El submundo: La fuerza de los tres 8
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Un Plan Perfecto

Los siguientes días fueron más tranquilos, Kenia había sellado la mansión con un hechizo de protección para que la bruja no pudiera hacer daño a Carlos.

Él y Raina se pasaban todo el rato recordando momentos pasados y poniéndose al día.

No estaba siendo fácil para ninguno de los dos.

Raina llevaba sufriendo trece años y Carlos había dejado toda una vida en Madrid.

Su matrimonio siempre había sido muy feliz, tanto que en estos años ella nunca estuvo con otro hombre y él, pese a estar bajo el hechizo del olvido, nunca había logrado enamorarse de otra mujer.

Se casaron hacía 21 años, justo un día después de que la loba le contara acerca de su poder. Decidió hacerlo porque no quería tener engañado a su futuro marido. Para Carlos fue un shock, pero, aun así, nunca pensó en huir, la amaba mucho.

Poco tiempo más tarde fueron padres de las mellizas y fue una bendición para ambos.

Ambos sabían que acabarían desatando el mismo poder que su madre, y eso nunca los echó para atrás.

Los tres primeros años de vida de las niñas fueron un sueño para los dos.

Eran felices, él tenía un bufete de abogados en Nevadela y ella era la heredera de una empresa de alta gama de maderistas. La vida perfecta.

Hasta aquella noche en la que Carlos tuvo que abandonar la ciudad, fue un choque para ambos.

Raina, para proteger a sus hijas, tuvo que inventarse que su padre las abandonó, lo consideraba menos doloroso que decir que había fallecido.

Tuvo que salir adelante sola con dos hijas, pero la familia Edevane las ayudó mucho.

De ahí viene esa unión con Kenia, son inseparables.

Hoy en día, Jenny no le habla por las mentiras que contó de su padre, pero Ros le dice que será cuestión de tiempo.

Siente que está siendo muy egoísta con ella, pero a la vez se siente culpable por tenerlas engañadas toda su infancia.

Los chicos volvieron al instituto intentando aparentar la mayor normalidad posible.

La relación de Simón e Isi avanzaba a pasos agigantados, algo que no le hacía especialmente gracia a Ros.

Quedaban muchas veces después de clase, en casa de Simón principalmente, el chico aún no había pisado la casa de su novia, quizás porque tiene una vampira de cien años viviendo allí o porque tiene el ataúd de su hermano en medio de una de las habitaciones, no,

seguramente porque la nevera está llena de bolsas de sangre.

Para Ros los días eran raros, no había tenido mucho tiempo de pensar en Simón porque estaba ocupada disfrutando de tener a su padre en casa e intentando hacer que Jenny entre en razón y perdone a su madre.

Su melliza estaba enfocada en las palabras que Lucas le había dicho esa noche y en la conversación que había tenido con el que ahora es su exnovio.

Desde ese momento, no se habían vuelto a dirigir la palabra y evitaban mirarse a la cara.

La relación con Lucas, al contrario que con el deportista, había incrementado.

Jenny se había apoyado mucho en él después de todo lo que había pasado y el brujo no tenía absolutamente ningún problema en apoyarla.

Al entrar en clase esa mañana, Javi e Isabel cruzaron miradas, él sabía la misión que tenía hoy.

Ya había vuelto a casa con sus padres, después de lo ocurrido el día que volvieron de Madrid, las chicas se fiaban lo suficientemente de él como para permitirle volver a su hogar.

Además, sabían que no tenía escapatoria, si las traicionaba lo sabrían.

La vampira tenía planeado lanzar su segundo ataque ese mismo día y debía quitarse a Jenny y Lucas de encima para poder hacerlo con mayor facilidad. De Ros se encargaría Simón, sin saberlo. Empezaba el juego.

—Amor, llevo unos días notando algo que me gustaría comentarte. —La cara de Simón fue de sorpresa ante una de las palabras de su novia.

—¿Amor? Nunca me habías llamado así —se notaba ilusión en su voz, Isi notó que consiguió captarle al decírselo así.

—Bueno, como ya llevamos unos días saliendo, pues pensé que quizás podría hacerlo… si no te gusta no vuelvo a decirlo.

—No, no, para nada. Me encanta, mucho, —no podía dejar de sonreír e Isabel se percató de una mirada bastante desafiante de Ros desde su pupitre—. ¿Qué me querías decir?

—He estado notando a Ros medio ofuscada conmigo y alejada de ti, ¿sabes si le ocurre algo?

—No lo sé, sé que ha estado disfrutando del tiempo perdido con su padre, pero sí que es verdad que noto que evita hablar conmigo.

—Quizás deberías hablar con ella hoy en el recreo para intentar solucionarlo. —Isi planeaba tener a Ros entretenida todo el descanso mientras ella y Ana llevaban a cabo lo que habían programado.

—Sí, podría intentarlo. —Apenas le había dado importancia a lo que le había dicho, se había quedado embobado con su primera palabra.

Esa clase fue distinta a las del resto de la semana, se notaba tensión, nervios en el ambiente, algo ocurría y nadie podía saber el qué.

El aula era de un tamaño apropiado para tener a 24 alumnos dentro.

Desde el regreso de Madrid todos se habían cambiado de sitio.

Las mesas estaban agrupadas de tres en tres.

