El submundo: La fuerza de los tres 17 #2
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—Sí, gracias. No sabía si podría controlarlo —respiraba tranquilamente después de engullir la bolsa en un instante.

—¿Alguno de los dos me puede explicar qué acaba de pasar? —Jenny entró en la cocina con las pulsaciones aceleradas y algo enfadada.

Los chicos le explicaron la situación de Simón pidiéndole que no se lo contara al resto porque no quería que ni Lucas ni Ros se preocupasen aún más por su estado. Jenny aceptó a regañadientes e insistió en que debía alimentarse más a menudo.

Javi. Su estancia en la mansión tampoco fue fácil.

Miradas de desconfianza por todos lados, silencios incómodos cada vez que estaban con él, desaprobación en todas sus propuestas.

Para él no estaba siendo sencillo, a pesar de querer ayudar entendía todo lo que hizo durante estos meses.

Además, sumado a eso, también tiene acumulado el dolor por la muerte de Ana, a la cual aún no se atrevió a despedir.

Cada vez que veía a Raina, su ira de lobo le llenaba por dentro como si fuera un globo inflándose cada vez más hasta explotar, pero su anhelo de supervivencia se lo impedía, ya que si lo hacía nunca más confiarían en él, era hombre muerto.

En medio de toda la oscuridad, Javi notó dos puntos de luz en esa casa.

En primer lugar, Simón. A pesar de que con él su relación siempre fue nefasta, desde su desencuentro en casa de Isi y de que el chico rozase la oscuridad, sentían que el único que podría comprenderlos era el otro.

No tuvieron grandes conversaciones, pero sí había cordialidad y entendimiento.

En segundo lugar, Jenny. Esto le hizo especial ilusión al chico. Si bien es cierto que ya ninguno de los dos estaba enamorado, se tenían cariño y respeto, lo que hacía que ella, aún con dudas, confiase en él.

Para Isi los últimos días fueron debatirse entre cuál es la opción correcta que más beneficiaría a él, a su hermano e incluso a Simón.

A pesar de sentirse completamente traicionada por él, una parte de ella lo entendía.

Después de todo lo que había hecho, al final era la decisión más lógica.

No intentó escapar, sabía que era algo inútil, nadie la ayudaría y ella sola no estaba capacitada.

No sintió que hubiese perdido porque ella sabía que aún tenía un as bajo la manga que lo podría cambiar todo. Pero debía esperar al momento adecuado.

Una de las noches más festivas del año había llegado.

El 24 de diciembre siempre fue muy especial para sus familias.

Este año se sentía diferente, era más frío, doloroso, nostálgico, tenso.

La magia de la Navidad no había llegado, a lo que las madres reaccionaron e intentaron arreglar cumpliendo con una de las míticas tradiciones: la cena de Nochebuena.

Raina y Kenia organizaron en la mansión un banquete para todos.

Nunca habían pasado estas fechas juntos, pero tras las numerosas pérdidas y todo lo vivido habían formado una gran familia entre todos.

Mientras las madres se encargaban de la comida, Ros y Simón se ocupaban de poner la mesa.

Siete platos con sus respectivos cubiertos y vasos.

Se debatió si Javi debía cenar con ellos o no y Jenny convenció a las chicas de que después de todo lo que estaba haciendo por ellos, era lo correcto.

Además de que no quería que tuviera que pasar este día solo.

A regañadientes, aceptaron, aunque muchos no estarían cómodos ante su presencia.

Durante el tiempo que ellos se encargaban de prepararlo todo, Lucas y Jenny aprovecharon para tener un momento los dos solos y entregarse su regalo de Navidad.

Subieron a la habitación de la chica, quien estaba emocionada porque iba a darle una sudadera de la casa de Hogwarts a la que pertenecía él y una pulsera que llevaba grabada la fecha de su aniversario.

No esperaba que dentro de todo el caos su novio también hubiese tenido la cabeza como para pensar en regalos.

Se llevo una sorpresa cuando después de abrir los suyos y ponerse inmediatamente la pulsera y la sudadera color granate, que pegaba con el ambiente navideño, Lucas le entregó una pequeña cajita envuelta con un papel color oro.

—¿También me has comprado algo? —exclamó con sorpresa e ilusión.

—¿Acaso lo dudabas?

Sonrió y se dispuso a ver el contenido. Era un collar plateado con la palabra «fortaleza» inscrita, en referencia a los valores de la chica a la hora de afrontar cada batalla.

—Eres, junto con mi madre, la persona más fuerte que conozco, Jennyfer. Quiero que siempre recuerdes lo mucho que vales.

Se agarró a sus brazos y le besó emocionada. Se avecinaba una semana cargada de incertidumbre en la que se necesitarían mucho el uno al otro y toda la fuerza que sumaban ambos.

—Te quiero mucho, Lucas. Pase lo que pase.

—Yo también te quiero, siempre. Pase lo que pase.

Se recostaron en la cama, se sentía extraño. ¿Felicidad o tristeza? Al final nunca estás del todo a un lado de la balanza. Se tenían el uno al otro, pasase lo que pasase.

Llegó la hora de cenar. Se sentaron en la mesa del comedor y Raina sirvió el primer plato como anfitriona.

