7 #2
Por una parte, se sentía mal porque creía que le estaba fallando a la que considera el amor de su vida, pero, por otro lado, por primera vez esos días, sintió la vulnerabilidad y como hay gente que realmente ve lo bueno en ti cuando estás así.
Y que no siempre tienes que ser el gallito capitán de un equipo que no le tiene miedo a nada y que trata de imponer respeto a todo el que pasa.
Dolor, sentía mucho dolor en ese momento, sentía como cada hueso se le iba dislocando.
Pensó en sus padres, pensó en vengarse de Lucas, pensó en las palabras de Isi, pensó en esos días con Ana, pensó en sus sentimientos por Jenny, pensó, gritó, aulló.
Sin darse cuenta, se convirtió en un lobo de color albino, de tamaño bastante grande, con una gran fuerza, perdió el control de sí mismo.
Intentó escapar, pero no lo consiguió. Las cadenas le frenaban y le hacían daño en todo el cuerpo.
Notaba el dolor por dentro, comprimiéndole, sin embargo, el instinto era mayor y no paraba de intentar soltarse.
Tal y como había dicho Isabel días antes, la transformación fue muy corta y, al poco tiempo, ya se encontraba inconsciente en el suelo, sin ropa debido a la transformación, con su pelo rubio y su cuerpo definido por las horas de gimnasio y entreno que dedicaba a la semana.
Ana, al dejar de escuchar ruido, supo que la transformación había cesado y fue a taparlo con una manta y despertarlo.
—Lobito, Lobito, ¡LOBITO! —Javi despertó de golpe del susto de las palabras de Ana—. ¿Qué? ¿Qué tal? ¿Cómo están esos huesos?
—Nunca en mi vida había sentido tanto dolor, tanta ira, tanta rabia y tanta fuerza al mismo tiempo —estaba sonriente, como si estuviera feliz.
—Tú mismo lo has descrito, Lobito, un licántropo está asociado a emociones negativas.
Ira, dolor, rabia… Son esas precisamente las emociones que harán que puedas dominarlo, sino simplemente te convertirás con luna llena y no te acordarás de nada, además de que perderás el control siempre.
Ahora a descansar, que mañana toca entrenar.
Así fue, ambos se fueron a dormir y al día siguiente comenzó el entrenamiento.
Era muy pronto para poder controlar trasformaciones, pero lo que sí podía era canalizar la fuerza, ser más ágil, más rápido e incluso mutar algunas de las partes más pequeñas del cuerpo, como la dentadura o las pezuñas.
Isi dejó una serie de pruebas y actividades para prepararlo.
Ana se lo llevó al bosque, el hecho de entrenarlo la excitaba, le gustaba llevar las riendas y la relación que tenía con él le resultaba estimulante.
Le encantaban los retos y sabía que conseguir que una persona con los sentimientos tan apagados como Javi pudiera canalizarlos en un objetivo sería completamente difícil, o incluso imposible.
—La primera prueba será de fuerza, debes canalizar toda tu ira y tu dolor en el objeto contra el que quieres hacer fuerza. Comenzarás lanzando ramas de árboles cada vez más pesadas contra ese muro hasta derribarlo —Ana le dio instrucciones, estaban cerca de la zona de las Runas.
—¿Cómo voy a derribar un muro con ramas? Es inviable.
—Lo sé, por eso deberás ser lo suficientemente fuerte como para levantar el tronco de un árbol entero, Lobito. —Ana mostró su habitual sonrisa picarona y Javi la miró con desaprobación como si estuviera de broma, pero iba muy enserio.
Comenzó con ramas pequeñas, a lanzarlas como un simple humano, ni siquiera rompía la propia madera al dar contra el muro, no se lo estaba tomando en serio. Ana se cabreó por su pasotismo y comenzó a gritarle.
—¡Puedes ponerle un poco de empeño y lanzar como el machito que dices ser!
—¡Cómo demonios me voy a hacer fuerte lanzando ramitas a un muro! Dile a Isi que paso, que ya me buscaré la vida.
Ana, muy enfadada y con ganas de sacarle potencial, agarró una rama bastante grande y, con su fuerza sobrehumana por su vampirismo, se la arrojó a la cabeza.
Javi, de forma sobrenatural y espontánea, sin pensarlo, levantó su mano y partió la madera al vuelo.
La chica le miró con una sonrisa por la estimulación del reto y dijo:
—¿Me crees ahora? Deja de ser una niñita llorona y revienta ese muro —lo estaba desafiando, eso hizo que el joven retomara sus ganas de demostrar su potencial.
