El submundo: La fuerza de los tres 12
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Sentir

¿Debe matarlo? Era una difícil decisión. Nunca se había replanteado que hubiera algo que pudiera hacer que dudase en despertar a su hermano, y mucho menos alguien. Había tenido novios, pero nunca se había enamorado, no como lo estaba de Simón.

Desde el primer día que lo vio en clase, sintió una profunda conexión con él. Estas últimas semanas incluso había llegado a pensar que algún día se lo podría explicar todo y él lo comprendería y serían felices. Eso no podría pasar.

En el momento que Ana y Javi le comunicaron la noticia de que el último ingrediente era el chico que amaba, Isabel se derrumbó. No pegó ojo en toda la noche decidiendo qué hacer. Llevaba 125 años investigando y esperando este momento, tenía la oportunidad de despertar a su hermano en sus manos.

La noche que ocurrió todo, Damián la advirtió de que irían a por él, de que tenían un arma oculta que ni él mismo podría parar, le pidió que huyera.

Ella continuaba viva gracias a él, se lo debía.

Además, si no fuera por su hermano se habría criado sola.

Ambos nacieron en una casa humilde de campo.

Primero lo hizo Damián y luego Isabel, pero con madres distintas.

La madre de la Bestia, una licántropa de una de las manadas más antiguas de Nevadela, fue asesinada por unos cazadores una noche de luna llena.

Tiempo más tarde, su padre se enamoró de una humana y tuvieron a la pequeña Isi. Cuando la mujer se enteró de la condición de lobo de su hijastro, abandonó a la familia dejando a los pequeños con un padre autoritario que les hacía la vida imposible.

La pequeña siempre se resguardó en su hermano y él siempre la protegió, por eso era tan importante para él.

Debían hacerse ellos su propia comida, robar para obtenerla mientras su padre con la magia se zampaba manjares cada día.

Su educación fue bastante nula, de hecho la mayoría de las cosas las aprendieron una vez salieron de casa a explorar el mundo.

Y para terminar, fueron los conejillos de Indias de varios de sus hechizos.

Uno no nace siendo malvado, lo hacen así. Isi nunca quiso ser malvada, solo quería el amor de su hermano y, ahora, quiere el de otro hombre también. Ya sabe que hacer, ya sabe la respuesta, y sí, debe matar a Simón.

—Tú… Siempre has sido tú. —Los ojos de Simón mostraban sufrimiento, ira, dolor, se sentía más traicionado que nunca.

—Simón, yo… puedo explicártelo. —Isi intentó agarrar la mano del que hasta ese momento era su novio, pero este la rechazó y comenzó a apartarse.

—Me has estado utilizando para acercarte a mis amigos. ¡Me has utilizado para matar a sus padres, Isabel! —Simón nunca había sentido tal nivel de rabia encima.

—No, de verdad, todo lo que he sentido por ti es real, Simón. Pero necesito despertar a mi hermano, tienes que entenderme —estaba comenzando a llorar, sus palabras eran reales, pero ya era tarde para que Simón la creyera.

—¿Cómo pretendes que te crea? Has usado tus poderes de obligación contra mí, Isi.

Llevas meses usándome como un peón en un tablero de juego —comenzó a tambalearse mientras caminaba poco a poco hacia atrás, muy agitado y tembloroso—.

Yo… yo… tengo que irme —se giró lo más rápido que pudo, mas a los dos pasos se desmayó y cayó en el suelo bajo un hechizo de Isi, la cual le agarró y sujetó su cabeza, entre lágrimas, diciéndole:

—Lo siento, mi amor, de verdad, pero debo hacer esto —se serenó, contuvo sus lágrimas y su rostro se volvió serio.

Abrió la puerta de su casa y llamó a Javi y a Ana para que le ayudaran a meter al chico en la casa. Ana, al ver las lágrimas en su cara, le preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer y su amiga asintió sin dar ninguna explicación, lo tenía claro.

Javi cogió al chico y, llevándolo colgado al hombro, lo puso en la misma camilla donde él se convirtió en lobo, esta vez tenían el ataúd donde descansaba Damián al lado.

Sintió escalofríos, no sabía si estaba preparado para esta situación y ver a ese hombre ahí le imponía, a pesar de estar inconsciente.

Una sala enorme, dos hombres sumidos en un sueño y un hechizo a punto de comenzar.

—Debéis prepararos, vendrán a por nosotros.

Saben que soy la hermana de Damián, habrá una batalla y será complicada, son muchos.

Javi, necesitamos que te conviertas. Estáis solos, yo debo realizar el hechizo antes de que me frenen —lo decía todo con mucha prisa mientras andaba de un lado para otro preparándolo todo.

—¿Pero cómo se supone que podremos con los cinco? Dos de ellos son brujos —el lobo tenía miedo de lo que pudiese pasar, la ansiedad se apoderaba de él.

—Con el collar, ahora está vacío por lo que necesita absorber magia para recargarlo.

Podéis dejarles temporalmente sin poder y además yo realizaré ahora un hechizo de protección para que les cueste más entrar y me dé tiempo a mí de luchar con vosotros.

—Cada silencio dentro de la conversación era un símbolo de fragilidad que solo esas paredes podían conocer, a ojos de sus enemigos, su seguridad debía ser incuestionable.

—Es una locura —exclamó Ana acercándose a ella y agarrándola a la mano con decisión y tenacidad—, pero siempre lucharé a tu lado. —Sus palabras emocionaron a Isi y ambas se abrazaron muy fuerte, emocionadas.

