El submundo: La fuerza de los tres 11 #2
56%

11 #2

El hechizo de protección de la mansión, ¿y si ya estaba roto?

Lo tenía, ya no dudaba ni un segundo más, no eran celos, era la verdad y nadie le haría creer lo contrario.

Así que lo soltó, sacando a su hermana de su mundo idílico y haciendo que Raina perdiese por un momento la concentración al volante por la seguridad de sus palabras.

—La hermana de Damián es Isabel.

***

Lucas y Kenia, en el coche, fueron nostálgicos recordando momentos con Federico cuando el chico aún era un niño. Aquel día en el parque en el cual Lucas estaba columpiándose con Simón al lado, siempre inseparables.

Su padre comenzó a empujarlo muy fuerte y él quería más y más, era un niño valiente.

Llegó un punto en el que estaba yendo demasiado alto y Federico paró de columpiarle para que fuese disminuyendo la velocidad y, entonces, Lucas se dispuso a saltar del columpio.

Kenia vio la situación y lanzó un hechizo silencioso que hizo que el columpio frenase de golpe y así el niño al saltar no se hiciera daño.

Se llevó la culpa Federico del frenazo, pero esta noche su madre le confesó que había sido ella.

Quizás no era tan valiente como su marido.

—Nunca pienses eso, mamá. Eres la mujer más valiente que he conocido en mi vida, —sonrieron, la emoción los embriagó.

***

Simón acompañó a Isi a su casa y le dio un beso de despedida en la puerta. Luego, este se fue caminando hasta la suya. Al llegar, estaba su padre en el salón.

—Hola, papá. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías trabajando.

—Malcolm Soiller era un hombre alto como su hijo, con apariencia bastante mayor, más que los padres de sus amigos.

Definido, con barba y muy serio. No compartía la alegría ni la vitalidad de su hijo.

Trabajaba en una tienda de vender electrodomésticos, no tenían una situación económica especialmente favorable.

Tampoco su relación era la idílica de padre e hijo ni mucho menos, chocaban mucho y no compartían gran tiempo juntos. Lo tuvo que criar él solo, su esposa murió al poco tiempo de nacer Simón, ni siquiera recuerda la cara de su madre, ya que era un simple bebé cuando falleció.

—Me he cogido el día libre. Tenía que mirar unas cosas desde casa. ¿Dónde has estado?

—En la mansión de Ros y Jenny, con Lucas e Isi también, como siempre, ¿por qué lo preguntas?

—Creo que pasas mucho tiempo con esa gente, Simón; y esa tal Isi no me gusta, le veo algo raro —el chico se había quedado completamente en shock ante las declaraciones de su padre.

—¿Pero de qué estás hablando, papá? Son mis amigos desde que tengo memoria e Isi es mi novia a la cual solo has visto dos veces y fueron porque ella se iba de casa y tu llegabas del trabajo.

—Yo sé lo que me digo, Simón, creo que deberías ir más despacio con esa chica. Además, estás bajando notas y te veo muy distraído, ¿ha ocurrido algo que deba saber?

—No, todo está bien. —Simón se fue confuso y enfadado a su habitación. No consideraba que su padre tuviera ningún tipo de derecho de recriminarle nada cuando él nunca estaba en casa. Antes de entrar, su padre le dijo una última cosa que le hizo pensar el resto de la noche.

—Siempre que te pase algo, por muy minúsculo que sea, dímelo, hijo, por favor —notaba cierto miedo en la voz de su padre, nunca le había escuchado así, estaba rarísimo—. ¡Ah! Y una cosa más. ¿Sabes cuál es el apellido de tu novia por casualidad?

—¿Por qué quieres saberlo, papá?

—Por mi trabajo, para poder saber un poco más sobre ella, nada importante. Temas económicos de las familias del pueblo —el chico se ofuscó mucho y levantó su tono de voz.

—¡Me estás diciendo que quieres investigar a mi novia! ¿Pero qué demonios te pasa hoy? —debido al temperamento de su padre, pensó que le respondería y gritaría enfadado, pero su contestación le sorprendió mucho.

—Hijo, por favor, no investigaré nada, pero necesito saberlo por si pasa cualquier cosa —se tranquilizó un poco y le contestó.

—Later, se apellida Later. No es un apellido de esta zona, no lo conocerás.

***

Isi entró en casa y estaban Ana y Javi esperándola con el libro en sus manos.

Los tres sonrieron y se dieron un abrazo satisfactorio porque todo había salido a la perfección.

Durante el tiempo que la bruja había estado en la mansión de las lobas, Ana y Javi llegaron al piso y este se tomó una ducha y se puso ropa nueva que tenía ahí guardada.

Durante su encarcelamiento, le permitían cambiarse cada día y le daban un caldero con agua y jabón para que se asease, pero no podían correr el riesgo de dejarle ducharse y huyera o le hiciese daño a alguien.

El resto del tiempo estuvieron hablando y la vampira le puso al día con todos los viajes que había hecho este último mes.

Destacó su visita a Nueva York a hablar con Tagatoki Mushiin, un poderoso brujo japonés que residía en la ciudad, el cual les dio el collar que acababa de usar contra Lucas y el resto.

Javier le confesó que la echara de menos y Ana, a regañadientes, le contestó con una sonrisa.

