El submundo: La fuerza de los tres 14 #2
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—Nosotros no, irás tú —Lucas dejó atrás su escepticismo y se dirigió a Javi—. Si tu historia es cierta, Isi aún confía en ti. Debes ir y traernos algo que confirme que Simón sigue vivo y haremos un plan para sacarlo de ahí.

—No sé si lograré que ella no me descubra. Es demasiado inteligente, ya lo habéis comprobado. Siempre está un paso por delante.

—Pues te la jugarás, me da igual, sino no haber venido hasta aquí a revolucionarlo todo.

¡Ah! Y por si se te ocurre huir. ¡Tracadh!

—Lucas le lanzó uno de los hechizos que había estado aprendiendo este tiempo—.

Llevas un hechizo de rastreo. Dura aproximadamente 24 horas, que es el tiempo que tienes para volver con información.

Si no lo haces, yo mismo iré a buscarte y quemaré esa casa contigo dentro si hace falta.

—Nunca había estado tan decidido, Kenia lo miró con orgullo y Jenny con amor.

—Está bien, pero estas semanas todo ha cambiado mucho y os recuerdo que los vampiros son la parte oscura del Submundo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Jenny.

—Que no prometo que Simón quiera ser salvado.

***

Tras su transformación, Simón dejó de sentir dolor y toda esa sed y ansiedad que estaban consumiéndolo.

Era como si hubiese renacido. Desde que sabía todo lo relacionado con los poderes sobrehumanos de sus amigos, siempre había querido ser como ellos y pertenecer al Submundo, pero a veces lo que deseas te pasa factura.

Tras su charla con Isi, se fue a descansar a una habitación, a la de Ana para ser exactos.

No quería estar en la de su exnovia y en la otra se habían encargado de poner a Javi entre los dos, quien aún seguía inconsciente.

Estuvo reflexionando durante horas sobre todo lo que había pasado.

Lloró, lloró mucho. Es un chico muy sentido al que no le gusta nada reprimir sus emociones y necesitaba soltar todo lo que le estaba pasando, al contrario que su amigo.

En las últimas horas había perdido a su novia, su padre había muerto y su propia vida se había acabado.

Pensó en Ros, sus sentimientos ya no eran los mismos que al inicio de curso, al fin y al cabo él seguía enamorado de Isi, pero ella siempre fue un lugar seguro para él. La quería mucho, era su mejor amiga.

También pensó en Lucas, teniendo en cuenta que Malcolm había fallecido, el chico se había convertido en la persona más importante de su vida, realmente quizás siempre lo fue.

Nunca más podría volver a verlos a ninguno de los dos.

Era lo correcto, se decía, y es que con ese pacto les pondría a salvo a pesar de todo el dolor que estaban sintiendo.

Isabel también se encerró en su cuarto. No pudo recoger el cuerpo de Ana, le dolía demasiado.

Se agarró a un cojín y, sin que nadie la viera, mostró su lado más frágil y vulnerable.

Estaba cansada, estaba dolida, estaba devastada.

Lloró como nunca lo había hecho, ni siquiera cuando su hermano fue hechizado.

125 años para recuperarlo, lo que no se imaginó nunca es que eso le costaría la vida de otras dos personas tan importantes para ella como su hermano.

Debía mostrarse fuerte a ojos del resto, odiosa, tenía que ser la villana perfecta, tenían que temerla aunque por dentro estuviese rota.

Sentía que todo era culpa suya, cuando asesinó a Federico y Carlos se sintió mal, pero no lo pensó, dejó a un lado su humanidad y se refugió en que era lo correcto por lo que sus familias le habían hecho a Damián.

Pero con Simón todo cambió, no solo hacía daño a los chicos, sino que a ella misma también, perdiendo a la única persona de la que se había enamorado.

Y Ana, cada vez que pensaba en ella sentía un vacío interior, un dolor inexplicable.

