El submundo: La fuerza de los tres 9
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Nueva Pieza en el Tablero

En menos de un mes, dos entierros y tres adolescentes huérfanos de padre.

La muerte de Federico fue un duro golpe para todos, pero la de Carlos parecía un juego psicológico hecho a medida.

Casi catorce años creyendo que su padre no las quería para recuperarlo, volver a tener la ilusión de crear una familia y una semana después arrebatarlo.

Para Isi todo eran piezas de un puzle perfecto, sin brechas, y las chicas le entregaron a su propio padre sin ellas mismas saberlo.

Eran las 20:00, hora del entierro. Carlos llevaba ya más de 24 horas muerto, descansaba en un ataúd en el altar de la iglesia.

Familiares y amigos sentados en bancos frente a él.

Raina, Jenny y Ros en primera fila, acompañadas por Kenia, a petición de Raina; y por Lucas, de quien Jenny no se despegó en las últimas horas, salvo para matar a Javi.

***

—Está muerto, Lucas, esa zorra ha jugado con nosotros, nos ha sacado del tablero y nosotros sin darnos cuenta. —Jenny descansaba en el hombro del chico horas después del asesinato de su progenitor en el mismo salón donde instantes antes había estado él, con vida.

—La culpa es mía. —Ros, Raina y Kenia ocupaban otro de los sofás, eran rojos como la sangre que Raina había tenido en sus manos, y se sentía culpable de que se hubiera derramado—.

Yo le dejé solo por perseguir a esa maldita encapuchada.

Nos la colaron, era todo un plan para dejarle solo y vulnerable.

—No, mamá, la culpa es nuestra, no le debimos traer de Madrid. A lo mejor allí ella nunca le hubiera encontrado. Se lo entregamos en bandeja. —Ros intentaba sostener las lágrimas, pero era en vano.

—¡No! Os equivocáis las dos. Yo sé de quien es la culpa. Disculpadme, tengo que ir al baño.

Jenny salió lanzada dirección al aseo, pero torció hacia la derecha y bajó por las escaleras que llevaban a las celdas. Los chicos se quedaron pensativos ante el arrebato de la loba de salir tan repentinamente de la sala y al ver que se desviaba, alguien cayó en la cuenta de a dónde iba realmente

—Javi… ¡No ha ido al baño! Va a matar a Javi. —Lucas salió corriendo tras ella y Ros hizo el amago de levantarse cuando su madre le dio a entender que se tenía que encargar él solo de eso.

—Él es el único que puede calmarla ahora mismo. Espero que no haga nada de lo que se pueda arrepentir.

Al llegar a su celda, Jenny se dirigió hacia él agarrando con fuerza las rejas de la jaula a prueba de hombres lobo y comenzó a gritarle.

—¡Está muerto por tu culpa! ¡Tú jugaste conmigo!

¿Por qué, Javi? ¿Por qué me has hecho esto?

—los atributos de Jenny de loba comenzaban a brotar.

Javi se sentía muy dolido, pero debía aceptar que había participado en ese asesinato y autoconvencerse de que era lo correcto.

Se encontraba sentado en la parte de la celda donde estaban la cama y el retrete, junto con una mesa y una silla.

Estaba posado en el colchón, pensativo. Cuando entró la chica una oleada de culpa le invadió.

—Era necesario, Jenny, lo siento mucho, era la única forma de poder hacer el hechizo. Ella me dio este don y me hizo encontrarme a mí mismo, —Lucas estaba llegando— es lo mínimo que puedo hacer por ella, necesita a su hermano.

—¿Encontrarte a ti mismo? ¿A un puto asesino?

¡Eres un hijo de puta! —Jenny cogió la llave de la celda dispuesta a matarlo y Lucas la hizo desaparecer con el mismo hechizo que transportaron a Javi ahí, solo que al ser un objeto pequeño no le consumió tanta energía.

La chica se quedó mirando a su mano sin entender nada hasta que escuchó los pasos de Lucas y le vio acercándose hacia ella.

—¡Lucas! ¿Qué haces? Déjame matarlo. Por su culpa mi padre está muerto.

—Sé de sobra el dolor que sientes, pero también sé que si le matas no habrá vuelta atrás, Jenny.

Además de que lo necesitamos para encontrarla a ella.

No quieres matarlo, solo es la ira que te está controlando —todo ese enfado se convirtió en dolor de nuevo y se abrazó al chico, como siempre que estaba mal.

Javi pudo volver a respirar tranquilo a pesar de la culpa que sentía, la cual le disminuyó al verlos abrazándose y que los celos se apoderaran de él una vez más. Tras el abrazo, Lucas se la llevó de nuevo para arriba sin decir nada más ninguno de los tres.

***

Simón e Isa estaban colocados en filas más atrás. Ella podía sentir el dolor de la familia Culpenia, era el mismo que había sentido ella cuando le arrebataron a su hermano. Era lo justo, pensó, debían pagar lo que sus antepasados les habían hecho a ella y a Damián.

Simón, por otro lado, no podía parar de darle vueltas a la cabeza respecto a que el caso de Carlos era realmente extraño.

¿Otro infarto? Los chicos llevaban muy raros todo el curso, él cada vez tenía más claro que le ocultaban algo y estaba dispuesto a descubrir el qué.

Principalmente su gran amigo Lucas, le había estado mintiendo todo este tiempo en sus narices y lo sabía de sobra, era hora de plantarle cara.

