8 #2
Se acabaron escapando de los servicios sociales y trabajando en oficios mal pagados para ganarse la vida.
Ahora vivían en un viejo apartamento que Tim, al tener 18 años y haber sacado algo de dinero, podían permitirse.
Mientras que los cuatro adolescentes charlaban sobre lo sucedido en clase de historia y se contaban más acerca de sus vidas, fueran reales o inventadas, otros tres miembros del Submundo estaban viviendo tensos momentos en la sala de castigo.
—¿Cómo has podido, Javi? ¿Qué te ha hecho? ¿Qué te ha prometido esa zorra para que la apoyes? —Jenny no comprendía como el hombre que tanto había querido apoyara a la mujer que quería matar a su padre.
—Me han dado mucho más de lo que tú me has aportado este último año. Me he sentido incluido, por fin, en un proyecto con un objetivo que sí vale la pena. —Lucas, mientras ellos hablaban, estaba sentado en una mesa apartado tratando de no quemarlo vivo ahí mismo.
—¿MATAR VALE LA PENA? —Jenny estaba dolida, sentía un enfado tan grande que sería capaz de destriparle de un solo golpe.
—Jenny, hasta hace una semana tu padre no era nadie para ti. Para ella su hermano ha sido siempre su vida, su salvación, su protección, ella lo necesita.
—No te escuchas lo que estás diciendo, Javi, te han lavado la cabeza.
No permitiré que lo hagas. —Jenny comenzaba a perder el control como le pasó en la noche del domingo, su mirada comenzó a cambiar, sus dientes se habían afilado y desgarrarían a cualquier persona que tocasen.
Sus uñas se habían convertido en unas enormes garras, ya no había vuelta atrás.
Levantó la cabeza y sin pensárselo dos veces, se abalanzó sobre su exnovio.
Lucas la vio, dio a Javi por muerto y quiso parar a Jenny antes de que se arrepintiese, pero el rubio fue más rápido. De forma sobrenatural, saltó sobre una de las mesas esquivando a Jenny que aterrizó vagamente en el suelo.
—¿Cómo has hecho…? —Antes de que Lucas lograra terminar la pregunta se fijó en los dientes de Javi, eran como los de Jenny en ese mismo instante —. No, no es posible, eres un...
—Hombre lobo. —Jenny, que había vuelto en sí tras el descubrimiento, acabó la frase de Lucas con un hilo de voz apenas perceptible. Ambos estaban muy sorprendidos, aterrados.
Aprovechando el estado en el que estaban sus contrincantes, Javi se dispuso a huir por la ventana, pero...
—¡Brùth! —Lucas lanzó a Javi por los aires de un solo hechizo, el cual cayó contra la pared haciendo un estruendo enorme y quedando inconsciente por el golpe en la cabeza —¡Bacadh!
—El mago conjuró ese hechizo apuntando a la puerta para que no entrase nadie—.
Tenemos que salir de aquí, llama a tu madre.
Nos lo llevamos a la mansión. Este capullo pagará por lo que ha hecho.
***
Un teléfono sonando, un matrimonio reencontrado, una mañana tranquila, una mansión de lobos, una vampira en la ventana.
Raina se disponía a coger el móvil cuando vio una especia de sombra tras las cortinas del salón de la biblioteca.
Llevaban una mañana muy tranquila, con la chimenea encendida y entre arrumacos en los sofás de la zona favorita de la casa.
Tras ver esa extraña figura cerca de ellos, decidió darle el teléfono a Carlos e ir tras ella sin preocuparle.
—Toma, es Jenny, cógelo que me he olvidado de recoger la ropa del tendedero —sin decir nada más se dirigió a la salida trasera de la mansión.
—¿Hija? Soy papá, tu madre está ocupada ahora mismo.
—Papá, tenemos un problema, mamá tiene que venir al instituto, o Kenia. Javi es un hombre lobo y Lucas le ha abatido. Debemos encerrarlo antes de que despierte.
—¿Cómo que un hombre lobo? Pero eso es completamente imposible.
—Carlos se mostraba muy asombrado ante las confesiones de su hija y comenzaba a levantarse del sofá.
Era un salón amplio rodeado de estanterías de libros y una chimenea que calentaba la sala.
El fuego, uno de los elementos de la naturaleza, simbolizaba la pasión del amor que derrochaba esa casa desde su regreso, pero también las abrasadoras llamas del infierno donde, sin duda, alguien podría acabar esa mañana.
—Papá, no hay tiempo para explicártelo. Dile a mamá que venga por favor.
El teléfono se colgó y Carlos fue en busca de su esposa, a fuera, donde tendían la ropa, donde ya no existía ningún hechizo de protección, aunque a Isi ya le había dado tiempo de sobra de romperlo sin que nadie se acordase de ella en una mañana tan intensa.
