El submundo: La fuerza de los tres 12 #2
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Margarita Culpenia, Amanda Edevane, Katerina Drizkonea y…

—hizo una pausa para pensar si confesar toda la información o no, y decidió que la vida de su hijo era lo más importante—, y yo mismo derrotamos a la Bestia —por si lo que habían escuchado hasta ahora no era suficiente,

Malcolm Soiller les acababa de confesar que él mismo era el verdadero Ángel Blanco que derrotó al ser más poderoso de todos los tiempos—.

Los Ángeles somos inmortales, no se conoce arma que pueda destruirnos, por eso continúo aquí con vida 125 años después.

Aquella noche, la Fuerza de las Tres y yo realizamos un poderoso embrujo que tendría graves consecuencias para los cuatro, marcar a nuestro linaje de por vida.

Meses atrás estuvimos investigando sobre un hechizo creado por un poderoso brujo, el cual desconocemos, donde se afirma que las Tres Fuerzas del Submundo con la Oscuridad más pura, un Ángel Negro, podrían derrotar cualquier fuente de luz.

Entonces, nosotros decidimos darle la vuelta al maleficio y convertirlo en un encantamiento para apagar una fuente de oscuridad, la Bestia.

Así fue como con la sangre de la Fuerza de las Tres y con todo mi poder derrotamos a Damián.

Esa misma noche, al realizar el conjuro, fuerzas del más allá que desconocemos nos comunicaron la profecía de que dentro de 125 años una nueva generación sería la elegida para enfrentarse a su despertar, porque está escrito que este Fin de Año él resurgirá.

Eso no es todo, mi precio para tal hechizo era eliminar toda mi luz, sigo siendo un Ángel porque si no, no estaría aquí con vida, pero yo ya no tengo poderes.

Además, mi vida está vinculada a la de la Bestia, si el hechizo se realiza, yo moriré.

—Pero ¿por qué no parasteis a su hermana cuando tuvisteis ocasión? ¿Y qué fue de Katerina Drizkonea? Y, sobre todo, ¿si sabías todo esto por qué no nos lo dijiste antes? —Lucas estaba furioso y dolido ante toda la información que les había comunicado Malcolm.

—Isabel escapó, le perdimos la pista por eso no pudimos pararla y porque nunca nadie la había visto, por eso no la reconocí cuando llegó a la ciudad.

Estuve investigando y lo supe cuando Simón me dijo su apellido, Later, cuando el verdadero apellido de los hermanos es Retal.

Y respecto a Katerina, abandonó la ciudad en busca de Isabel pero nunca supimos nada más de ella, al haber nacido dos mellizas por parte de los Culpenia supuse que había muerto y que vosotras, Rosalía y Jennyfer, junto contigo, Lucas,

formáis la nueva Fuerza de los Tres y Simón es vuestro Ángel Blanco.

No pude decir nada antes, juramos callarlo y proteger mi identidad por siempre, pero ya es demasiado tarde.

Debemos ir a casa de Isabel, hay que pararla antes de que lo descubra todo y mate a Simón.

—Creemos que ya lo sabe, robó un libro donde pensamos que está recogida toda esa información —Ros lo dijo apenada.

—Le dije a Margarita que debería haber quemado ese libro… En ese caso debemos ir ya a casa de esa bruja para salvar a mi hijo.

—No sabemos dónde vive, Simón nunca nos lo dijo. —Lucas estaba muy preocupado a pesar de que intentaba mantenerse firme.

—Yo sí, lo sé. Llevo investigándola semanas. Vamos a salvar a Simón. —Ros cogió el liderazgo y todos comenzaron a seguirla.

Se dirigieron caminando a paso veloz, ya que no estaba muy lejos de la mansión Culpenia.

Era un bajo en una pequeña calle a las afueras, un lugar muy tranquilo y con poco movimiento.

Ros iba en cabeza, con su particular pelo rizado y sus gafas redondas negras, vestida con una chaqueta roja, una blusa negra y un pantalón ajustado negro, estaba muy segura de sí misma por primera vez, estaba dispuesta a todo en esa casa.

Tras ella, iban Lucas y Jenny, agarrados de la mano, nerviosos pero firmes.

Lucas, con una sudadera azul y unos pantalones vaqueros anchos que tanto lo caracterizaban, tenía claro que usaría el hechizo que hiciera falta en esa casa con tal de salvar al que consideraba su hermano.

Jennyfer, con el pelo recogido en cola de caballo, una camiseta fucsia de manga larga y un pantalón similar al de su hermana, pero de color vaquero, iba temerosa de lo que pudiera pasar, a la vez que lista para sacar sus zarpas.

Y, tras ellos, tres padres dispuestos a matar por sus hijos.

A la izquierda, Kenia, rubia con una gabardina beige cerrada y un pantalón largo de traje, mostraba seguridad y fuerza y, aunque se habla mucho de su hijo, ella también era muy poderosa.

A su lado, su fiel compañera de batalla, Raina, con el pelo que su hija Ros había heredado, pero con un tono un poco más claro, una chaqueta de cuero de color marrón y un pantalón del mismo material, un poco más oscuro.

Y, finalmente, a la derecha, Malcolm Soiller, con su traje negro y sabiendo que él ahí dentro haría lo que fuese por salvar a su pequeño.

Los seis llevan el mismo objetivo. Estaban seguros de que harán lo que fuese necesario ahí dentro, ninguno entraría en la casa en vano, eso lo tenían claro. Lo que ninguno de ellos sabía, es si saldrían con vida de esa casa.

