrió con Simón esta tarde, logrando escuchar gran parte de la charla que se produjo en la habitación de las hermanas.

No era sorpresa para él que fuera a oscurecerse, ya lo venía asumiendo estas últimas semanas, pero el hecho de que se fueran a arriesgar solo para salvarlo a él no le gustaba, por lo que decidió tomar las riendas y bajar a la celda de su exnovia.

—¿Qué me va a pasar esta noche? —Simón fue directo, sin saludos, algo que tomó a Isi de imprevisto porque nunca había bajado a verla—. Quiero la verdad, escuché que Lucas dijo algo sobre un Ángel Oscuro que le habías dicho tú, necesito saber la verdad, por favor.

—Simón, yo te ofrecí la verdad desde el principio. Te ofrecí mi ayuda. No tengo ningún problema en decírtelo, pero eso no cambiará lo que ocurra esta noche.

—¿A qué te refieres?

—Al convertirte en vampiro, toda la luz de cuando estabas vivo se esfumó.

Lo que hace que hoy estés aquí hablándome y no enterrado bajo tierra es la oscuridad que te da toda tu energía vital.

Cuando se le despiertan los poderes del Submundo a alguien, se basan en dicha fuerza.