9 #2
—¿De abajo? No creo, será de fuera, ahí abajo no hay más que humedad.
Simón se dirigió al baño e Isi le dijo que iría tras él.
Era la oportunidad perfecta para que su novio perdiese la confianza en sus amigos o, lo que es aún mejor, que el grupo del Submundo les tuviera que dar explicaciones y, por tanto, descubrir todo lo que sabían de ella.
Pensó en abrir ella misma la trampilla, pero sabía que Ros la tenía en el punto de mira y sería demasiado sospechoso.
Debía ser Simón quien tomase la iniciativa y ella sabía perfectamente como conseguirlo.
Cuando el chico salió del baño lo miró fijamente a los ojos y, tras asegurarse que no había nadie cerca, utilizó el mismo hechizo de obligación que días antes había usado con Lucas.
—Estás convencido de haber escuchado un ruido bajo esa trampilla, por lo que la abrirás porque cada vez confías menos en tus amigos. Creerás que todo es iniciativa tuya y olvidarás que yo te he dado esta orden.
Isa besó a Simón en ese instante para no levantar sospechas y, tras el beso, el chico le sugirió mirar en el sótano porque creía haber escuchado un ruido.
—¿Estás seguro de que quieres bajar ahí abajo? No sé, a mí me da algo de cague la verdad —se mostraba temerosa.
—Ey, tranquila. Es solo que quiero saber si realmente ocultan algo. Estoy seguro de que he escuchado un ruido que venía de ahí. Dame la mano, no te pasará nada.
La pareja levantó la puerta y echaron una mirada hacia el interior.
Isabel fingía estar insegura, intentando aparentar que eso no era buena idea, y su novio la tranquilizaba apretándole la mano que le tenía cogida.
Comenzaron a bajar las escaleras, Isi sabía que al final estaría una pieza clave que la acercaría aún más a la victoria.
Simón estaba hechizado, con una seguridad falsa y una incertidumbre extrema.
Se encontraba a menos de diez escalones de que su vida cambiase, nunca más volvería a ser aquel niño inocente que adoraba jugar a videojuegos, desde ese momento él sería parte de esas historias surrealistas que le apasionaba leer.
En el momento que pusiera un pie abajo, nunca más podría respirar tranquilo.
Llegaron abajo y vieron una luz en las celdas del fondo.
Hacía frío ahí y la oscuridad aterraba a Simón.
Isabel mostró un falso temblor y apretó aún más la mano de su chico para sentirse segura.
Poco a poco, se fueron aproximando a la luz y vieron la silueta de un chico alto sentado en una cama peor que las de una prisión convencional.
Cuando Simón reparó en quién era se quedó paralizado, tenía miedo, no entendía nada, no sabía quiénes eran sus amigos.
—¿Ja-Javi? ¿Qué haces aquí? —su voz temblaba.
—¡Simón! ¡Isi! Por favor sacadme de aquí, esta gente está mal de la cabeza, me han secuestrado, por favor, ayudadme. —Javi, al ver que Simón estaba tan desnortado, comprendió que debía mentir y no revelar la identidad de su aliada. Se mostró histérico para ganarse más al chico.
—¿Secuestrado? No entiendo nada. Simón, tengo miedo. —Isa se abrazó fuerte a su novio.
Simón tampoco entendía nada, no podía parar de pensar en Ros, en Lucas, en Jenny. ¿Quiénes eran realmente? ¿Por qué tenían ahí al chico?
—¿Por qué te han secuestrado, Javi?
—No lo sé, me acusan de participar en la muerte de su padre, pero yo no he hecho nada, de verdad. Simón tienes que sacarme de aquí.
—Pero si Carlos murió de un infarto, ¿no? —Las sospechas de que le mintieron acerca de la muerte de Federico y del padre de las mellizas cada vez tenían más peso.
Los tres se quedaron callados. Caretas, confusión, falsas identidades, más confusión. Ninguno de ellos sabía que decir ni qué hacer.
***
—Mucho están tardando en volver, ¿no? —En el salón, Ros se había percatado de la demora de los chicos.
—Fijo que se están liando en el baño. —Lucas intentó animar un poco a las chicas y consiguió alguna sonrisa, pero Ros le mostró su total desaprobación.
Simón e Isi aparecieron en ese mismo instante por la puerta, a pesar de las mentiras que había recibido de todos ellos, Simón continuaba siéndole fiel a sus amigos, principalmente a Lucas.
—Lucas, ¿podemos hablar un segundo en privado? —estaba nervioso, muy inquieto, todos lo notaron. Isi le susurraba algo y él asentía, como si le preguntara si estaba seguro de lo que estaba haciendo.
—Sí, claro. —Lucas, confuso, se levantó del sofá y abandonó la habitación con la pareja, se dirigieron al pasillo y Simón no se anduvo con rodeos. Su nerviosismo se convirtió en enfado.