El funeral se les hizo eterno, luego acompañaron el cadáver de Carlos hasta el cementerio.

Llovía, el día ya había oscurecido, todos de negro, una clara premonición del comienzo de situaciones inquietantes, de tiempos oscuros.

Tres mujeres abrazadas con mucho dolor, una madre y un hijo tratando de levantarlas del precipicio, un adolescente buscando respuestas y una hermana con un único objetivo.

Con Carlos bajo tierra, los chicos se disponían a ir todos juntos a la mansión de las Culpenia.

Pero antes de subir en el coche, Jenny le pidió a Lucas tener una conversación con él, había algo que llevaba varios días pensando y necesitaba decirle.

No sabía si este era el momento oportuno, pero tenía los sentimientos a flor de piel y fue cuando le salió hacerlo.

—Lucas, quería decirte… yo… gracias. Gracias de verdad por estar ahí en los peores momentos. Y por no dejarme sola nunca. —Sus manos agarraron las del joven brujo y él le mostró una sonrisa cariñosa.

—Siempre lo haré, Jenny.

—Ese es el problema. Primero tu padre, luego el mío, no sabemos cuánto va a durar ese siempre, Lucas. Y yo no quiero esperar a morir para empezar a vivir —estaba muy nerviosa, y a la vez decidida y lanzada a lo que quería hacer.

—¿A qué te refieres, Jenny? —Lucas estaba confuso, no entendía bien qué quería decir la loba con eso.

—A que te escuché el otro día —no sabía a qué se refería—, no estaba aún inconsciente cuando me dijiste que me querías —se produjo un pequeño silencio y la chica notó como las mejillas de su amigo se comenzaban a enrojecer— y en el fondo es algo que llevo sabiendo mucho tiempo.

Pero quería negármelo porque yo...

—Jenny, tranquila, sé que no sientes lo… —Lucas intentó salvar la situación y ella le interrumpió.

—Yo también te quiero —al darse cuenta del significado de sus palabras se quedó congelado por un instante—, y creo que siempre lo he hecho por mucho que me lo quisiera negar.

Lucas sonrió como nunca lo había hecho, tenía lágrimas de emoción en sus ojos.

Y fue en ese preciso momento, en la salida del cementerio, en esa oscuridad tenebrosa al lado del coche de Kenia, donde se dieron su primer beso que supuso un momento de luz en el medio de toda esa tragedia que estaban viviendo.

Ambos, por un momento, olvidaron el Submundo, olvidaron a la Bestia, olvidaron el dolor.

La escena no duró mucho más que un par de minutos porque todos querían salir ya de allí, por lo que subieron al coche sin contar nada de lo que acababa de pasar, pero extrañamente felices para el momento que estaban viviendo.

A la mansión de las lobas se dirigían las Culpenia, los Edevane, Simón e Isi, que habían sido invitados por sus amigos para no levantar más sospechas y que no se sintiesen excluidos.

El resto de los conocidos y familiares lejanos se fueron a sus casas, al fin y al cabo, Carlos era un extraño para muchos después de tanto tiempo y la familia quería intimidad en estos momentos tan complicados.

Simón quería aprovechar la oportunidad para intentar hablar con Lucas sobre los engaños que estaba sintiendo.

Al llegar, Isabel dudó si podría entrar, quizás habrían levantado otro hechizo de protección, pero no notó ningún aura mágica por lo que pudo pasar sin problema.

Además, sabe que si no han hecho otro es porque no saben que el anterior fue roto, por lo que al poder entrar en la casa toda sospecha hacia ella se quedaría con menos peso aún.

Se fijó en los libros de las inmensas estanterías que tenían, muchos eran de mitología y había algún grimorio que otro escondido que para cualquier humano corriente pasaría desapercibido, mas la vampira los detectó al instante.

Ella quería adentrarse más en esas lecturas porque quizás ahí obtendría respuestas de cuál es el ingrediente que faltaba para despertar a su hermano.

Durante la conversación que se estaba llevando a cabo en esa gran sala, Simón tuvo ganas de ir al baño y él siempre acostumbraba a usar el de fuera porque de pequeños él, Ros, Jenny y Lucas jugaban mucho en el jardín de la mansión,

pero esta vez Raina le invitó a usar el más cercano a la habitación en la que estaban.

Isi, que quería saber más de la mansión de las lobas, le sugirió que lo acompañaba y así ella de paso también hacía sus necesidades.

De camino al baño, la bruja creyó escuchar un ruido gracias a su audición vampírica y se fijó en una trampilla que había en el suelo al lado de las escaleras que daban al piso superior.

—Oye, amor, ¿tú sabes por casualidad qué hay bajo esa trampilla? Es que me parece muy curioso que tengan algo así en una casa —sonaba tan inocente, tan vulnerable, cualquiera habría sido engañado.

—Cuando éramos pequeños, Raina siempre nos contaba historias de que sus antepasados eran cazadores y tienen como una especie de jaulas para lobos, jabalís y animales salvajes de ese estilo. Nunca nos dejaba bajar ahí. ¿Por qué lo preguntas?

—Simple curiosidad, es solo que me pareció escuchar algo. —Isabel había confirmado sus sospechas y, usando su oído vampírico concentró toda su atención en el sótano, podía escuchar una respiración humana agitada, lo tenía, había encontrado a su lobo.