7
El Primer Aullido del Lobo
—¡AAAAAAAAAAA! —gritos de dolor inundaban aquel mágico apartamento de Nevadela, una mujer rubia aseguraba unas cadenas y cerraba una puerta metálica con llave.
Se fue al salón a esperar, no duraría mucho tiempo.
Se preparó un té rojo, con base de sangre del chico que paseaba hacía escasas horas por las afueras de la casa.
Se sentó en el sofá, cogió el teléfono y la llamó a ella.
—El hechizo comenzó a hacer efecto, la transformación ha comenzado.
—Perfecto, ya sabes qué hacer, que no escape o desatará el caos. Estos días, que estaré fuera, entrénale. Yo no estaré disponible, no puedo resultar sospechosa.
—Está todo bajo control, Isi.
Ana colgó el teléfono y continuó con su vaso de sangre, debía estar bien alimentada para entrenar a un hombre lobo en pleno auge.
***
Varios días antes, durante la primera transformación de las mellizas Culpenia, Isabel había extraído sangre de Jenny transformada en loba y se la había guardado en un frasco.
—Entonces, ¿quieres matar al padre de Jenny? —Javi estaba en shock con todo lo que le había dicho Isi—. ¡No! No la traicionaré así, yo la quiero.
—Ella a ti no te quiere, Javier, quiere a Lucas, si te quisiera ya te lo habría demostrado contándote la verdad. Con esto serás tan poderoso y fuerte como ellos. Jenny lleva años sin su padre, no lo notará, y yo recuperaré a mi hermano.
—No, Isabel, no lo haré —Javi se disponía a irse, a pesar de que le tentaba la idea de ser tan poderoso.
—Entonces tendré que matarte a ti y luego a ella.
No me hagas hacerlo por las malas, Javi, porque te prometo que, sin duda, lo haré.
—Isi colocó su mano sobre Javi y comenzó a hacer un hechizo torturador sobre él.
El chico cayó de rodillas del dolor que estaba sintiendo y comenzó a sangrar por la nariz.
—Va…vale, está bien, lo ha…haré. —En ese preciso momento, la bruja dejó de lanzar su hechizo y esbozó una sonrisa maliciosa.
—Así me gusta, un cachorrito domable.
—Quiero ser más fuerte que él. Quiero que me elija a mí antes que a Lucas.
—Oh, mi pequeño Lobito, cuando todo esto acabe, a lo mejor no hay Lucas donde elegir.
Isabel les transportó a ambos a su casa con un solo movimiento de brazos. Se esfumaron en el aire y aparecieron en el piso.
—Javi, llama a tus padres, diles que esta noche no duermes en casa, mañana les haré una visita y haré que crean que estas en una excursión o algo así con el mismo hechizo con el que obligué a Lucas a creer que yo no era la hermana de la Bestia.
—No les harás daño, ¿verdad?
—No, tranquilo, venga llama que tenemos un conjuro que elaborar.
El joven estaba completamente perdido, no sabía qué hacer, solo temía por su vida y por la de Jenny.
El miedo a veces nos hace hacer cosas que nunca nos veríamos capaces.
Le sorprendió mucho la casa, el ataúd. No sabía por qué, pero una parte de él se sentía a gusto ahí, sentía que podía estar en el lado correcto.
Javi, desde pequeño, había tenido la necesidad de ser un líder y de que todos le siguieran para sentirse importante.
Con Jenny tenía una conexión muy fuerte, pero, aun así, siempre tuvo la espinita de no saber si sentía algo por Lucas.
Hizo lo que Isi le mandó e informó a sus padres de que esa noche no dormiría en casa. Le presentó a Ana, le pareció muy atractiva y con una personalidad arrolladora. Las chicas le llevaron a la habitación donde estaba el ataúd de Damián y le tumbaron sobre una cama metálica, fría, dura.
—Esto dolerá un poco, pero no te preocupes, no será comparable con el dolor que sentirás el día de tu transformación.
—¿Cómo? ¿No me transformaré hoy?
—Oh no, lleva su tiempo. Hoy haré el hechizo de transformación debido a que es necesario hacerlo con luna llena y calculo que para el anochecer del jueves se producirá tu primera transformación.
Será momentánea debido a que no será noche de luna llena.
Durará poco más de diez minutos. Es parte del conjuro.
Sentirás un dolor arrollador. Cada parte de tu cuerpo se tendrá que romper y transformar en el esqueleto de un lobo.
Además, al ser creado y no nato, será aún peor —Javi parecía que se iba a desmayar de todo lo que le estaba contando—.
