16 #2
«Los ojos son el reflejo del alma, esto en los vampiros es el lema de vida».
Recordó esa frase en una de sus lecturas.
¿Y si Javi tenía razón y ya no era el mismo de siempre?
Simón volvió en sí y pidió perdón. No era propio de él, nunca había sido un chico conflictivo ni con un pronto agresivo.
—No te preocupes, es normal. Él es en parte culpable de todo lo que os pasó a ti y a tu padre, pero ahora es nuestra única esperanza —Lucas comprendía a Simón, cada minuto le apetecía arrancarle el pescuezo a Javi por todo lo que hizo, pero ahora lo necesitaban—.
Vale, un Ángel en París, ¿de qué nos sirve eso?
Isi podría despertar en minutos, no sabemos ni cómo contactar con él ni mucho menos cómo traerlo aquí antes de que despierte.
—Lo cierto… es que sí.
***
Unas semanas antes...
—Por tanto, ustedes me cuentan que la hermana de uno de los seres más peligrosos de todos los tiempos está logrando reunir todos los ingredientes para despertarlo —Pierre se mostraba confiado en cada palabra que decía en su sofá en aquella oficina toda blanca,
su acento francés era innegable y causaba algo de risa en Javi.
—Sí, así es. Sólo le falta matar al discípulo del Ángel Blanco, necesitamos conocer su nombre para poder salvarlo, señor —Ana resultaba muy convincente, estaba dispuesta a todo por Isi.
—Veo bondad en ti, niña. Soy poderoso, mas no tanto como para saber si me estáis mintiendo o no.
Aun así, es complicado encontrar a seres vampiros como tú, que desprenden luz.
Os diré el nombre del Ángel Blanco de la región de Nevadela porque, lo sepáis o no, el destino ya está escrito y no puede cambiarse.
—Gracias, se lo agradecemos muchísimo, de verdad —Ana le regaló una sonrisa a Javi.
—Aun así, intentad guiaros siempre por el camino de la luz, principalmente tú, chico.
Veo una batalla interior en ti muy poderosa.
Y ella es la llave hacia la luz, ¿cierto?
—Pierre sonreía mirando a ambos con cara de orgullo, sabía que Ana guiaría al lobo hacia el lado correcto—.
Soiller, su nombre es Malcolm Soiller. Perdió todo poder al encerrar a la Bestia, siempre estaremos en deuda con él.
—Soiller… ese es el apellido de Simón.
La sorpresa en el rostro de la pareja era más que evidente, no se lo esperaban para nada. Le agradecieron una vez más al Ángel la información y disponían a irse cuando les dijo una última cosa:
—La vida será difícil y dará muchas vueltas y, por muy poderoso que uno sea, no puede evitar que se acerquen tiempos oscuros.
Tomad siempre la decisión correcta y acertaréis.
Si necesitáis llamarme, que no dudo en que así será, poned el prefijo de Francia y el número de la bondad tantas veces como el propio número indica.
Mucha suerte en vuestro camino, jóvenes, sin duda, la necesitaréis.
Los chicos se metieron en el ascensor y fueron callados hasta abajo, pensativos. Ese hombre sabía mucho más de lo que les dijo o simplemente tenía el don de la palabra, Javi estaba a punto de descubrirlo. Ana nunca lo haría.
***
—¿El número de la bondad? ¿Cuál es ese? —preguntó Lucas tras escuchar la historia de Javi.
—Es el nueve, lo leí en alguno de los libros de la biblioteca. Debemos poner el prefijo de Francia y el número nueve. Este número se considera un símbolo de culminación, verdad y sabiduría —Ros aportó su conocimiento, como de costumbre.
Eso fue precisamente lo que hicieron, cogieron el teléfono de Lucas y pusieron el siguiente número +339, no dio resultado. Ese número no existía.
—Ros, ¿estás segura de que era el nueve? —preguntó Lucas.
—Al cien por cien, a lo mejor es que Javi lo entendió mal.
—Dijo el número de la bondad tantas veces como se indique, o algo así era —Javi repitió lo que había narrado minutos atrás.
—Tantas veces como se indique… nueve claro, has de poner nueve nueves —Ros entendió la referencia y probaron con ese número.
33999999999, se escuchó que daba señal. Lucas lo puso en manos libres y, al otro lado del móvil, contestó un hombre con una voz muy grave.
—Llamada de España, ya veo. ¿Quién es?
—Eh sí, hola, soy Javier Gron de Nevadela, me gustaría hablar con Pierre Dubois. Estuve en su despacho hace semanas —estaba muy nervioso y se le notaba en la voz.
—El mismo al habla, señor Gron. ¿Cómo está la señorita Del Laurel? —Javi no contestó, hubo un silencio incómodo en el cual Raina se distanció un poco del grupo—. Oh, lo lamento. Cuando os vi aquí supe que ella tendría un final fatídico, mas no lo imaginaba tan deprisa.
—Necesitamos su ayuda señor Dubois. La bruja de la que le hablamos consiguió realizar el hechizo que despertará a su hermano y logramos encarcelarla, pero no tenemos el poder suficiente.
Nos gustaría saber si quizás usted podría ayudarnos —evitó rápidamente el tema de su difunta amiga y fue al grano.
—Comprendo. Nos hemos enterado de que el señor Soiller y su hijo han fallecido, por lo que el despertar de ese hombre es inevitable, lamentablemente.
