10 #2
—Oye, chicos, ¿y si estamos buscando dónde no es?
Quiero decir, sabéis que a mí me encanta leer sobre este tipo de cosas y realmente en la ficción existen muchos más seres sobrenaturales que los que componen la Fuerza de las Tres.
—Simón trataba de utilizar sus conocimientos para exponer una teoría que no se le había ocurrido a ninguno de ellos, ni siquiera a su novia.
—Pero Simón, Damián fue encarcelado con la Fuerza de las Tres, lo normal sería que el tercer ingrediente tuviera que ver con la vampira que lo encerró —Jenny compartió lo que todos pensaban.
—Pero es que Damián no era un ser sobrenatural cualquiera, era la Bestia, no un simple vampiro, un lobo o un brujo, ¿realmente estamos seguros de que un hechizo de una bruja normal pudo derrotarlo?
—Las palabras del chico ofendieron un poco a Kenia—.
Con todo el respeto a los Edevane, por supuesto —se sonrojó un poco al notar las miradas de la mujer.
—Quizás él tenga razón. Realmente nunca hemos sabido nada de esa otra vampira, parece que desapareció de la existencia porque nuestros antepasados siempre nos contaron que no se tenía ni idea de ella, la daban por muerta.
Además, es cierto que mi padre siempre rumoreaba de una cuarta persona, que mi abuelo le había contado que era un secreto que jamás saldría a la luz porque así lo habían pactado.
—Raina soltó la bomba que ni Isi conocía, por primera vez su cara de incredulidad fue tan real como la del resto. ¿Una cuarta persona? Imposible.
—¿Cómo es que nunca nos habías dicho esto, mamá? —Ros estaba confusa.
—Porque no me acordaba de estas palabras de mi padre hasta que Simón mencionó que podía existir otro tipo de ser sobrenatural —se levantó y se dirigió directa a la estantería de libros del fondo de la sala—.
Sirenas, Demonios, Ángeles y otros seres —murmuró—.
Este libro… mi padre me había dicho que aquí algún día podría encontrar la luz. Nunca supe a que se refería, hasta hoy.
—Mamá, Simón, sois unos genios. —Jenny corrió hacia su madre para coger el libro.
En ese momento, Isabel lo recordó, un mago poderoso antaño le dijo una profecía: «Las tres fuerzas del Submundo has de necesitar si a la Bestia quieres despertar. Sangre de vampiro, pelo de lobo, magia de bruja, los corazones de sus amados debes extirpar. Para la oscuridad avivar,
la luz has de apagar».
Siempre pensó que era metafórico en el sentido de que la luz era una representación de la Fuerza de las Tres, pero se acaba de dar cuenta de que no era así, debía tener ese libro en sus manos.
***
Ana estaba en casa, en la cocina, tomándose una bolsa de sangre de las que tiene guardadas en la nevera para coger fuerzas.
En ese momento, el collar que llevaba encima con una piedra blanca y oscura comenzó a brillar y relucir. Era la señal de su amiga, era el momento, tenía la respuesta. Se puso su capa de encapuchada y se dirigió a toda velocidad a la mansión de las lobas.
***
Los chicos habían comenzado a leer la parte de las sirenas buscando algún indicio de que esa fuera la respuesta.
—¿Una sirena? No lo creo, yo creo que tiene que ser un Ángel, un Demonio, un Espíritu o algo así. —Simón continuó aportando sus conocimientos sobre seres sobrenaturales. Sonó el timbre.
—Ya voy yo —dijo Raina.
Se aproximó a la puerta sin saber quién se encontraba del otro lado. Todos estaban demasiado ensimismados en descubrir el último ingrediente que nadie se paró a pensar que podía haber una amenaza en el exterior de la casa. Raina fue decidida hacia la salida, se plantó ante la puerta y la abrió.
Al abrirla observó que no había nadie. Miro a los lados y nada. Al dar un paso adelante se percató de que había un papel en el suelo, era una nota, un mensaje: «Si no quieres que incendie la casa en este mismo momento con todos vosotros dentro, libera a Javi».
—Mamá, ¿todo bien? —Jenny, quien al no escuchar ninguna conversación y ver que su madre tardaba, se dirigió hacia ella.
Estaba petrificada en la entrada de la casa con un papel en la mano—.
Mamá, ¿qué ocurre? ¿Todo bien? —Raina no contestaba y la chica llegó a su altura y le cogió el papel de las manos.
Al leer la nota ambas se miraron —¡Todos fuera!
¡Está aquí! —Jenny gritó lo máximo que pudo.
