El submundo: La fuerza de los tres 13
65%

13

Paz y culpabilidad

Había pasado un mes desde la masacre. Ya se comenzaba a notar el frío de diciembre, las calles nevadas, los días más cortos y una extraña tranquilidad en Nevadela que sorprendía a todos.

Isi ponía la mesa para comer, tres platos, tres vasos, tres pares de cubiertos.

Desde la llegada de Javi siempre habían sido tres en esa casa, pero desde aquella mañana todo había cambiado.

El sitio de Ana ya no lo ocupaba ella, sino un hombre con un aura de oscuridad inmensa, un ser del Submundo más.

Isi se encontraba cortando el pan y, sin querer, se rasgó el dedo, sangre, igual que la que tuvo en sus manos aquel día.

En ese momento millones de recuerdos le vinieron a la cabeza.

Rememoraba aquella situación cada día sin poder quitárselo de la cabeza.

Recordó el momento en el que tuvo que extirpar del pecho de su novio el corazón para conjurar el hechizo que despertaría a su hermano.

***

—Lo siento, Simón, de verdad. Te quiero, sé que no me escuchas porque estás inconsciente y que nunca te lo he dicho, pero te quiero, de verdad, y arreglaré esto, lo prometo.

Isi escuchó la puerta de fuera abrirse, ya estaban ahí, debía hacerlo ya.

Con los ojos cerrados y mucho dolor interior introdujo la mano en el pecho desnudo de su chico y le arrancó el corazón de la misma forma que hizo con Federico y Carlos.

En ese instante, el tiempo se paró para ambos, el mundo dejó de girar, pero solo Simón dejó de respirar.

Lo introdujo en un caldero en una mesa al lado del ataúd abierto de su hermano.

Respiró profundamente con los ojos llenos de lágrimas por lo que acababa de hacer.

No tenía tiempo para ponerse mal ahora, apartó el dolor y comenzó el hechizo.

—Leis a’ gheasag seo tha Feachd nan Trì air tuiteam. Fuil dhaoine, fuil dheisciobal, fuil neo-chiontach, pàighidh a bheatha. Bris geasag cadail shìorraidh anns a bheil am Beithir —Isabel estaba usando más poder del que se creía capaz.

Su pelo comenzó a ondear bajo grandes ráfagas de viento al igual que la blusa negra que llevaba puesta.

Del caldero comenzaron a salir oleadas de sangre controladas como si de hilos se tratasen y todas fueron dirigidas hacia el corazón de Damián.

Isi gritaba por el gran poder que estaba utilizando.

Una electricidad descontrolada viajaba por su interior concentrándose directamente en la magia que estaba liberando.

Finalmente, tras unos minutos de intensidad, el caldero se vació con toda la sangre en el interior de la Bestia. El hechizo culminó y la sangre comenzó a recorrer de nuevo el cuerpo de su hermano.

Cayó rendida en el suelo, estaba agotada, pero lo había conseguido, después de todo lo que había tenido que hacer, finalmente, logró completar el hechizo.

Estaba feliz, estaba sonriendo, inundada de lágrimas de emoción, hasta que lo escuchó.

Por un momento se había olvidado por completo de la batalla que se estaba librando al otro lado de la puerta.

Un grito desolador de Javi pronunciando el nombre de su gran amiga Ana la hizo volver al presente.

No le hizo falta salir, no le hizo falta preguntar, sabía que ella ya no estaba.

Chilló. Recordó el día que la salvó del incendio, el primer día que cazaron juntas, numerosas fiestas, chicos, chicas para Ana porque en el fondo Isi siempre supo que eso era lo que a ella realmente le gustaba, a pesar de no ser consciente de que la quería a ella.

Chilló de nuevo. Ahora ya no estaba, lloraba, estaba en el suelo derrotada.

No quiso en ningún momento vengarse. Ya hizo demasiado daño, en parte siente que se lo merece, pero Ana no, Ana no lo merecía. Volvió a chillar.

—Lo siento mucho, amiga. Siempre serás eterna en mi corazón —susurró, derramando una última lágrima antes de tratar de serenarse de nuevo.

Se levantó para dirigirse hacia Simón, estaba angustiada, tenía muchos pensamientos en la cabeza, quería abrazarlo a pesar de que él ya no estaba y se abrió la puerta.

Se giró y vio el rostro de dolor de Lucas al darse cuenta de que perdió a una de las personas más importantes de su vida. No sintió nada, ya no podía hacerlo. Detrás de él vio muerto a Malcolm Soiller, ella no sabía que eso ocurriría al completar el hechizo, pero no pudo concentrarse en eso.

Lucas permanecía en silencio, en shock, con la visión borrosa.

Tras él, las lobas aparecieron y Ros dio un grito de desolación al ver a Simón sin corazón, quiso ir a por él, pero su madre la agarró.

Isi y Lucas seguían inmóviles, mirando el uno para el otro, parecía que iban a ponerse a luchar hasta que solo quedara uno, pero ninguno de los dos atacó.

Jenny abrazó a su chico y se fueron de la casa, asumieron que habían perdido. No querían seguir luchando, ya no, sabían que no podían hacer nada. Salieron de la casa recogiendo a Kenia y se dirigieron a la mansión.

Aun así, Isi no se mostraba ganadora, tampoco reaccionó contra ellos.

No tenía fuerzas ni razones para matarlos.

