12 #3
—Jenny dijo eso entre sollozos de dolor mientras sus huesos se rompían y de ella surgió su forma loba que se abalanzó sobre Javi para salvar a Lucas.
Este la miró con amor, se levantó y siguió con el conjuro, tenía que salvar a Simón.
La loba estaba encima de Javi, pero tenía el control, no iba a matarlo, mas eso Ana no lo sabía, noqueó a Ros con un fuerte golpe en la cabeza dejándola inconsciente junto a la puerta y fue a por ella.
Mientras tanto, fuera de la casa, Kenia despertó:
—Raina, ve a ayudar a los chicos, yo estaré bien, te necesitan más que yo —poco a poco, lograba recuperar el aliento y Raina comenzó a respirar tranquila al ver que su amiga despertaba.
Se aseguró de dejarla cómoda y de que estuviera bien y se dispuso a entrar.
Estaba muy preocupada por sus hijas y necesitaba comprobar si estaban bien.
Al entrar por la puerta, observó el panorama.
Al mirar hacia la izquierda, vio a una de sus hijas en el suelo y le dio un vuelco al corazón, la dio por muerta.
Sus ojos empezaron a nublarse, iba a acerarse a ella para comprobar si tenía pulso, pero los gritos que había al otro lado del vestíbulo llamaron su atención.
Vio que Javi y Ana estaban pudiendo con Jenny.
El chico le estaba clavando las pezuñas para frenarla mientras Ana le apretaba su tronco para tratar de inmovilizarla.
Podía salvarla, había perdido a su pequeña Ros y no se permitiría perder a su pequeña Jenny.
En ese mismo instante dejó de pensar y solo sintió, sus huesos comenzaron a quebrarse, una gran loba surgió de ella, una loba llena de ira, sin control, muy dolorida, había perdido a su marido, creyó que su hija estaba muerta y que estaba a punto de perder a otra.
Se dirigió hacia ellos sin pensarlo, solo quería venganza, quería salvar a Jenny, no quería más dolor.
Iba directa a por Javi. No era ella, era el amor, el dolor, la ira, era la loba apoderándose de su cuerpo.
Ana la vio, Javi no, pensó en él y el tiempo se congeló por un instante.
Pensó en sus padres, en aquel incendio, en como ella iba a morir si no fuera por Isi.
Pensó en Isi, la mujer que siempre amaría.
Pensó en los últimos meses, de los más felices de su vida.
Pensó en los bonitos dos días en París con Javi.
Pensó en los Pirineos, sabiendo que nunca llegarían.
Y, finalmente, dejó de pensar y solo sintió y actuó, fue ella misma, ni por Isi ni por Javi, por ella.
Con su sobrenatural velocidad, se interpuso entre la loba y Javi, empujándole lo más lejos que pudo. Jenny, muy dañada, ya perdió su forma de loba y retornó en humana, desmayada. Raina no tenía el control, solo el instinto.
Ana miró a Javi, sonrió, era feliz, lo quería, y mucho. Nunca le tuvo miedo a la muerte, le gustaba sentirla, rozarla, a fin de cuentas ella no estaba viva. Lo curioso es que desde que murió en aquel incendio, sintió que su vida realmente comenzaba.
La mirada al chico fue muy corta, aunque ella la sintió eterna. A los pocos segundos ya no veía nada, la loba la atacó directamente a la cabeza, la mordió, la desgarró. Clavó sus afilados dientes en su cuello. Su cuerpo cayó, su cabeza salió rodando hasta cerca de Javi.
—¡ANAAAAAAAAA! —un grito desconsolado de dolor salió de su boca, el tiempo se paró para él esta vez, y no sabía si alguna vez volvería a ponerse en marcha. Se desmayó de forma instantánea, pero su cabeza continuó activa, esa imagen seguía intacta en su cerebro.
Ana no merecía morir, solo quería ser fiel a una mujer que nunca la amaría de la misma forma que ella la amaba.
Pero al final, el dolor de una madre o el dolor de una esposa es la magia más fuerte que existirá jamás y Ana fue testigo y víctima de ello.
Segundos antes de su final, una parte de su ser pensó que se lo merecía, pero no se arrepintió de nada.
Ella vivió su mejor vida y, al fin y al cabo, realmente no se sabe si existen malos y buenos.
En la historia popular, ella sabe que será la mala, pero en la de otras que cuenten su verdad, será la mayor heroína que Nevadela habrá tenido jamás.
Raina volvió en sí, puso su ropa medio destrozada por la transformación, tapó a Jenny comprobando que estaba bien y observó que Ros despertaba.
No se había parado a pensar en lo que acababa de hacer y mucho menos en las consecuencias que eso tendría.
Corrió a abrazar a la hija que daba por perdida, llorando de emoción por la alegría de su despertar.
Miraron a Ana, ¿qué había hecho? Sentían una mezcla de emoción por el reencuentro y un profundo dolor por lo que acababa de ocurrir. Se sentía un monstruo.
La mañana del once de noviembre aún no había acabado.
Lucas, finalmente, rompió el hechizo de protección sin haber perdido ni un segundo el foco y sin enterarse de todo lo que estaba ocurriendo en la sala.
Malcolm, a su lado, le agarraba del hombro dejándole canalizar parte de su energía para potenciar su magia.
Tenían mucho miedo, no sabían que se podían encontrar al otro lado. Lucas pensó en todo lo vivido con Simón, cerró los ojos, trago saliva y actuó.
La puerta se abrió, allí vio a Isi de pie, llorando y con las manos en el cuerpo de su amigo, manchadas de sangre.
Miró para la camilla que estaba a su lado y vio un agujero en el corazón de Simón.
El mundo se cayó encima para él en un único instante, se dio la vuelta y vio a Malcolm Soiller desvanecido en el suelo. No respiraba, estaba muerto.
Miró de nuevo a Isabel que sonrió sabiendo lo que su muerte significaba.
No se la notaba feliz del todo, ya que había escuchado el grito de Javi, sabía que Ana ya no estaba.
Sentía ira, dolor, rabia, pero lo había logrado y Lucas lo sabía.
Le había perdido, había perdido a su mejor amigo, a su hermano.
Simón estaba muerto, el hechizo había concluido. La Bestia despertaría. Habían perdido.