15 #3
De vez en cuando, su cabeza se iba a sus dos compañeros de piso, algo raro pasaba.
Nunca había confiado en Javi del todo, sí que es verdad que cuando lo vio tan cerca de Ana sintió una unión a tres más fuerte, pero sus sentimientos por Jenny siempre la hicieron desconfiar.
Estaba preocupada, no quería que todo se le desmontara a pocos días de recuperar a Damián e irse con él y con Simón del pueblo.
Podía volver a ser feliz y no permitiría que nadie le quitara eso.
Primero fue su padre convirtiéndoles en monstruos, luego la Fuerza de las Tres arrebatándole a su hermano, ahora le tocaba a ella ganar.
***
Javi entró en la casa. Escuchó la televisión. Estaban en el salón. Se dirigió hacia allí.
—Hola, chicos. ¿Cómo estáis?
Simón dejó el libro sobre la mesa, era de fantasía oscura, sobre demonios para ser exactos.
Aún no había asimilado que tenía ascendencia de Ángel y tenía miedo de que algún día desarrollara sus poderes y no pudiese controlarlos por su condición vampírica.
Nadie le había dicho que ese momento llegaría el último día del mes.
Isi lo quería mantener en secreto hasta llegado el momento.
Él sabía que su despertar sería el mismo día que el de Damián, pero no estaba seguro si al ser vampiro algo cambiaría.
—Hola, Javi. ¿Dónde has estado? —La bruja quería resolver ya si sus sospechas eran certeras o simples suposiciones.
—He ido a dar una vuelta por el bosque, necesitaba despejarme.
Aún no estoy recuperado de lo que le ocurrió a Ana —estaba nervioso, mucho.
Él siempre se las daba de valiente, pero ya había demostrado en numerosas ocasiones ser bastante miedoso, incluso cobarde.
Isabel se fijó en sus muñecas y vio algo que no pasó por alto.
—¿Qué te ha pasado en las muñecas? Están rojas como si tuvieras marcas de… esposas —Javi miró hacia abajo y la tranquilidad y el tono con el que estaba hablando Isabel le intranquilizó aún más.
—¿Esposas? No, será simplemente de agarrarme a los árboles o de rozarme quizás.
—Isi tardó menos de un segundo en ponerse frente a él con su velocidad sobrenatural, a apenas tres centímetros.
Javi tremió, su nerviosismo ya era más que evidente.
Isabel tocó sus muñecas observándolas fijamente.
Lo miró a la cara y le agarró el cuello estrujándolo.
—O me dices ahora mismo donde has estado, o acabo con tu vida con un solo movimiento de mano.
Simón se levantó y se acercó a ella. Ambos vieron que Javi llevaba su mano al bolsillo y sacaba a duras penas la piedra nácar de los Pirineos. Isi se dispuso a cogerla, pero Simón la agarró más rápido. Ella se quedó mirando para él, le sonrió, en su mirada vio miedo.
—Gracias, Simón. ¿Por qué no la guardas mientras yo interrogo a este canalla hasta que me diga que intentaba hacer con mi juguete? —apretó aún más la mano dejando al lobo casi sin respiración y con muy pocas fuerzas para soltarse.
Simón estaba paralizado, tenía la piedra en su mano.
La estaba mirando. No sabía qué hacer. Se debatía entre luz y oscuridad, entre amor romántico y amor familiar.
Entre su humanidad y su vampirismo. Era una batalla constante que llevaba en su interior desde que despertó como vampiro.
Luz u oscuridad. No era una simple decisión.
Iba mucho más allá de lo que él podía llegar a entender.
Eran fuerzas mucho más superiores. Oyó un grito y volvió en sí.
Isi había salido del salón y lanzado a Javi contra las escaleras.
Le estaba gritando, preguntándole si se había reunido con el grupo.
Él estaba muy débil, intentó contraatacarla, pero no tenía fuerzas, decidió hablar.
—¿Acaso te importa lo que haga? ¡Mátame! Hazlo si eso te hace más feliz. Mi vida no te importa igual que no te importó la de Ana —esas palabras para Isi fueron un puñal en el corazón, Ana, su fiel compañera de aventuras, su vida sí le importaba, muchísimo y aún no se perdonaba por haberla perdido.
—Tú no sabes quién soy, Javi —lo empujó de nuevo—.
No sabes nada de mí, ni de cómo me siento, ni de lo que me dolió la muerte de Ana.
¡No sabes nada! —lo agarró por los aires con magia y lo dejó caer—.
¿Acaso a ti te importó de verdad alguien?
Dejaste a Jenny tirada a la primera de cambio y luego en la batalla con Ana no tuviste la suficiente fuerza para protegerla.
Eres un mierda. Un cobarde. Y no dejaré que pongas en peligro mi felicidad—.
Isi levantó las manos, dispuesta a hacer un hechizo que acabaría con todo, pero algo la frenó.
—Isi —la voz de Simón resonó por todo el vestíbulo. La chica se giró. Lo vio en la puerta del salón, tenía la piedra en la mano. Se lo vio venir.
—¿Simón? —su voz era débil, rota.
—Lo siento, debo salvar a mi familia —estiró el brazo con la piedra en la mano y un rayo de luz salió directo al pecho de Isi, quien cayó al instante en el suelo, desmayada, sumida en un sueño mágico.
Los ojos de Simón mostraban dolor, se sentía un traidor, pero a la vez sentía satisfacción.
Aunque era extraño, satisfacción por salvar a sus amigos, satisfacción por usar un hechizo oscuro.
¿Luz u oscuridad? Es una pregunta que aún no tiene respuesta.
Pero tienen a Isi. En este momento y, por primera vez en meses, van ellos por delante.