Ver la unión de las chicas y su decisión de afrontar la situación, hicieron que Javi se cobrara de valor y sacó garras y colmillos, con una mirada penetrante hacia sus compañeras, ya amigas.

—Es la hora de despellejar a un Edevane de una vez por todas, —los tres rieron, hacían un buen equipo, pero ninguno de ellos tenía claro que acabarían el día juntos.

Isabel realizó el hechizo de protección hacia toda la casa y se despidió de sus amigos. Se encerró en la sala con su novio y su hermano e hizo otro hechizo de protección sobre ella, haría lo que fuera para que su plan funcionase. Se dirigió hacia ellos, cerró los ojos, respiró y comenzó su plan.

Fuera, en el vestíbulo, Ana y Javi se dieron la mano mirando hacia la puerta entre tantos nervios y en medio de una situación tan emotiva.

—Fue bonito mientras duró, Lobito.

—Si salimos de esta, te llevo a esquiar a los putos Pirineos con el collarcito. —Ana adoraba esquiar, sonrieron. Oyeron ruido, estaban fuera, la batalla estaba a punto de comenzar.

***

—Tenemos que matar a esa hija de puta —Lucas sentenció con una frase lo que había visto al romper el hechizo que Isi había lanzado sobre él.

—¿Qué ocurre? ¿Qué has visto? —Jenny se acercó a su chico.

—En uno de los recreos del principio del curso, usó sus poderes para convencerme de que confiara en ella y eliminara toda sospecha que tuvierais vosotras, por eso en ningún momento pude pensar que fuese ella. —La mirada de todas cambió al instante, ahora todo cuadraba.

—Lo sabía, os lo he dicho. Ha actuado muy raro desde el principio y eran demasiadas casualidades juntas —nadie se atrevió a interrumpir a Ros—.

¡Joder! Hemos estado compartiendo con ella toda la información y nos ha estado utilizando para acabar con nosotros.

Principalmente a Simón, debemos avisarlo, —estaba muy enfadada, se sentía utilizada y con rabia porque nadie la escuchó en todo este tiempo y tuvo razón desde el principio.

—Es cierto, Ros. Tenías razón, te debo una disculpa por no haber creído en tus palabras. Lo siento, de corazón. —Su hermana la abrazó como intento de arreglar el hecho de no haber confiado en ella.

—Debemos avisar a Simón antes de que sea tarde. —Lucas se disponía a agarrar su móvil y, de pronto, sonó el timbre—. ¿No será ella?

—Vamos con cuidado, a lo mejor es una trampa. —Raina cogió la delantera y los cinco se acercaron lentamente a la puerta, todos juntos y atentos por si algo raro sucedía.

Al llegar, vieron a un hombre alto y grande, bastante mayor. Llevaba un traje negro puesto, parecía un hombre muy formal. —¡Malcolm! ¿Qué estás haciendo aquí? Simón no está. —A Raina le sorprendió encontrar tras la puerta de su casa al padre del joven.

—Lo sé, pero necesito vuestra ayuda. Mi hijo está en peligro. ¿Puedo pasar?

Todos se quedaron anonadados ante las declaraciones del señor Soiller y se dirigieron a la cocina donde acababan de estar, que, como todas las estancias en esa casa, era enorme.

Llena de encimeras, una nevera de tamaño considerable y una mesa para unas ocho personas en el medio.

Además, tenía una cocina de leña. Se sentaron en la mesa para escuchar atentamente lo que aquel hombre les tenía que decir.

—Isabel quiere matar a mi hijo, lo descubrí hace poco e intenté advertirlo, pero no me hizo caso —se notaba dolor en su voz.

—¿A Simón? Pero ¿por qué? Él es un simple humano. —Ros estaba confusa.

—¿Y usted como sabe todo esto? —añadió Jenny.

—Eso no es del todo cierto. Si bien tienes razón en que es humano, no siempre será así.

Simón es descendiente del Ángel Blanco que sumió a la Bestia en el sueño eterno.

—Todos se quedaron boquiabiertos tras las palabras de aquel hombre, ninguno de ellos se había llegado a replantear en ningún momento que Simón pudiese pertenecer al Submundo y menos siendo alguien tan importante en el hechizo para despertar al ser más temido de todos los tiempos.

—¿Un Ángel? No entiendo nada. —Lucas no daba crédito a lo que estaba escuchando.

—Así es, el Ángel Blanco, portador de la luz —ahora todos entendieron la referencia del padre de Raina sobre la luz.

—Eso no querrá decir que él… no es posible —Kenia no podía decirlo sin derramar lágrimas, el chico era como un hijo más para ella, pero todos habían llegado a la misma conclusión.

—Es el último ingrediente del hechizo, ¿cierto? Simón debe morir para que Damián despierte —Lucas acabó la frase de su madre con mucho dolor pero con una firmeza que tanto lo caracteriza.

—Me temo que así es.

Estuvieron un rato todos en silencio reflexionando sobre lo que estaba ocurriendo, nadie se atrevía a decir nada, muchos de ellos estaban conteniendo las lágrimas, otros no podían resistirlo. Jenny decidió romper el silencio:

—Si él es discípulo de un Ángel, entonces, tú también lo eres. ¿No tienes poderes o algo así para salvarlo?

—Está bien, os contaré todo lo que realmente ocurrió aquella noche.