Salió de la sala y vio a Ana, decapitada, comenzó a marearse, pero se mantuvo estable al escuchar una respiración agitada que provenía de la sala del hechizo.

Sonrió de emoción entre lágrimas de tristeza.

—Ha funcionado.

***

Este mes para los chicos fue muy complicado.

Habían tenido que ir al instituto como si nada pasara.

Les habían dicho a todos que Simón y su padre habían decidido irse de la ciudad y que Isi había vuelto a su antiguo pueblo.

Era lo fácil, sin buscar escusas con poca credibilidad, ya que no podían decir que su propia novia había matado a su mejor amigo y no habían podido ni enterrarlo.

Ros se aisló de todos en la biblioteca, se pasaba el día estudiando para evadirse de haber perdido a un hombre al que nunca le pudo confesar sus sentimientos.

Tim y Bela notaban que había ocurrido algo más de lo que decían, estaban todos demasiado cabizbajos para una simple mudanza, pero no quisieron meterse, el ambiente en Nevadela ya era demasiado raro como para complicarse aún más la vida.

Lucas se volcó completamente en Jenny, se pasaban todo el tiempo juntos, era su lugar seguro emocional tras pérdidas tan grandes. Llevaban todo este tiempo sin tener señales de Isabel y eso les preocupaba, pero a la vez lo necesitaban, no estaban listos para luchar, necesitaban paz.

Para Raina estaban siendo tiempos realmente complicados, nunca había matado a nadie y lo que le había hecho a Ana le estaba pasando factura.

Lograba salir adelante gracias a Kenia y a sus hijas, pero, aun así, ella no se perdonaba a sí misma.

Cómo iba a enseñarle a sus discípulas a controlar sus poderes de lobas si ni ella misma lograba mantener el control.

Ninguno de ellos había logrado pasar página y constantemente recordaban todo lo vivido aquel día.

***

Tras salir de la casa de Isi, fueron todo el tiempo callados camino a la mansión.

Era una escena muy similar a lo que habían vivido hacía apenas unos minutos, pero todo había cambiado.

Ya no eran seis, sino cinco, ya que el cuerpo de Malcolm se había quedado en casa de la bruja.

Llevaban la misma ropa, pero esta vez rasgada, llena de sangre de sus heridas y de las del resto y, sobre todo, por dentro ya no eran los mismos.

Principalmente Raina y Lucas. Una se sentía una asesina, el otro se sentía asesinado.

Al llegar a la casa de las Culpenia, continuaron con su silencio, Ros, Kenia y Raina se abrazaron en el salón, las lágrimas las hundieron, pero ninguna pronunció una sola palabra.

Algo parecido ocurrió en la habitación de Jenny entre ella y Lucas.

Se tumbó en su pecho y se puso a llorar, en cambio el chico no soltó una sola lágrima.

No podía sentir nada. Cerraron los ojos, a pesar de que ninguno descansó.

Las conversaciones llegaron días más tarde, una noche que Kenia encontró a su hijo a altas horas de la mañana entrenando hechizos en la cripta.

—Hijo, son las cinco de la mañana, tienes que descansar.

—No, Damián va a despertar si no lo ha hecho ya, debo aprender lo máximo posible para derrotarlo —Lucas estaba completamente negado a mostrar sus emociones.

—Lucas, no puedes estar constantemente sin mostrar lo que sientes por dentro, eso te hará muchísimo daño.

Tienes que permitirte llorar la muerte de Simón —le puso la mano en el hombro mientras el chico comenzaba a respirar más agitado—.

Estás mentalmente agotado y eso hará que tu magia no funcione correctamente y que te hagas daño a ti mismo.

Para sanar, primero hay que permitirse estar mal.

—No hay tiempo mamá, los hermanos no esperaran. Debo prepararme cuanto antes. Y estoy bien, no te preocupes —le dio la espalda dándole a entender que quería que se fuese, pero no se dio por vencida.

—¿De qué servirá que practiques todo el tiempo si llegado el momento el cansancio no te permitirá luchar? ¿Acaso crees que así harás justicia a la muerte de Simón?

—¿Justicia? No, mamá. La justicia no sirve de nada. Quiero venganza. Los quiero muertos.

—Tú no eres así, Lucas. Eso no hará que Simón vuelva. Nada lo hará ya. Tienes que permitirte vivir con ello —le agarró la mano. La cual estaba temblorosa por todo lo retenido y el cansancio acumulado.

Los ojos del chico comenzaron a derramar lágrimas hasta que se rompió del todo y le dio un abrazo a su madre devastador, tanto que ella también comenzó a llorar mientras intentaba mantener a su hijo.

—Le he fallado, mamá —su voz estaba completamente entrecortada—. He perdido a mi padre y después he perdido a mi hermano. Simón está muerto por mi culpa, yo le fallé, yo confié en Isi, yo tardé en romper el puñetero hechizo de protección.

— Cariño, sé que amabas a tu padre y querías a Simón como a uno más de la familia, pero no puedes culparte.

Estabas hechizado. Todos intentamos pararla y ninguno pudo.

Créeme que a mí también me duele como si perdiera a un hijo y aún cada noche lloro la pérdida de Federico, pero no podemos permitirnos morir con ellos, Lucas, ¡no!

Debemos vivir y luchar en su honor, hacer lo posible por lograr que su muerte no haya sido en vano.

Nunca dejaremos de intentarlo, hijo, pero también debemos llorarlos.