Llegaron a la puerta, había llegado la hora, ocho seres del Submundo luchando dispuestos a todo, dos hombres dormidos bajo un hechizo con su futuro en manos del resto y una bruja dispuesta a hacer lo imposible por los hombres que amaba.

Nadie sabía qué pasaría, lo único seguro, es que no todos podían ganar.

—Hemos llegado, ¿estáis todos listos? —Todos asienten ante la pregunta de Ros que se aproximó a abrir la puerta y, al tocar el pomo, salió disparada por el aire.

—¡Ros! ¿Estás bien? —Su madre va corriendo hacia ella tras verla caer de espaldas en el suelo. La chica asiente y se levanta sin problema.

—Hay un hechizo de protección, Lucas, debemos romperlo.

—Pero, mamá, ya estás muy débil de haber roto el hechizo de obligación de Isi, si hacemos esto lo estarás aún más para la batalla ahí dentro… —estaba realmente preocupado por lo que le podría pasar a su madre.

—No te preocupes, cariño. Sabemos que es vuestra batalla, que yo esté débil o no, no importa.

Vosotros sois la Fuerza de los Tres, vamos allá.

—Lucas asintió casi entre lágrimas, soltó la mano de Jenny y se puso al lado de su madre.

Ambos estiraron las manos contra la puerta de la casa y comenzaron con el hechizo.

—Feachdan os-nàdarrach, bris an sgiath draoidheil seo, leig a-steach sinn.

Feachdan os-nàdarrach, bris an sgiath draoidheil seo, leig a-steach sinn.

Feachdan os-nàdarrach, bris an sgiath draoidheil seo, leig a-steach sinn.

—La intensidad con la que recitaban el hechizo era cada vez mayor debido al poder de la magia de Isi, cada vez lo decían más alto, se levantaba aire a su alrededor,

el resto los observaban y no podían parar de pensar en lo épico que era cada vez que madre e hijo se unían para usar todo el poder que tenían.

Finalmente, el hechizo se rompió y la puerta se abrió con gran intensidad como si un huracán la empujara.

Kenia tuvo un ligero mareo que consiguió ocultar, pero continuaba con fuerzas- Lucas estaba cansado, aunque no era excusa, continuaba con mucha energía para librar la batalla.

Se dispusieron a entrar, primero los brujos, luego las lobas y en último lugar, Malcolm.

Dentro no había nadie, vieron la gran escalera, a su izquierda, y un vestíbulo completamente vacío, creyeron que les estarían esperando, pero quizás se equivocaban.

—¿Y si no están aquí? —preguntó Jenny.

—Sí lo están, noto la magia de Isabel —respondió Lucas y Kenia afirmó.

—Tras esa puerta, ahí, algo poderoso está ocurriendo, nunca había percibido una magia tan potente —Kenia señaló una puerta grande al fondo. Se dispusieron a ir hacia ella pero una ráfaga de aire pasó por delante de ellos.

—¡Cuidado es la vampira! —Raina les advirtió porque ya le había hecho algo parecido a ella el día que mataron a Carlos.

—¡Cucú! —Ana apareció frente a ellos y Lucas le lanzó un hechizo, pero Kenia se fijó en el collar y se interpuso absorbiendo el conjuro de su hijo y siendo completamente debilitada por el collar, quedando inhabilitada de magia. Se desplomó en el suelo al son de una queja de dolor.

—¡Mamá! —Lucas corrió a abrazarla.

—Hijo, tranquilo, me pondré bien, solo es que estoy muy débil porque me ha quitado todo el poder con el collar. Debes romper el hechizo de protección de esa sala e ir tras Isi —dijo esas palabras con una voz muy floja y se desmayó.

—¡Raina! Sácala de aquí y ponla a salvo fuera. Jenny, Ros encargaos de ella. Malcolm, conmigo, vamos a por Simón. —El chico dio un beso en la frente de su madre por si algo malo ocurría e intentó pensar lo más frío posible, no tenían tiempo para vacilar.

Raina cogió a su amiga y la sacó de la casa hasta fuera. Lucas se dispuso a romper el hechizo de protección de la sala mientras Ros y Jenny sacaron colmillos y garras para ir a por Ana. Ros le saltó encima, pero Ana fue más rápida, la esquivó y la atacó por detrás estampándola contra el suelo.

—¡Deja en paz a mi hermana, zorra!

Jenny le clavó las uñas en su brazo dejando una marca de arañazo desde la tira de su camiseta negra de tirantes hasta cerca de su codo. Se dispuso a morderla cuando un chico rubio con camiseta blanca y pantalón negro se le abalanzó encima empujándola contra el suelo.

Jadeando, se levantó rápidamente y se sorprendió al descubrir la identidad de su atacante.

—¿Javi?, ¿qué haces? ¿De verdad vas a defender a dos asesinas?

—Ella no es una asesina. A mí me salvaron de una falsa vida y me ayudaron a descubrir quién soy. No dejaré que le hagas daño. —Ana sonrió ante las palabras de Javi, en poco tiempo se había convertido en su familia, junto con Isi que siempre lo había sido.

Lucas continuaba intentando romper el hechizo y Javi se le lanzó encima, interrumpiendo el acto mágico y arrastrándolo por los suelos.

—Bueno, Edevane, ya tienes todo lo que querías, pero esta vez no te vas a salir con la tuya. —Sacó sus garras y, de repente, mientras Ros y Ana continuaban luchando al fondo, escuchó gritos de dolor de Jenny.

—Tú, AAAAH, no le harás, AAAH, daño a mi novio!