El submundo: La fuerza de los tres 8 #3
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Se dirigió directa a la mansión Culpenia usando un hechizo de teletransportación que ella sí dominaba gracia a sus años de experiencia.

Una vez allí, se encontró con Ana y el plan se puso en marcha.

Mientras ella rompía el hechizo de protección de la bruja Edevane sobre la mansión, Ana sacaba de la casa a la mujer loba.

Con Raina fuera y tras un buen rato de esfuerzo por la cantidad de poder que desatan madre e hijo, Isi logró romper del todo el hechizo.

A pesar de que le podría servir para planes futuros, hoy no le hizo falta, ya que Carlos salió por voluntad propia de la casa.

Se dirigía a los tendederos en busca de la mujer de su vida, avisarla de un peligro en el colegio, cuando el verdadero peligro lo tenía detrás.

Isabel aprovechó la oportunidad, le había cogido cariño esos días en Madrid, ella realmente tenía corazón, pero su amor por su hermano era mayor.

Quería hacerlo indoloro, sin darle tiempo a reaccionar, indefenso, no quería que sufriera.

El hombre estaba buscando a Raina, que le había dicho que estaba recogiendo la ropa.

Estaba feliz, le daba igual estar en peligro, tenía a sus hijas, a su esposa.

—¿Raina? ¿Todo bien? ¿Dónde estás?

Le dolía y, aun así, tenía que hacerlo. Lo usaba como mantra para poder conseguir su objetivo.

Se acercó a él por la espalda, sin hacer ruido, rodeada por el despertar del otoño y con más frío de lo normal por lo gélida que era la situación.

No sintió, ni pensó. Estiró la mano introduciéndola en la espalda del hombre y le arrancó el corazón de cuajo.

Carlos cayó en el acto, quedando su cuerpo al lado de la ropa tendida de las tres mujeres de su vida, sin dolor, con felicidad por reencontrarse con ellas.

Isi se teletransportó a casa, sentía dolor, pero las ganas de ver a su hermano y de estar cada vez más cerca de conseguirlo lo disipaban.

Ya era prácticamente una obsesión la que le hacía hacer cosas con las que a veces, también sufría.

Y allí estaba, a cuarta hora sentada al lado de Simón en clase de biología, al fin y al cabo, solo había estado cubriendo unos papeles en la secretaría.

***

Jenny llegó lo más rápido que pudo a su casa y entró en ella gritando por sus padres.

La puerta estaba abierta y a ellos no los veía por ningún lado.

De pronto, escuchó un grito desolador, era de su madre y venía de fuera.

Salió corriendo hacia la zona del tendedero y ahí los vio.

Su madre estaba abrazando entre lágrimas el cuerpo inerte de su padre.

Estaba en shock, se quedó paralizada durante unos segundos.

Luego cayó al suelo y se puso a abrazar a su madre y comenzó a llorar como nunca lo había hecho.

Al poco tiempo, llegó el coche de Kenia.

Era un Q5 grande y marrón. Lucas y su madre bajaron del coche y, al ver la escena, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos por el dolor de las chicas y por el recuerdo de Federico.

Jenny se abalanzó sobre los brazos del chico que, aunque lo negase, siempre había amado.

Kenia, por su parte, abrazó a su mejor amiga, a la que consideraba su hermana, sin quitarse ni un solo segundo de la cabeza la escena que hacía menos de un mes ella había tenido que vivir con su propio marido.

Minutos más tarde, los Edevane fueron a buscar a Ros al instituto.

Una vez en el coche, al darle la noticia, el dolor se apoderó de ella y fue llorando en el hombro de Lucas todo el camino hasta su casa donde corrió a reunirse con su madre y su hermana.

Las tres se fundieron en el abrazo más sincero y doloroso de sus vidas.

La bruja ya tenía el segundo ingrediente y ellos no paraban de perderlo todo.

¿Qué sería lo próximo? Absolutamente nadie lo sabía, pero fuese lo que fuese, nadie estaba preparado, ni siquiera la propia Isabel. Faltaba el tercer y último ingrediente.

***

Ese día fue el más doloroso de la vida de algunos, por el momento, y para otros, un día realmente misterioso.

Tim y Bela llegaron a su apartamento, viejo y desgastado.

Un piso muy pequeño y el hecho de ser un ático les quitaba aún más espacio, porque el techo estaba inclinado haciendo que sus habitaciones fuesen enanas.

Paredes blancas con manchas de humedad, un largo pasillo y al fondo una habitación con la puerta abierta, la de Tim.

Al entrar después de un largo día de instituto, vieron al fondo del pasillo la silueta de un hombre.

Ninguno de los dos sabía quién era y no lograban verle la cara.

De pronto, mucha claridad procedente de la ventana que estaba al lado del hombre los cegó.

Al recuperar el foco de visión, ya no estaba.

Se dirigieron sin hablar a la habitación y no había nadie.

-—¿Tú también lo has visto verdad, Bela?

—Sí, Tim. ¿Quién era? —La joven se abrazó a su hermano un tanto asustada fijándose en un marco con una foto de los dos que estaba en la mesita de Tim tirada, indicando que la habían estado manipulando.

—No lo sé, pero la verdadera pregunta es, ¿cómo ha salido de aquí si vivimos en un sexto? —Miraron por la ventana y abajo no veían a nadie, era inviable.

Nevadela ya no era seguro para nadie, las muertes acechaban, los misteriosos aumentaban y las respuestas disminuían. Un futuro tenebroso se avecinaba para más de uno y este solo era el comienzo.