Javi la miró con orgullo y creyendo en sí mismo tanto como Ana le hizo sentir en ese momento y comenzó a lanzar madera como loco contra el muro, sentía una adrenalina y una fuerza que nunca había sentido.
—¡Dale, vamos, así es!
Coger, lanzar, coger lanzar. Cada vez más peso. Ramas más largas, más robustas. Coger, lanzar. Alguna marca iba quedando en el muro por la insistencia de los golpes.
Tras unos cuantos lanzamientos intentó coger el árbol, pero no pudo con tanto peso y cayó al suelo.
—¡Javi! ¿Estás bien? —Fue corriendo hacia él, asustada, el chico nunca la había visto así, vulnerable.
—¿Tengo que caerme al suelo para que no me llames Lobito?
—Eres imbécil. —Ambos comenzaron a reírse, pero a Javi le entró un bajón por no haberlo conseguido.
—No puedo, Ana, no soy tan fuerte aún para hacerlo.
—Sí lo eres, Javi, solo debes encontrar tu verdadera motivación, y honestamente, no creo que sea matar a Lucas.
Se quedó pensativo el resto de la mañana, ¿cómo sabía Ana que había pensado en eso al intentar coger el árbol?
Por la tarde tuvo la prueba de agilidad y velocidad, consistía en saltar sobre unas cajas y sobre los árboles, escalándolos y dando saltos largos.
Esta le salió mucho mejor, quizás por el entreno que hacía ya para jugar en el equipo de baloncesto del instituto.
Era como si estuviese montado en una montaña rusa.
De caja en caja, agarrándose a las ramas para tomar impulso.
Subirse a la copa de los árboles para saltar desde ellas y aterrizar de pie sin prácticamente ni un solo rasguño.
Trepar por los troncos sin ninguna especie de ayuda a una velocidad que ningún niño que jugase en el parque podía llegar a imaginar.
Si eso era ser libre, no quería volver atrás nunca en su vida.
Tras un largo día se fueron a dormir, ya que al día siguiente sería más exigente porque tendrá que aprender a mutar ciertas partes de su cuerpo sin la luna llena.
Era sábado, faltaba un día para que Isabel llegase de Madrid y debería ver progresos en Javi para que se fiara de poder soltarlo y que hablase con Jenny.
—Hoy deberás encontrar tu verdadera motivación, Lobito, o de lo contrario no podrás desarrollar las partes de lobo con control.
La prueba es simple, debes buscar en tu interior, el bosque ahora es tu hogar, te dejaré solo, me fiaré de ti.
Si no regresas, date por muerto. Si lo haces, espero que sea con colmillos y pezuñas capaces de desgarrar a cualquiera que se te ponga por delante.
—¿Pero qué tengo que hacer exactamente? No lo entiendo.
—Sentir, simplemente, sentir. —Tras decir eso, se fue.
Javi pasó el día reflexivo dándole vueltas a lo que le había dicho Ana de que su verdadera motivación no era matar a Lucas.
Él no estaba convencido de ello y por eso fue en lo primero que se centró.
Se concentró en todo el odio que le tiene, en sus celos, en su relación con Jenny, en todas las mentiras.
Creó un nivel de cólera muy grande y logró sacar a relucir algunas de sus garras tras varios intentos.
Se sintió poderoso y una adrenalina enorme le subió por el cuerpo, pero, aun así, eran temporales, no se mantenían, y sabía que eso no contentaría a las chicas.
Estuvo horas en el bosque, desde la transformación lo sentía distinto, como si fuera su familia, conectado. Respirar aire puro le aliviaba, había cambiado, lo notaba, lo sabía, y eso hizo que no se reconociera a sí mismo.
Llegó la hora del encuentro con Ana, no había logrado nada más que unas garras de aproximadamente 1cm más de largo que sus uñas habituales.
Nunca se había sentido tan presionado, estaba acostumbrado a una vida libre, sin ataduras, sin responsabilidades, solo el deporte.
De repente, se veía rodeado en un mundo de vampiros, hombres lobo y brujos, en el que él estaba incluido.
El Submundo había despertado para un Javi que no sabía cuáles eran sus verdaderas prioridades ni en el mundo normal.
En estos pocos días, Ana había descubierto una personalidad que pocos conocían y ella sabía que no lograría encontrar su motivación en horas sin presentársela ante sus ojos.
Por esa razón, no se mostró sorprendida cuando el joven lobo la informó de su fracaso.