El submundo: La fuerza de los tres 17 #3
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17 #3

Lucas bajó las escaleras y se dirigió hacia la trampilla de Isabel. La abrió y la cerró tras él. Encendió la luz. Ella estaba sentada en la cama en la celda del fondo. Se extrañó al verlo ahí porque no era la hora de la comida.

—Tenemos que hablar.

***

Javi se fue por el bosque, lo sentía su casa desde su transformación. Pero a la vez le aterraba. Cuando se convirtió en lobo, Ana estaba con él, no estaba solo, los dos podían con todo, juntos. Ahora la había perdido, se había quedado sin nadie que le apoyara.

Se dirigió hacia el sitio que semanas atrás Isi le había indicado.

Tardó en llegar porque ni él mismo sabía si estaba preparado.

Pero se lo debía a ella, lo merecía. Tras una hora caminando, llegó.

Allí estaba el árbol donde Isabel había grabado el nombre de su amiga junto con la palabra «eterna», como si de una lápida se tratase.

Nunca se había atrevido a ir a visitarla, a despedirla.

Se recostó contra el árbol y lloró, necesitaba soltar todo lo que llevaba acumulando este mes, sin duda, el peor de su vida.

No podía volver con sus padres por miedo a ponerlos en peligro, traicionó a su antigua aliada y sus nuevos compañeros no confían en él. Solo le quedaba ella, su recuerdo.

—Hola, Ana. Sé que he tardado mucho en venir a despedirme porque ni quería, ni sabía cómo hacerlo.

Sabes que soy jodidamente inútil para las palabras, por eso aún tengo lengua pendiente del año pasado.

Estoy fatal. Te reirías de mí si siguieras aquí.

Irónico que yo diga que estoy mal cuando tú estás bajo tierra, pero últimamente creo que hasta eso es mejor.

Te odio. Te odio muchísimo por haberte interpuesto.

Era yo quien debía morir, joder. No tú. Tú debías seguir aquí con la loca de tu amiga conquistando el mundo y olvidándote de mí.

Yo no puedo. Eres la única persona que logró cambiar al tío chulito, canalla, deportista, que sólo le importaba la reputación por un llorica que está aquí llorándote al lado de un árbol.

En fin, no sé qué hacer. Yo sé que tú sabrías.

Siempre lo sabías todo —contuvo las lágrimas, tragó saliva y continuó hablando en medio de la fría nieve de diciembre—.

Me siento fatal. de verdad, siento que, por mi culpa, han muerto inocentes, familiares de gente que me importaba.

Y lo peor, has muerto tú. Lo fácil sería mandar todo a la mierda e irme contigo —miró al cielo estrellado—, créeme que lo he valorado en más de una ocasión.

Pero no pienso hacerlo. Sé lo que tú valorabas la vida y la diste para que yo tuviera la mía.

Voy a salir ahí con un par de huevos y tener toda la puta fiesta que tú te merecías y que me cediste porque eres una imbécil —se estaba quedando sin voz del dolor que sentía—. Te quiero muchísimo, vampirita.

Cogió sus llaves y escribió «lobito» en el árbol. Luego pasó allí el resto de la noche, sin dejar de llorar en ningún momento.

***

—¿Por qué querría hablar yo contigo si se puede saber?

—Porque a pesar de toda la mierda que nos has hecho creo que algo te importamos.

Al menos Simón, creo que le quieres o algo parecido y estoy muy preocupado por él y por lo que le has hecho.

—Lucas se percató de que Isi escuchara que estaba allí por Simón, por lo que puso más atención y se mostró más receptiva.

—No te equivocas. Lo quiero, pero aun así siempre tendré prioridad en mi hermano y nada me hará pensar lo contrario.

—Perfecto, te dejaré en libertad con él. —Los ojos de Isi se habían abierto del todo mostrando una sorpresa clara.

—¿Cómo? ¿Por qué iba a creerte?

—Porque necesito tu ayuda. Tengo que saber cómo evitar que Simón se oscurezca, eso acabaría con él y le está costando mucho, él ya no es el mismo. Necesito saber qué pasará el día 31, cuando desarrolle sus poderes de Ángel.

Isi se mantuvo un rato callada ante las súplicas de Lucas, sabía que esa era su única salida y, a parte, ella también quería el bienestar de Simón, por lo que decidió aceptar el trato.

—Como me la juegues, créeme que tendréis todas las de perder.

Pero le amo. Y quiero esa libertad con mi hermano.

En Fin de Año, en el momento que mi hermano despierte, los poderes de Simón lo harán con él y, al ser un vampiro, además de mi linaje tan poderoso y tenebroso…

serán de Ángel Oscuro. Le invadirá por dentro la maldad en su completa esencia y nadie podría frenar entonces lo inevitable: que Simón se vuelva un ser de la oscuridad.

Lucas se temía lo peor y acertó. Simón se oscurecería del todo en el momento que la Bestia volviese.

—¿Hay alguna solución? Se puede hacer que deje de ser vampiro?

—Quizás la haya, no para dejar de ser vampiro, eso es imposible, pero sí que quizás pueda mantener su poder a raya, absorberlo como hicisteis con el mío.

—La piedra***

—Así es. Pero para ello***

—Para poder evitar que Simón se oscurezca del todo debemos confiar en ti y devolverte todo tu poder para poder dejar la piedra vacía y que tú puedas hacer el hechizo.

Isi sonrió, había cogido de nuevo la delantera.

Lo que Lucas no sabía es que esa sonrisa también ocultaba miedo, porque ella tampoco quería bajo ningún concepto que Simón se convirtiese en un Ángel Oscuro.

Queda una semana, una decisión por tomar, un despertar inminente y una lucha de luz contra oscuridad que solo acaba de empezar.