17
La Familia es lo Primero
Se sentó al lado de un árbol, estaba muy sudado y algo más tranquilo.
Su pulso continuaba muy acelerado y su cabeza aún estaba llena de miedos, pero tenía que calmarse para poder volver y ayudar a sus amigos, a la única familia que le quedaba.
Trató de dejar su mente en blanco, respiró profundamente.
Agarró el suelo llenando sus manos de tierra, desconectó.
Él era buen chico, siempre le habían dicho que era el mayor ejemplo a seguir de todos.
Un niño educado, estudioso, respetuoso. No podía ser mala persona, ninguna fuerza sobrenatural lo iba a conseguir.
Él es fuerte. Se levantó, corrió hacia la mansión Culpenia.
Se autoconvenció de que podía contra el vampirismo, al menos por unos minutos.
Isi estaba confusa, había despertado muy de repente y estaba apresada en una silla en el garaje de la familia de lobas.
Tanta luz, de repente, hizo que le costara definir las personas que tenía delante de ella.
Se sentía fatigada, cansada, como si hubiese estado corriendo horas.
Notaba que le faltaba la energía vital. Logró diferenciar la cara de Lucas y, entonces, se acordó de lo vivido horas atrás en su casa con Simón y Javi.
—¡Qué demonios! ¿Dónde estoy? ¿Qué coño habéis hecho?
¿Qué ha ocurrido con mi magia? –—La sonrisa que vio en la cara de Lucas la aterró, ella nunca había tenido miedo de él, pero vio a un chico demasiado dolido y lleno de sed de venganza.
Ella estaba indefensa. Movía los brazos intentando soltarse.
Quiso hacer algún hechizo para desencadenarse, mas fue en vano.
Su magia no funcionaba. No entendía la razón hasta que vio al joven brujo fijar su vista en el collar de París y, en ese momento, lo entendió todo.
—Te tenemos, hija de puta.
La emoción que sentía Lucas era impagable, hacía meses que no estaba así. Por primera vez desde que su magia despertó había estado un paso por delante de Isabel y había logrado vencerla. Se acercó al collar, lo cogió y lo guardó en el bolsillo.
—Traed a Simón, no sabemos cuánto durará esto.
Es necesario que hablen ya. —Kenia y Raina se fueron al interior de la casa—.
¿Qué se siente al saber que ahora vas perdiendo?
Después de todo lo que nos has hecho, si tengo que matarte con mis propias manos créeme que no dudaré ni un solo instante en hacerlo —se dirigió de nuevo a ella.
—No has aprendido nada —Isi le miraba a los ojos—, el poder de la piedrecita no será eterno y luego será peor para vosotros. Mi hermano despertará sí o sí y, si cuando lo haga me seguís teniendo aquí, estáis muertos —se mantenía firme, no iba a dejarse doblegar por él.
Kenia y Raina volvieron, pero trajeron a Javi en vez de a Simón.
—¿Qué ocurre, mamá? ¿Dónde está Simón? —preguntó Jenny.
—Se ha ido corriendo, estaba agobiado por el tema de la oscuridad y creo que necesitaba tomar algo el aire —respondió el rubio.
Isi estaba dispuesta a atacar verbalmente a Javi después de sentirse traicionada por él, pero sus palabras le hicieron retraerse y murmurar algo sobre el joven vampiro que nadie alcanzó a oír.
—Iremos a buscarlo, lo necesitamos. Jenny, Ros, venid conmigo, necesitaré que lo rastreéis. —Lucas ocupó la plaza de líder una vez más.
—No será necesario —la voz de Simón surgió de detrás de la casa de las chicas acercándose lentamente hacia el garaje—. Dejadnos solos, por favor.
—¿Estás bien, tío?
—Sí, solo necesitaba aire, tengo que hacer esto solo.
—Cualquier cosa avisa —Lucas le despidió tocándole amistosamente el hombro y se fue con el resto para dentro de la casa.
Simón agarró una silla y se puso frente a Isi, quien había estado con la mirada perdida desde su llegada. Estaba dolida, no quería escapar, no quería atacar. Solo necesitaba una explicación. Tenía muchas ganas de llorar. El chico se acercó a ella y quiso coger su mano, pero esta se la apartó.
—Isi, yo…
—¿Por qué? Solo necesito saber por qué lo has hecho, Simón.
Sé que no hice las cosas bien, pero cumplí tu trato.
En dos semanas mi hermano despertará y nos iríamos juntos los tres sin volver a molestar a tus amigos.
Yo te quería de verdad, Simón. Mis palabras eran sinceras.
—Isi lo miró, por fin, por primera vez desde que se sentó.
Tenía los ojos llorosos, tenía mucho dolor y eso le afectó a Simón.
—¿Acaso en algún momento te has parado a pensar si yo quiero eso?
Son mucho más que mis amigos, Isi, son mi familia y han estado sufriendo mucho.
Me convertiste en vampiro a traición, en un ser oscuro.
Casi mato hoy a Javi —bajó el tono para que no pudieran escucharle en el interior de la mansión—, perdiendo el control.
Los necesito, Isi —él comenzó a mostrar sus ojos llorosos, también.
—Te convertí en vampiro porque no puedo vivir sin ti.
Estoy completamente enamorada de ti, y lo sabes.
Pero tampoco puedo vivir sin mi hermano.
Se lo debo todo en este mundo y créeme que nunca antepondré a nadie ante él.