La comisión de Ángeles hemos decidido no intervenir en honor al luto de los chicos y prepararnos bien por si una batalla más grande se libera.
Pero ahora mismo ninguno de mis hombres se quiere ver involucrado en tal caso.
Antes de que Javi pudiera seguir hablando, Simón intervino cambiándolo todo:
—Eso no es así del todo. Mi nombre es Simón Soiller, hijo del Ángel Blanco que encerró a la Bestia.
—¡Por las alas del más luminoso! ¿Cómo es eso posible? Aquí en L’Olympe notamos cada fallecimiento de uno de los nuestros y tú falleciste unos minutos antes que tu padre el día once de noviembre, a la mañana —Pierre no daba crédito a lo que estaba escuchando.
—Fui transformado en vampiro por la misma mujer que ahora debemos detener —se escuchó una fuerte respiración al otro lado de la llamada y luego, Pierre susurró unas palabras.
—La oscuridad de la luz se acerca y será más temible que la propia maldad en sí… —los chicos apenas escuchaban lo que estaba diciendo.
—Señor, disculpe, no se le escucha.
—Señorito Soiller, deberá tomar sabias decisiones a partir del día de hoy, o sino, estaremos perdidos para siempre. El día que la Bestia despierte, sus poderes también lo harán. Y nadie en este universo está preparado para verlo.
—¿Qué quiere decir?
—No puedo hablar más, jóvenes, he de colgar el teléfono. Pero recuerden siempre que la luz es el camino correcto y la fuerza más poderosa de todas. Una vez se apaga, difícilmente hay vuelta atrás.
—Pero señor, ¿qué hacemos con Isabel? —Lucas se metió por primera vez en la conversación, desesperado por una última respuesta. Pierre se mantuvo unos segundos en silencio, pensativo.
—La magia de un Ángel es poderosa, desde luego. Pero sin la Fuerza de las Tres, nunca hubiera sido posible encerrar a Damián. Usted es muy poderoso, señorito Edevane.
—¿Cómo sabe usted quién…? —Antes de poder acabar la pregunta, el Ángel colgó dejando muy desconcertados a los chicos— ¿Qué quiso decir con eso?
—Que tú tienes el suficiente poder como para mantener a Isi presa, Lucas. —Jenny miró a su chico con ojos de admiración captando a la primera el mensaje del señor Dubois.
—No, no solo Lucas. Ya escuchasteis a Malcolm el día que vino aquí. Sois la nueva Fuerza de los Tres. Debéis hacerlo juntos —Raina animó a sus hijas a luchar al lado de Lucas.
—¿Pero cómo si nosotras no poseemos magia, mamá?
—Canalizando vuestra fuerza en Lucas —Kenia aportó sus conocimientos mágicos para ayudar a los chicos—.
Al ser seres del submundo, aun siendo no mágicas, y al tener la conexión sobrenatural que tenéis los tres, podéis canalizar vuestro poder en él para que haga un hechizo muy grande, como hicieron nuestros antepasados.
—¿Pero qué hechizo podría detenerla? —preguntó Lucas—. Os recuerdo que sigue siendo Isabel.
—Necesitamos algo potente, capaz de dejarla sin poder para poder tratar con ella o investigar como detener el despertar de Damián —aportó Jenny.
—¿Qué hay del collar? —Simón recordó el objeto con el que la habían logrado dormir—. ¿No hay manera de atrapar su magia en él o algo por el estilo? Isi me contó que Javi y Ana lo usaron el día del hechizo.
—Sí, pero es algo temporal, además de que ella es muy poderosa, no sé si en la piedra se podría llegar a contener tanta magia.
—¿Y si no solo lo canalizáramos en la piedra? Nosotros tres podríamos transmitir nuestro poder al collar, activarlo y sostenerlo con nuestra propia fuerza vital. Ponía algo así en el manual.
—Pero hijo poner vuestra fuerza vital en juego es muy peligroso y no sabemos si funcionaría. Es arriesgar demasiado.
—Yo estoy dispuesto, mamá. Tenemos que hacer algo o estaremos perdidos. Jenny, Ros, ¿vosotras aceptáis?
Las chicas asintieron sin pensárselo un solo segundo.
Las madres no dijeron nada más, decidieron callar y dejar que ellos tomaran sus propias decisiones, pero estaban preocupadas y muy nerviosas.
Los chicos se pusieron manos a la obra y fueron al garaje con la piedra en la mano.
Simón y Javi se quedaron dentro de la casa.
El vampiro estaba raro, había estado bastante ausente y Javi lo notó.
—Estás rayado. ¿Es por el tema este de la oscuridad, el vampirismo y estas cosas, no? —Simón se mantuvo en silencio—. Sabes que no es que me caigas precisamente bien y sé de sobra que yo a ti tampoco, pero también sé que eres buen chaval y no le harías daño ni a una mosca.
—Casi te mato, Javi. Y ya has escuchado lo que dijo el Ángel acerca de que la luz se convierta en oscuridad.
Simón no podía dejar de darle vueltas a lo mismo.
¿Y si él se convertía en mala persona? ¿Y si hacía daño a alguien?
¿Y si no podía mantener la sed de sangre?
Todas estas preguntas comenzaron a venir a su cabeza una tras otra muy rápidamente.
Comenzó a sudar, a agobiarse muchísimo. Estaba teniendo un ataque de pánico.
Tenía miedo de sí mismo. De lo que podía llegar a ser.