Es la única que no había matado con sus manos y por la que más culpable se sentía.

Era su fiel compañera de aventuras, no solo de asesinatos como todos veían, sino que compartían muchísimas anécdotas y vivencias juntas.

Isi le tiene especial cariño a aquel día en el que se fueron a recorrer la Toscana en busca de respuestas de como despertar a su hermano.

Fue por el año 1946, una de sus primeras aventuras juntas.

Las chicas, después de un día sin obtener más información de la poca que ya tenían, iban a irse a descansar a un hotel, pero Ana la convenció de salir de fiesta y olvidarse por un momento de todo.

Isabel nunca se había replanteado eso desde que perdió a su hermano, mas ese día decidió dejarse llevar y nunca se arrepentirá de ello.

Volvió a sentirse viva por primera vez en años.

Recorrieron el lugar italiano en apenas horas gracias a su velocidad vampírica.

Corriendo, gritando, saltando, alimentándose de sangre de italianos sin llegar a matarlos.

Se colaron en la Torre de Pisa sin que nadie lo supiera.

Saltaron desde lo alto de ella y es que, a veces, eso era lo bueno de ser vampiro, que te podías sentir aún más viva que estándolo de verdad.

Disfrutar de la adrenalina de acciones que ningún humano podría hacer sin morir en el acto.

Mientras caían simplemente disfrutaban, gritaban, sabiendo que una vez llegaran al final se levantarían sin problema ninguno.

Esa era la parte del viaje que ella recordaba, y la que nunca supo ni sabrá es que esa misma noche se convirtió en el amor de la vida de Ana. La chica se fue de este mundo sin habérselo confesado nunca a nadie en casi ochenta años.

Sonrió, Ana le dio una de las mejores épocas de su vida, la mejor, de hecho. Al fin y al cabo solo eran dos chicas perdidas y destruidas, ¿malvadas?, ese es un término muy complejo de adjudicar.

Al día siguiente, Isi cogió fuerzas para recoger su cuerpo e ir a enterrarlo al bosque.

Iba a preguntarle a Javi si quería acompañarla, pero decidió que lo mejor era darle su tiempo, sabía que lo tendría complicado con él después de todo lo ocurrido.

Le había cogido algo de cariño al chico, pero sabía que estaba roto y que era peligroso.

Llegó al bosque y cavó un agujero en la tierra con sus propias manos.

Depositó ahí el cuerpo de su amiga metido en un saco, ya que era muy peligroso ir a comprar un ataúd y le dolía mucho ver su cabeza separada del cuerpo.

La cubrió con tierra y lloró. Lloró muchísimo.

—Te quiero, Ana. Gracias por todo. Espero que descanses en paz como te mereces. Te llevaré siempre conmigo. —No fue capaz de decir nada más, estuvo un rato allí sentada en silencio y luego se fue para casa.

Vio a Simón, quien a pesar de estar enfadado con ella la abrazó muy fuerte, ninguno de los dos dijo nada, se quedaron en el sofá con un silencio lleno de un aura de dolor. Se necesitaban, pero era imposible para ellos estar juntos.

El resto del mes se puede calificar como raro, extraño.

Su relación tuvo altibajos, las primeras dos semanas hacían vida bastante separada.

Simón apenas salía del cuarto más que para comer e ir al baño.

Las conversaciones que tenían eran puramente domésticas, ambos necesitaban sanar por dentro antes de hablar sobre temas más profundos.

El día que Simón vio a Javi le contestó a la pregunta de si Jenny estaba viva y le miró con mala cara, no quería saber nada de él, le consideraba aún más traidor que a Isabel.

El resto de las semanas ya comenzó a haber más acercamiento entre los tres, ya comían juntos en la cocina aunque Javi se retiraba rápido.

Simón e Isi comenzaron a tener más acercamiento entre ellos, aún sentían algo, aunque él se negaba a dejarlo salir a flote.