Hasta el momento, Lucas, Simón e Isa compartían hilera, al igual que Javi, Jenny y Ros.

Ahora ya no era así, Lucas había ocupado el lugar de Javi, que se había ido con unos compañeros suyos del equipo; Ros decidió sentarse al lado de Tim y Bela para acercarse a ellos y lograr salir de dudas con sus sospechas.

Simón e Isi, por su parte, continuaban en el mismo sitio, pero con una nueva compañera, Vanesa, la chica que no acostumbraba a relacionarse mucho con sus compañeros, cuyo objetivo en clase era simplemente aprender y que previamente se sentaba con los hermanos,

pero que accedió a cambiarse por Ros para ver mejor la pantalla.

Esas fueron sus ubicaciones desde la primera clase después de aquella noche, pero hoy no fue así.

Javi decidió volver a su anterior sitio y sentarse con Lucas y Jenny.

Ellos no entendían nada, pero como el chico llegó tarde a clase no podían armar escándalo y decirle que se cambiase de sitio.

La tensión se palpaba en el ambiente. Los tres chicos permanecieron callados las dos primeras clases, prácticamente sin mirarse entre ellos, incluso las interacciones entre la loba y el brujo eran escasas.

A tercera hora tenían historia con un profesor muy propenso a castigar, todos temían alzar la voz porque sabían que eso tendría consecuencias. Por esa misma razón, era el momento perfecto para Javi.

—Por cierto, perdonadme que no os había dado la enhorabuena —el lobo susurraba en tono sarcástico.

—¿De qué hablas, Javi? —Jenny estaba en el medio y había tomado la iniciativa de contestarle, manteniendo el control e intentando no enfadarse.

—Es más que evidente que desde que hemos roto habéis aprovechado para estar juntos —le costaba decir esas palabras, que eran completamente necesarias para poder hacer que reaccionasen.

—No estamos juntos. Deja de hacer el imbécil y aléjate de...

—No, no, tranquila, no tienes que mentirme si yo os doy mis bendiciones, total yo también estoy conociendo a alguien, una vampira, quizás os suene —Lucas comenzó a perder los nervios ante la revelación de que Javi podría estar trabajando con la asesina de su padre.

—¿De qué cojones hablas? —El tono de voz con el que el mago se introdujo en la conversación empezaba a ser notorio, notando las miradas del profesor.

—Tranquilito, tranquilito, brujito. No querrás perder el control y matarme —Lucas intentaba respirar profundamente, tenía los puños apretados para intentar relajarse—, como hicieron con tu padre.

En ese momento el joven salió de sí, se levantó de la silla y se abalanzó sobre Javi.

—¡EH! ¡EH! ¡EH! —El profesor de historia, un cincuentón con gafas y en traje, comenzó a dirigirse hacia ellos e intentar separarlos.

Jenny con su fuerza sobrenatural logró mantener a los chicos alejados antes de que llegaran a tocarse—.

¡Estáis los tres castigados todo el recreo y hablaré con la directora para considerar vuestra expulsión!

Las caras de sus compañeros eran un poema, unos se reían, otros estaban muy sorprendidos y especulaban sobre la supuesta infidelidad de Jenny; e Isi, por su parte, se mostraba muy satisfecha, aunque lo disimulaba con cara de compasión por sus amigos.

Lucas se sentó sin poder volver a concentrarse en toda la clase, Jenny trató de calmarlo y Javi no volvió a decir nada porque ya tenía lo que quería.

La hora del descanso llegó y Simón se dirigió corriendo a por Ros tal y como su novia le había sugerido.

—¡Ros! ¡Espera!

—Simy, sí, dime, ¿ocurre algo?

—Eso mismo te iba a preguntar yo. Llevas días evitándome como si estuvieras enfadada conmigo y no logro entender si he hecho algo que te haya molestado —Simón sonaba muy sincero, a pesar de sus sentimientos por Isi, el cariño que le tiene a Ros no había cesado,

seguía siendo su mejor amiga y una de las personas más importantes de su vida.

—No, en absoluto. No te preocupes de verdad.

Es solo que mi vida está cambiando mucho últimamente.

La llegada de mi padre, la ruptura de Jenny…

Además, me estoy centrando bastante en conocer a Tim y Bela…

he quedado con ellos ahora, vente si quieres —no podía evitar querer pasar tiempo con él aunque eso dificultase extraerles toda la información que le gustaría.

Le mentían constantemente y se sentía muy mal por ello, pero sabía que era la forma de mantenerlo a salvo.

Simón sonrió y asintió, Isi le dijo que tenía que arreglar en la secretaría unos papeles del traslado de centro por lo que estaría todo el recreo ocupada.

Cuando llegaron al exterior, allí estaban los hermanos.

La relación de Ros con ellos se había incrementado mucho la última semana.

Ella cada vez se fiaba más de su historia y de que no estuvieran vinculados con el Submundo.

Es cierto que eran muy tímidos, pero cuando comenzabas a conocerlos resultaban dos chicos muy agradables y con historias bonitas, pero falsas.

La vida que los hermanos le estaban contando a la joven era completamente inventada.

Presumían de familia idílica, pero ambos vivían solos, desde pequeños habían pisado numerosas casas de acogida, y nadie los adoptó.