***
—Llamaré a mi madre, también. Seguro que ella sabe algún hechizo para mantenerle dormido o transportarle. —Lucas cogió su móvil y llamó a Kenia, que le dijo que estaría ahí en seguida. Luego giró su mirada hacia su amiga, a quien vio cabizbaja y preocupada —. Jenny, ¿estás bien?
—No lo sé —respondió al instante—, todo esto me pinta raro, siento que algo no va bien. Son mis padres, no sé, presentí algo raro.
—Vete a casa, yo me quedo —dijo mientras posaba la mano sobre su hombro.
—¿Seguro? —No quería dejarlo solo con Javi.
—Sí, corre, ve, asegúrate de que todo esté bien. Mi madre y yo llegaremos en seguida.
Jenny asintió y se despidió de Lucas dándole un beso en la mejilla, acto que sorprendió gratamente al joven hechicero.
La loba salió por la ventana y se dispuso a correr con su velocidad sobrenatural camino a la mansión, asegurándose de que nadie la veía escapar saltando el número que rodeaba el centro.
Lucas se quedó vigilando a Javi, deseando acabar con él en ese mismo momento. No podía, debía contenerse.
Al rato llegó su madre y se dirigió al despacho de la directora para que le dijera por qué habían castigado a su hijo.
Con un hechizo aturdidor y muy poderoso consiguió convencerla a ella y al profesor de historia de que no había sido para tanto su comportamiento y de que los chicos ya habían cumplido el castigo.
Por tanto, le dejaron ir a la sala de castigo donde se encontraban los jóvenes encerrados, con la excusa de recoger a Lucas porque tenía médico.
Cuando entró en el aula, abrazó a su hijo y se dispusieron a realizar un hechizo conjunto muy potente de teletransportación del cuerpo de Javi.
—Vale, hijo, escucha atentamente. Este es el hechizo más poderoso que has lanzado hasta la fecha y requiere mucha concentración.
Los hechizos de teletransporte son de nivel muy avanzado, ni yo misma puedo lograr aparecerme en sitios por arte de magia.
Pero transportar a otra persona u objeto con el suficiente poder es posible.
Debes cogerme de la mano y colocar otra sobre el chico.
—Lucas le hizo caso y posó su palma en el hombro de Javier—.
Ahora concéntrate en las celdas de la mansión Culpenia y repite conmigo: Feachdan ùine is fànais, a’ giùlan a’ chuirp seo an seo chun àite air a bheil mi a’ smaoineachadh.
—Feachdan ùine is fànais, a’ giùlan a’ chuirp seo an seo chun àite air a bheil mi a’ smaoineachadh
Ambos brujos concentraron todo su poder sobre el lobo.
Cerraron los ojos y se centraron profundamente en el metal de las barreras de la celda, el frío de la humedad de las mazmorras, la oscuridad de ese sótano en medio del bosque.
Estaban completamente en otro mundo, evadidos, como si ellos mismos estuvieran en aquel lugar oscuro y frío.
Sentían la carga vital que les estaba consumiendo hacer este hechizo, pero funcionó. Javi desapareció y ellos se abrazaron rendidos por todo el poder usado, entre risas, por haberlo logrado.
—Vengaremos a papá, cariño, pase lo que pase.
***
Raina salió de la casa tras ver una sombra en la ventana.
Al salir, observó cerca del garaje a una mujer encapuchada.
«Es ella», pensó para sí misma. Comenzó a correr tras ella, sin miedo y sin pensar en nada más que en salvar a su marido.
La figura encapuchada también comenzó a avanzar por el campo a una velocidad extrema, sin duda era un vampiro.
Raina iba gritándole y sacando alguna de sus habilidades licántropas para avanzar más rápido.
—¡No escapes, bruja! Ven aquí si te atreves —la vampira la vacilaba subiéndose a árboles y lanzándole trozos de madera para ralentizarla. A Raina el bosque la volvía más poderosa debido a su unión a él por su poder.
Estaba agotada, pero continuaba persiguiéndola.
Tras unos minutos de intensa persecución, la figura encapuchada logró escapar y Raina, a pesar de su olfato de loba, le perdió el rastro.
Descansó unos segundos sentada contra un árbol y luego volvió a la mansión con la esperanza de que la mujer no se dirigiera allí de nuevo.
Al sentirse por fin segura tras unos arbustos, se pudo quitar la capucha, Ana ya había cumplido con su parte del plan. Solo faltaba la pieza final.
***
Después de que Simón se fuera con Ros, Isabel se fue del instituto haciéndole creer que estaba en la secretaría.