Ella también le había extrañado mucho, más de lo que le gustaría admitir.

Los tres se pusieron en la mesa del salón a leer el libro.

El sofá era de color granate y la mesa era pequeña y negra.

Las paredes blancas y unos muebles de madera se encontraban alrededor de un televisor de mediano tamaño en la pared.

Estuvieron un buen rato buscando. Era un libro con más de mil páginas acerca de seres poco conocidos del Submundo.

Llegaron al capítulo tres mientras pasaban las páginas echándole un ojo por encima a cada una de ellas: «Una batalla de la luz contra la oscuridad: los Ángeles». Bingo, la luz, buscaban un Ángel.

—¿Un Ángel, en serio? ¿Acaso eso existe? —Javi sentía que habían estado perdiendo el tiempo y que esa respuesta no servía para nada.

—Debemos leerlo todo, no te desesperes antes de tiempo. Si buscamos algo relacionado con la luz, sin duda un Ángel podría ser la respuesta —Ana zanjó la conversación y los tres se pasaron varios días estudiando sobre estas criaturas mitológicas.

Se leyeron el capítulo entero del libro, varias veces, en el que se explicaba la importancia de los Ángeles en la diferencia del bien y el mal, la luz y la oscuridad.

Existen muy pocos y están directamente relacionados con el equilibrio del Submundo.

Se menciona un templo sagrado ubicado en París, donde se podrían obtener respuestas.

Ana y Javi cogieron un vuelo lo más pronto posible a la Ciudad de la Luz en busca de respuestas, mientras que Isi continuaba intentando aparentar normalidad en el instituto, a pesar de que notaba a todo el grupo más raro con ella.

En su visita a Francia, los chicos se instalaron en el hotel en el que pasarían la noche y contemplaron el mapa en busca del lugar sagrado del que habían leído días atrás.

—Bueno, pues según esto estamos a seis kilómetros del lugar. ¿Pido un taxi?

—¿Un taxi? Lobito, no te he liberado de una celda para que te metas en otro lugar encerrado. Estira tus patitas y a correr. —Ana estaba vistiendo una chaqueta de cuero similar a las de Isi, pero de color granate.

—¿Nunca te cansarás de llamarme Lobito? —sonrió.

—No, la verdad. Venga, ponte en marcha que cuanto antes tengamos la respuesta, menos tiempo tendré que pasar aquí contigo.

—Oye, eso me ha ofendido. —La siguió fuera del hotel.

—Mejor. Así te motivo para que me ganes en una carrera y ver quién llega antes. —Tras esas palabras Ana salió disparada como un cohete y Javi fue tras ella.

Corrieron varios kilómetros por las afueras, donde nadie los podía ver y quien lo hiciera no se percataría debido a la velocidad que llevaban. La carrera la ganó Ana, sin lugar a duda, de hecho Javi quedó algo fatigado, pero lo importante para ambos es que habían llegado.

Encontraron el templo a las afueras, en lo que por fuera parecía un simple edificio con oficinas, aunque por dentro estaban a punto de descubrir que no sería así.

—¿Esto es el templo? Me esperaba… no sé, algo más llamativo.

—Es una asociación de Ángeles de incógnito que pretende aparentar discreción, no va a parecer de repente un castillo. —Ana era una mujer muy inteligente y eso Javi lo notaba, le daba rabia, pero le gustaba.

Al llegar a la puerta, grande, de color negro; Ana dijo unas palabras que había leído que eran la contraseña clave para acceder al templo.

—Je vienes chercher la lumière —traducido del francés como «Yo vengo a buscar la luz».

La puerta se abrió sola y, al entrar, una mujer alta y rubia vestida con un traje negro les dirigió sin decir una sola palabra al ascensor.

La sala de abajo era un vestíbulo común de un hotel.

En el ascensor, la mujer puso el dedo en un detector de huellas y subieron hasta la última planta, una que ni siquiera estaba recogida en los botones del ascensor, la número 13.

Al llegar, entraron en una sala completamente blanca, era gigante.

Todos los muebles eran blancos, había un sofá, una televisión blanca que no habían visto nunca, utensilios de cocina como alacenas y nevera, y una mesa con sillas a ambos lados donde se encontraba un hombre bastante mayor con un traje, también blanco.

La mujer se acercó a él a susurrarle algo al oído, supusieron que a decirle en qué idioma hablarles porque la única pregunta que les hizo en todo el trayecto fue de dónde venían y el señor les habló directamente en español. Los miró y dijo:

—Una vampira y un hombre lobo. ¡Qué sorpresa! ¿Qué os trae por aquí? —Ni siquiera los había mirado, Javi mostró miedo tras las palabras tan directas de ese señor misterioso y sorprendido de lo bien que manejaba el idioma, mientras que Ana se mantuvo firme como siempre.

—Somos Ana María Del Laurel y Javier Gron, venimos de Nevadela, Galicia, en busca de información sobre los Ángeles.

—¿Y para qué queréis exactamente dicha información si se puede saber? —les invitó a sentarse frente a él y los chicos accedieron.

—Nevadela corre un grave peligro. Una malvada hechicera está planeando despertar a la Bestia que años atrás un Ángel selló bajo el sueño eterno. Debemos conocer el nombre de dicho hombre para advertirlo o sino esto será un caos.