En el salón, los chicos escucharon el grito de Jenny y reaccionaron al instante. Sin decir nada, Lucas agarró a su madre y se fueron corriendo a la salida, seguidos de Ros, Isi y Simón, quien llevaba el libro en las manos.
Mientras tanto, en el otro lado de la casa, Ana se adentraba por una ventana tal y como había acordado con Isabel.
No se conocía las habitaciones, pero ella le había explicado exactamente qué tenía que hacer.
Observó a su derecha la trampilla de la que tanto le había hablado. La abrió y bajó a por Javi.
—¿Qué ocurre? —Kenia les preguntó a las chicas por qué tenían que salir de la casa al llegar al porche de entrada. Todos se pusieron a leer la nota que había dejado Ana.
—Esa zorra… tiene que estar dentro, esta vez no escapa —sin darles tiempo a reaccionar, Lucas entró corriendo hacia la mazmorra. Jenny y Kenia gritaron el nombre del chico al unísono y comenzaron a perseguirlo.
—¡Debemos huir! Tú y yo no tenemos poderes, Simón. Debemos salir de aquí —exclamó Isi mostrando una vulnerabilidad puramente teatral.
—Isabel tiene razón, huid y poned el libro a salvo —Raina los animó a irse.
A Simón le costó tomar la decisión, pero finalmente ambos huyeron con el libro en sus manos. Ros miró a su madre con indecisión y fue clara:
—¿Estás segura de que podemos confiar en ella?
—Ahora mismo lo único que me importa es manteneros con vida, Rosalía.
Ros asintió, se pensó si ir con ellos para asegurar que Simón y el libro estuvieran bien, pero no quiso dejar a su madre y su hermana ante el peligro y decidió quedarse.
Una vez se habían alejado lo suficiente de la vista de las lobas, Isa, que iba unos centímetros por delante de Simón, utilizó el mismo hechizo para dormir que el día de la primera luna llena de las chicas e hizo que el chico cayera rendido en ese mismo momento
—Lo siento, amor. Pero es la hora de que mi hermano despierte. —Con su gran poder, Isi pasó su mano por encima del libro y lo envió directamente a su habitación. El libro se evanesció de sus manos y se quedó posado en la colcha roja de la vampira.
Se tumbó y se hizo la dormida con Simón para cuando fueran a buscarlos o cuando él despertase.
Ana vio las llaves de la celda al fondo de la escalera, tal y como le había indicado la bruja, y se apresuró hacia la celda de Javi.
—¿Me echabas de menos, Lobito? —Javi levantó la cabeza y vio allí a esa mujer que le cambió la vida y echó una sonrisa acompañada de lágrimas de emoción, estaba a punto de ser libre.
Ana abrió la celda antes de que él pudiera responder y ambos se dieron un abrazo sin pensarlo.
—No es momento de ñoñerías, hay que salir de aquí. —Ana cortó el abrazo volviendo a su personalidad de siempre y antes de que se pudiesen dirigir hacia las escaleras, Lucas apareció.
—¡Brùth! —empujó a ambos por los aires que se dieron contra la pared del fondo. Ana se levantó velozmente y lo atacó, pero Kenia lanzó un hechizo contra ella, mientras bajaba las escaleras, que la dejó presa contra las celdas. Lucas se levantó del suelo tras el empuje de Ana.
—¿Eres tú? ¿Tú mataste a mi marido? —Kenia con su brazo estirado apuntando hacia la vampira cada vez con más fuerza le preguntó con un grito desgarrador.
Ana sonrió y con su mano pulsó la piedra de su collar que emitió una luz que derribó a Lucas, Kenia y Jenny, que se estaba asomando a la altura de la trampilla. Isi la había hechizado para salvarla en caso de peligro. Los tres se desmayaron por un instante.
—¿Cómo has hecho…?
—Te lo explico por el camino. ¿Ganas de estirar la colita, Lobito?
—La vampira y el lobo lograron escapar a velocidad sobrenatural por la ventana sin que Ros y Raina se enterasen de nada.
Ana corriendo a más velocidad de la que un humano es capaz de imaginar y Javi a cuatro patas brincando, disfrutando de su libertad.
Lo había conseguido una vez más, tenía el libro con la respuesta del último ingrediente, tenía un equipo fuerte más unido que nunca y tenía la confianza del grupo enemigo.
Lo que no podía esperarse era que la respuesta que le daría ese libro le haría replantearse si llevar a cabo el plan o dejar a su hermano sumido en un sueño eterno.