El submundo: La fuerza de los tres 16
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El Poder de la Unión

Isi cayó desplomada en el suelo. Simón volvió en sí y se acercó a ella.

Javi comenzó a levantarse del suelo después de la paliza que había recibido.

Tenía heridas por toda la espalda por los numerosos golpes que le había dado contra la escalera.

Estaba sangrando, mucho. Simón se fijó en la cantidad de sangre que desprendía el cuerpo del lobo y su sed hizo que comenzara a perder el control.

Javi notó como se estaba fijando ciegamente en su herida y entendió al instante lo que estaba sintiendo.

—¡Simón! Ni se te ocurra.

La sed era más fuerte que él y más después de haber tenido tantas emociones encima al atacar a Isi. Se acercó lentamente a Javi. Por dentro se sentía helado, como si sus venas estuvieran llenas de hielo y ver el charco provocaba que le hirviesen, como si fuera fuego.

El lobo comenzó a recular hacia la puerta de la cocina, temblando, pero decidido.

Sabía que solo tenía una opción de salvarse, no sabía si le daría tiempo y era su única opción.

Simón estaba ido, no era él mismo. Su vampirismo estaba sobrepasándolo, sus ojos se tornaron en oscuridad, sus respiraciones se volvieron cada vez más fuertes.

Llegaron a la cocina y este estaba a punto de perder el control del todo y abalanzarse sobre él, pero Javi logró coger una reserva de sangre que tenían guardada en la nevera y se la lanzó al vampiro, quien la bebió entera en menos de un minuto.

Tras eso se quedó manchado por toda la boca y se limpió con la mano.

Su mirada volvía a ser la de siempre y Javi comenzó a respirar tranquilo.

Se miró al reflejo de los azulejos de la cocina, se vio embadurnado de rojo, no se reconocía.

Ese chico que estaba viendo no es el mismo que creyó ser toda su vida. Volvió en sí y se dirigió a Javi.

—Lo siento, no sé qué me ha pasado. Nunca había perdido tanto el control —Simón se disculpó, se sentía realmente mal por lo que acababa de pasar.

—Ya, será porque en un mes que llevas siendo vampiro nunca habías visto a nadie sangrar. Vamos, tus amiguitos están fuera esperando. ¿Puedes salir al sol, no?

—Sí, Isi hizo sobre mí el hechizo que permite a los vampiros no quemarse bajo el sol cuando fuimos a incinerar a mi padre.

Así fuera, aquel día Isabel le hiciera comer a Simón un mejunje asqueroso preparado con ancas de rana, sangre vampira, sangre humana, lengua de lobo y pezuñas de león.

Representado: la rana, el agua; la sangre vampírica, la oscuridad; la sangre humana, la luz; el lobo, la noche; y el león, el día y el sol.

Casi vomita tras hacerlo, pero es una pócima que todo vampiro ingiere para poder salir de la oscuridad.

La ideó el padre de Isi y Damián, también, usando a sus hijos de conejillos de Indias.

Los chicos se dirigieron hacia la sala donde yace Damián en un sueño eterno.

Allí, Isi guardaba grilletes y esposas que aguantan cualquier tipo de fuerza sobrenatural, salvo la magia.

La encadenaron de manos y pies y fueron a llamar al resto del grupo.

Simón, antes de salir por la puerta, se detuvo un segundo, no sabía si estaba preparado para el reencuentro.

Lo deseaba con todas sus fuerzas, pero a la vez lo temía, temía que se enfadasen con él, que le vieran como un monstruo, que no confiaran en él.

No podía permitirse volver a perder el control y no sabía si podría conseguirlo.

Javi tenía razón, llevaba toda su vida vampírica encerrado, sin tener contacto con humanos, ¿y si ahora no podía aguantarse?

Todo había cambiado y eso le aterraba. Cerró los ojos y suspiró.

Posó la mano sobre el pomo de la puerta de entrada.

La abrió, lentamente, viendo las calles nevadas, después de días sin tomar aire fresco. Salió al exterior.

Miró a la izquierda y no vio a nadie, solo coches con una capa de hielo por encima.

Se sorprendió, apenas sentía el frío, «cosa de ser vampiro, supongo», pensó.

Torció la cabeza a la derecha, sabiendo que acababa de llegar el momento.

Y ahí estaban. Lucas, Rosalía, Jennyfer, Kenia, Raina, los cinco se encontraban inmóviles en la esquina de la calle mirándole fijamente con lágrimas de emoción en los ojos.

En ese instante se olvidó de la escena que acababa de vivir dentro de la casa y de todas sus preocupaciones acerca de su identidad.

Corrió rápidamente junto a ellos, no como un vampiro, sino como humano, y se puso a abrazarlos entre lágrimas, encabezando dicho abrazo Lucas y Ros.

—No me puedo creer que esto esté ocurriendo de verdad —Lucas estaba especialmente emocionado al poder verlo de nuevo.

—¿Cómo estás? ¿Estás herido o algo? —el instinto maternal de Kenia no pudo contenerlo más y necesitaba saber cómo estaba el que consideraba su segundo hijo.

—Estoy bien, de verdad. No me ha hecho daño.

Bueno, quitando que me haya matado, claro.

Pero por lo demás estoy genial —con su particular humor logró sacarle una sonrisa al grupo entero.

Jenny miró a la puerta de la casa, estaba Javi, alejado de todos, observándolos.