—¿Me puedes explicar qué cojones hace Javier Gron encerrado en el sótano?
—La mirada de Lucas cambió completamente, se puso muy nervioso.
—Y no, ni se te ocurra decirme que no lo sabías porque te conozco desde que tengo memoria y me sé esa mirada.
Lucas, lleváis mintiéndome todos, semanas.
Ya no sé de quién puedo fiarme y de quién no —Lucas nunca había visto así de enfadado y dolido a Simón, no sabía qué hacer.
—Simón, de verdad, por tu bien olvida esto, si te lo cuento te pondré en peligro. —Quería proteger a su amigo de las consecuencias de conocer los secretos del Submundo.
—¿Cómo quieres que olvide que tenéis a un chico secuestrado, Lucas? ¿Me tomas por imbécil o algo? —le estaba gritando, en el salón podía escucharse que estaban alzando la voz, pero no lo que decían.
—Creo que debería llamar a la policía —Isi se introdujo en la conversación para presionar al brujo, quien se vio contra las cuerdas y supo que la única manera de proteger a todos los miembros de la casa era contar la verdad.
—Soy un brujo, Simón. Y todos estamos en peligro —Simón estaba incrédulo, su parte racional creía que le estaba vacilando, pero él conocía a su amigo y veía sinceridad en su mirada.
—¿De verdad crees que esté es el momento de vacilarnos? —Isabel se adelantó a la respuesta de su chico.
—Ojalá estar mintiéndoos, pero no es el caso.
Mi padre, Carlos, ambos son víctimas de una poderosa hechicera que quiere despertar a su hermano, el ser sobrenatural más poderoso que se conoce.
Puedo demostrarlo, pero necesito que os tranquilicéis los dos, esto no será fácil de asumir —cualquiera saldría corriendo, tomando a Lucas por lunático, Simón no.
Sabía que era cierto, no sabía cómo, pero le creía. Asintió.
Lucas los llevó a la cocina donde, con un poder telequinético, elevó la mesa y luego, con uno de los hechizos básicos que su madre le había enseñado, encendió la chimenea con una bola de fuego.
Isi estaba muy feliz, ya que tras esta revelación estaría aún más cerca de ellos, aunque por fuera se mostraba aterrada y anonadada.
Simón, por su parte, continuaba muy nervioso y confuso, era difícil de digerir y a la vez le entusiasmaba.
Era la vida que él como consumidor y escritor de ciencia ficción siempre le habría gustado vivir.
El mago les contó todo, lo de la leyenda, la licantropía de las mellizas, los papeles de sus padres en el conjuro de despertar a la Bestia y sus sospechas hacia Tim y Bela. Respecto a Javi, ambos entendieron la razón por la que estaba encarcelado.
—No somos asesinos, ni locos, ni queremos hacer daño a nadie, solo queremos protegernos —estaba conmovido.
—Pero ¿cómo vais a explicar su desaparición? ¿Y si sus padres llaman a la policía?
—Hoy en el entierro, mi madre ha lanzado sobre ellos un hechizo de aturdimiento para que no noten la falta de Javi y siempre que lo piensen lo justificasen falsamente —hubo un silencio—.
Sé que es muy complicado, para ti que nos acabas de conocer y para ti que eres mi hermano de toda la vida.
Pero para nosotros también lo fue y aún lo es.
Solo queríamos ponerte a salvo. de verdad —empezó a romperse por lo saturado que estaba por la situación y por el miedo de perder la confianza de su amigo.
—Lucas, siempre voy a estar contigo. Somos un equipo y, por mucho riesgo que conlleve, ahora también estamos en esto y os apoyaremos —Isabel asintió con una sonrisa nerviosa y los dos chicos se abrazaron fuertemente.
Luego los llevó al salón y les comunicó la noticia a todas de que ahora Simón e Isa eran dos más del equipo.
Kenia y Raina se alegraron, aunque con cautela tras las pérdidas de sus maridos, cuanta menos gente supiera la verdad, mejor.
Jenny lo vio como un aumento de aliados a la hora de destruir a la asesina de su padre y corrió a abrazarles.
Y a Ros no le alegró especialmente ni mucho menos, seguía sin confiar en Isi y no quería poner en peligro a Simón.
Les dio un abrazo, pero manteniendo distancia y sin celebrarlo.
Ahora que se sabía la verdad, tenía alguna que otra conversación pendiente con él.
El chico estaba asustado y, a la vez, sentía que ahora comenzaba la partida más grande de su vida.
Lo que no se podían imaginar es que en este tablero uno de ellos llevaba mucha ventaja de camino a la meta y es que a Isi todo le había salido a la perfección.
Era el plan perfecto para obtener más información y por fin conseguir lo que llevaba más de un siglo esperando.
Siete personas, seis en peligro, una traidora.
La partida comenzaba a ponerse interesante y la mejor jugadora estaba a punto de realizar su siguiente movimiento.