Era una parrillada de diversos mariscos.

Las conversaciones comenzaron a fluir y todos intentaban evitar temas comprometidos, querían desconectar.

Videojuegos, el tiempo, las noticias… Diversas conversaciones que no llevaban a ningún lado, pero era mucho más sencillo que hablar de la miseria que estaban sufriendo.

De toda la gente que faltaba en esa mesa, de las traiciones de Javi, del descontrol de Simón, del destino de los hermanos Retal, no se dijo ni una sola palabra, hasta llegado el momento.

—Me ha dado rabia no poder invitar a Tim y Bela.

Tienen que pasar las fiestas solos, sus padres tenían un viaje de negocios.

—Ros se mostraba compungida. Sus nuevos amigos aún no habían sido sinceros acerca de su orfandad, pero no podían mentir acerca de la soledad que tendrían en unas fechas tan señaladas.

—Lo sé. Pero ya las cosas son suficientemente difíciles como para tener que dar explicaciones a alguien más. —Raina reflejaba su decisión y tenacidad—. Hay mucha más gente que falta en esta mesa, por desgracia.

Se produjo un silencio doloroso. Todos pensaron en alguien y Raina miró con ira a Javi.

—Toda la razón, mamá. Pero yo sé que papá, Federico, Malcolm están entre nosotros para darnos fuerzas y apoyarnos para lo que se viene. —Jenny fue regalando miradas esperanzadoras a todos los que habían perdido a alguien, notando como las lágrimas llegaban a los ojos de todos ellos.

—Y Ana… —Todos observaron a Javi al decir esas palabras.

—Javi, sé que le tenías mucho cariño, pero creo que no es el momento exacto de***

—¡Por supuesto que no! —Jenny fue interrumpida por su madre.

—Ah, ¿no? ¿Por qué si se puede saber? Ella murió por injusticia también.

—Chicos, es mejor que se cambie el tema —Simón, que había estado callado toda la comida, se pronunció para intentar poner paz.

—¿Injusticia dices? Pido perdón al cielo cada día por arrebatarle la vida a una persona, pero ella sabía dónde se metía, Javier.

Injustas fueron la muerte de Carlos, de Federico.

Ellos sí que no lo merecían… y tú ayudaste.

—Raina se puso de pie con postura amenazante al lobo, Ros le cogió de la mano y esta apartó el brazo.

—Perdona que te diga que aquí la única que tiene las manos manchadas de sangre eres tú. —Javi se puso a su altura.

—¡Fuera de mi casa! —Sus garras y colmillos comenzaron a salir a lo que Javi respondió de la misma manera.

Simón se levantó y agarró al chico contra la pared usando su fuerza y velocidad.

—Javi, controla tu ira o te saco de la casa yo mismo.

Se produjo silencio, Jenny y Ros abrazaban y mantenían separada a su madre.

—Te recuerdo que el único que necesita controlarse para no matar eres tú —ese comentario debilitó a Simón porque no quería que Lucas y Ros supieran de su problema, lo que le permitió a Javi soltarse, empujándolo contra la mesa—.

Lo siento, Jenny. De verdad que estoy de tu lado y me duele demasiado haber contribuido en la muerte de tu padre, pero no aguantaré que se mancille el nombre de Ana.

Sin esperar respuesta y dejando a Jenny confusa se fue por la puerta de atrás camino del bosque.

—Estará bien, tranquila —Ros notó la preocupación de su hermana—. Simón, ¿a qué se refería Javi con controlarse para matar? —tras un largo rato, no contestaba—. Es la oscuridad, ¿cierto? Te cuesta mantenerla.

—Lo siento, chicos. No puedo hablar de esto ahora mismo. Es demasiado. Gracias por la cena.

Se fue a meterse en una de las habitaciones y Jenny les explicó lo que había ocurrido días antes y lo que Javi le había contado.

A Lucas le pareció algo mal que no se lo hubiese dicho antes sabiendo lo importante que es Simón para él, pero no se lo hizo saber.

El resto de la cena fue tensa y corta. A la media hora ya habían acabado y no hubo sobremesa.

Ayudaron a recoger y se fue cada uno para su habitación. Pero la noche no había acabado.

—Voy al baño.

Lucas salió por la puerta diciéndole a Jenny que se dirigía al lavabo, pero no era así. Al salir, escuchó pasos, supuso que alguien sí que habría ido al baño de verdad. No era el caso. Ros se dirigía a otra habitación. Llamó a la puerta.

—¿Puedo pasar?

Silencio. No le contestó y entró. Simón estaba tumbado encima de la cama con la luz apagada pensando en todo y nada a la vez. Ros se sentó a su lado y le cogió la mano.

—La oscuridad es la salida fácil, pero no la única, Simón.

Confía en nosotros. No te dejaremos caer.

He estado leyendo muchísimo y lo seguiré haciendo.

Mientras no saques todo el amor de tu corazón podrás vencerla.

Si huyes de nosotros, será una batalla que jamás podrás ganar. Siempre estaremos a tu lado.

El chico no contestó, no pudo contenerse, se limitó a abrazarla y a llorar.