Lo vio herido y fue hacia él. Al llegar, le pasó su brazo por encima ayudándolo a caminar.

—Gracias, de verdad, gracias por ayudarnos. ¿Ella te ha hecho esto? —el lobo asintió, emocionado, ante la preocupación de Jenny. El resto del grupo se acercó. Lucas asintió al verle como forma de agradecimiento.

—Gírate un segundo —Kenia pasó su mano por la herida grande de Javi haciendo que se curase de inmediato. Este sintió un poco de escozor y ardor, como si le echase alcohol, mas gracias a ello el dolor cesó del todo.

—Muchas gracias. Tenemos que hacer algo con Isi antes de que el hechizo deje de tener efecto —todos afirmaron ante las palabras del lobo y entraron en la casa.

—Matarla no es una opción, ¿verdad? —Lucas fue sarcástico, o quizás no tanto.

—No, hijo. Necesitamos saber cómo detener el hechizo y solo ella tiene la respuesta.

Metedla en el coche. La llevamos a la mansión.

—Kenia dio órdenes y Simón la cogió en brazos vigilando que no hubiera nadie en la calle y la metió en la parte de atrás del coche de los Edevane.

Él se subió a su lado y Lucas y su madre delante, mientras que en el coche de las Culpenia iban ellas tres y Javi.

Durante el trayecto, Lucas le fue preguntando a Simón todo lo que había pasado este mes, el cual contestó sin dar mucha información.

Muchas preguntas llevaban monosílabos por respuesta y el joven brujo notó que estaba cambiado.

Acerca de su vampirismo le dijo que a veces era difícil controlar la sed, pero, que aun así, no lo había llevado mal.

De su relación con Isi le dijo lo básico, que le había tratado bien y que notaba que él le importaba.

De sus sentimientos no habló porque ni él mismo los tenía claros.

En cualquier otro momento Lucas le hubiera dado mucha importancia a la forma de responder de Simón, ahora mismo solo podía pensar en que estaba ahí con él, sano y salvo.

Por otra parte, en el coche de Raina, Jenny le fue preguntando a Javi acerca de Simón, el cual les contó su descontrol con la sangre y su fuerte unión a Isi.

Eso dejó a las chicas pensando, principalmente a Ros que era la que más preocupada estaba por el chico, y más después de que todos los libros que había leído sobre vampiros fueran sobre oscuridad.

Además de estar pensativa en Simón, también dudaba en si creer del todo a Javi o no.

Al fin y al cabo habían sido demasiadas cosas las que había hecho contra ellas en poco tiempo.

Todo eso sumado a que no veía de todo seguro el plan, aumentaron el estrés de la chica.

Llegaron a la mansión y encerraron a Isi en el garaje bajo un hechizo de protección realizado por madre e hijo, cada vez más potente debido a la fuerza que Lucas estaba adquiriendo al mejorar sus dotes mágicas y al estar tan reforzado tras el regreso de Simón.

Mientras, el resto se fue a organizar el plan a la mansión.

Se pusieron en la mesa del comedor, era larga, cogían aproximadamente doce personas.

Pusieron una Tablet en el centro, directamente conectada a una cámara instalada en la estancia donde se encuentra la bruja.

Ella estaba atada en el centro de pies y manos sentada en una silla aferrada al suelo.

Le estuvieron explicando a Simón que sería él quien tendría que ir a hablar con ella y convencerla de que les ayude. Simón lo vio muy crudo porque sabe lo importante que es su hermano para ella.

—No, eso es inviable, bajo ningún concepto renunciará a que Damián despierte. Es una locura, chicos.

—Yo ya lo dije. Es que se ha hecho todo sin pensar y ahora según despierte nos matará a todos uno por uno —Ros estaba indignada porque nadie la escuchó cuando dijo que esto no saldría bien.

El ambiente estaba muy tenso, los chicos estaban desesperados, no sabían qué hacer.

Los minutos pasaban y las ideas surgían, pero ninguna tenía ni pies ni cabeza.

No les valía de nada amenazarla con hacerle algo a Damián porque, al fin y al cabo, era inmortal, por lo que no podían hacerle daño.

Otra de las propuestas fue despojarla de magia, la cual ya se había valorado antes y no conocían un hechizo tan poderoso con tal fin.

Cuando ya parecía que todo estaba perdido, la persona que menos se esperaban aportó una idea que podría cambiarlo todo.

—Creo que hay alguien con el suficiente poder como para apresarla y que no pueda escapar con su magia, aunque no sé si querrá ayudarnos —Javi habló por primera vez en la mesa y todos estuvieron muy atentos a lo que podía decir, a pesar de que no se fiaran del todo de él,

Isi ya había intentado matarle, no le quedaba otra que ayudarles—.

Ana y yo fuimos a París días antes del hechizo para descubrir quién era el descendiente del Ángel Blanco.

Allí, hay una especie de congreso de Ángeles, no sé, algo raro, se llama L’Olympe des Anges, liderado por Pierre Dubois, un Ángel altamente poderoso al que engañamos para que nos diera tu nombre, Simón.

Simón no pudo contener la ira de escuchar esas palabras de la boca de Javi y se le abalanzó encima con la mirada oscura, como la que había tenido horas atrás en casa de Isabel.

El resto del grupo los separó antes de que pudiera hacerle daño.

Vieron los ojos del chico, se sorprendieron, sobre todo Ros, que por un segundo sintió miedo.