Al igual que tú me has entendido por qué te he convertido, yo también puedo ser capaz de entender por qué has hecho esto.
Te perdono, Simón. Y el trato debe seguir en pie porque, te advierto que tal y como están las cosas es lo que más te conviene, de lo contrario Damián me liberará y juntos acabaremos con ellos, igual que sus antepasados hicieron con él y por lo que le hicieron a Ana.
Isabel se mostraba consistente con sus ideas, tenía claro que o los tres se iban juntos o se armaría el caos en su familia. Lo que nadie sabía es que ella tenía una última pieza clave que sería crítica en la decisión final.
—No acepto —las palabras a Isi le resonaron en la cabeza, en bucle—. No voy a separarme de mi familia, te di muchas oportunidades. Buscaremos la forma de que tu hermano no despierte y, si no la encontramos, te mantendremos cautiva hasta que él mismo se entregue.
—No lo estarás diciendo en serio.
—Isi, te quise como nunca quise a nadie en mi vida. Pero por tu culpa toda nuestra vida está destruida, me transformaste, mi padre está muerto y ahora estás amenazando a la poca familia que me queda. Si me quisieras de verdad, me dejarías libre y te irías tú sola con tu hermano.
—Te estás equivocando mucho, te quiero más de lo que crees. Llegado el momento cambiarás de opinión, te lo aseguro.
—Me has perdido, Isabel. —Lo miró a los ojos, no vio ningún sentimiento, solo oscuridad.
Simón se levantó e hizo una seña mirando a la cámara para que los chicos volviesen.
—No está dispuesta a cooperar, encerradla. —El comentario del chico sonó muy deshumanizado, Lucas lo asoció al dolor, a pesar de que notaba que algo no iba bien en él.
Se la llevaron a las celdas donde Javi había estado semanas antes.
Con los barrotes encantados y sin su poder, era imposible que escapase.
Tenían dos semanas para pensar qué hacer con ella y como evitar que Damián despertase.
Además, la confianza hacia Javi estaba en el aire y la lucha interior de Simón era cada vez mayor.
Dentro de tantas incógnitas la única afirmación clara es que se avecinaban tiempos muy oscuros y nadie estaba preparado.
La siguiente semana fue extraña para todos.
Los chicos la pasaron entre libros intentando buscar la manera de conseguir que la Bestia no despertase de su letargo.
De vez en cuando le llevaban comida a Isi, la cual no les había vuelto a hablar, permanecía en silencio y con miradas fulminantes cada vez que alguien se acercaba a la celda.
Nadie sabía qué había en su cabeza salvo ella, que no paraba de pensar en cómo salir de ahí, en qué hacer con Simón, en todo lo que estaba por venir.
Los días para el chico fueron extremadamente complicados.
No bajó en ningún momento a las mazmorras, no quería verla, le producía demasiado dolor e ira.
Respecto a su problema con la sangre y la oscuridad, no quiso hablarlo con nadie a pesar de que Lucas y Ros se acercaron a él en numerosas ocasiones a preguntarle si estaba bien.
Sus intenciones eran que les contara por qué estaba mal, ya que sabían de sobra que era así.
Decidió quedarse todo para él porque tenía miedo a que si decía algo le temiesen o le quisieran autoconvencer con excusas como que es buena persona cuando esto va mucho más allá de esto.
El peor momento de la semana fue el día que los hermanos se acercaron a la mansión.
Tim y Bela fueron a ver a Ros por tema de un trabajo de clase y Simón se escondió en una de las numerosas habitaciones, debido a que él, presuntamente, se había ido de la ciudad.
Fueron a la biblioteca de la casa con la chica y ambos se quedaron fascinados por la gran cantidad de libros que tenían.
Se fijaron en que muchos eran de contenido sobrenatural, algo que llamó la atención, principalmente, de Tim.
Bela se fijó un poco más en la decoración, el diseño, las texturas del lugar.
Su sueño era ser diseñadora de interiores.
Cuando ellos llegaron, Simón hacía ya unas horas que no probaba una gota de sangre y su sed aumentaba considerablemente.
Se dispuso a ir hacia la cocina donde guardaban bolsas que cogieron de la nevera de Isi.
En el camino pasó por cerca de la biblioteca y no pudo evitar olerles.
A pesar del perfume que llevaban, sus sentidos iban más allá, perforando la capa de químicos hasta llegar a su interior.
Ya había perdido el control una vez y no podía permitirse que eso volviera a pasar.
Dejó su mente en blanco y caminó hacia la cocina, pero su instinto vampírico podía más que su cabeza.
Frenó en seco y se pegó contra la pared, reteniendo sus impulsos.
Apareció Jenny que venía de llevarle una bolsa de sangre a Isi. Simón la olió.
—Simón, ¿estás bien? —La loba vio en él una mirada que le transmitió miedo, nunca había visto así a su amigo. El vampiro no habló, sólo la miró, estaba intentando luchar contra él mismo.
Javi estaba en la cocina y fue a comprobar que Jenny estuviese bien porque tardaba mucho en aparecer, al salir vio la escena de los chicos y lo entendió al instante.
—¡Simón! Ven a ayudarme a la cocina un segundo.
Salió corriendo a por una bolsa de sangre y Simón tras él. Javi le dio la bolsa antes de que se le abalanzara encima tal como ocurrió días atrás y este se la acabó en segundos.
—¿Estás bien?