Mas créeme, la libertad y la fuerza que sentirás, sin duda, valdrán la pena. ¿Estás listo?
—Eh, pues la verdad es que… AAAAAAAAAA. —Javi comenzó a notar como todo el cuerpo le empezaba a arder como si le hubiesen encerrado en una habitación llena de llamaradas.
Isi le hizo un gesto a Ana que clavó la jeringuilla en el cuerpo del chico y esta comenzó el ritual: A shinnsearan nam madadh-allaidh, neart nam madadh-allaidh, aonaichibh an seirbhiseach seo ribh fhèin.
Thoiribh dha ur cumhachd, thoiribh dha ur neart, agus dèanaibh e na sheirbhiseach dhuibh, mac na gealaich làn.
Se levantó un gran viento alrededor de la camilla.
Javi estaba sufriendo mucho dolor, retorciéndose, chillando, lo sentía como una tortura.
Isabel estaba canalizando un poder inmenso de los ancestros licántropos y de la fuerza de la luna llena.
El joven notaba la sangre de Jenny recorrerle el cuerpo como si estuviera viva.
Sus pupilas se dilataron, los pelos se le erizaron, se mareaba, le picaba el cuerpo, sentía un monstruo en el interior.
A Ana le costaba ver la escena sin sentir ella misma dolor ante lo que estaba presenciando.
De pronto, todo acabó y Javi sintió mucha calma.
De sentía distinto, no sabía en qué, pero distinto.
Automáticamente se quedó dormido después de todo el esfuerzo al que se le sometió el cuerpo.
Las chicas no lograban diferenciar si se había desmayado o simplemente el sueño pudo con él, decidieron dejarlo y se fueron a descansar ellas también, se avecinaban tiempos de acción y les convendría reposar lo máximo posible.
Los días siguientes antes de la transformación definitiva, estuvieron conviviendo los tres en casa de Isabel y Ana.
Isi hechizó a los padres de Javi para convencerlos de que su hijo estaba de excursión y le dio directrices a Ana de cómo debería entrenar al joven una vez la transformación hubiese culminado.
El resto del tiempo se lo pasó buscando en grimorios cuál sería el tercer ingrediente del hechizo para despertar a su hermano.
ya que la vampira de la Fuerza de las Tres era una desconocida para Isabel e investigando, hablando con los vampiros más longevos de la eternidad, se rumoreaba que había fallecido sin dejar descendencia, por lo que no podía aplicarse la misma regla que con Federico y Carlos.
Ana, por su parte, se pasó los días dividida entre vigilar al nuevo inquilino y ayudar a su fiel amiga con su investigación.
Javi se pasó todo el tiempo encerrado en una de las habitaciones de la parte superior de la casa.
Era de color azul, con una cama grande situada en el medio, un ventanal hechizado que realmente era una simple visión óptica debido a que la única parte de la casa que daba a la calle era la puerta principal, lo demás, pura magia.
Estaba confuso, continuaba hablando con Jenny como si nada hubiera pasado y, a veces, quería contarle la verdad, decirle que la amaba pero que estaba muy dolido por haberle ocultado su secreto, pedirle ayuda, decirle dónde estaba.
Todos esos pensamientos eran en vano, a Isa no le había hecho falta ni hechizarlo, el miedo lo hacía por ella.
Estaba consumido por el temor de que le hiciera algo a él o a Jenny, entonces simplemente le tocó autoconvencerse de que gracias a esos nuevos poderes será indestructible.
Su relación con las chicas fue bastante peculiar, él siempre acostumbraba a ser una figura de líder al que todos seguían y ahí, en esa casa con dos vampiras con más de cien años, era simplemente su cachorrito.
Con Isi la relación fue bastante escasa, apenas mantenían conversaciones y rara vez se cruzaba con ella debido a la concentración que tenía en saber de una vez por todas el ingrediente final.
Con Ana, por otra parte, la relación había sido mucho mejor.
Era la encargada de vigilarle. Ambos tenían un humor muy similar que era buscar la burla y humillación del otro para poder divertirse y evadirse del tiempo.
Eran muy distintos y a la vez muy iguales.
Ana, huérfana solitaria que encontró en Isi una salvación, pero después de casi cien años, aún siente ese vacío por dentro.
Javi, adinerado y mimado por su familia, no le falta de nada, pero con el mismo vacío interior por una relación que sabe que no va a ningún lado y una vida que realmente no le llena.
Nacieron para odiarse, quién diría que fueran a acabar luchando de la mano o, incluso, muriendo por el otro.
—Javi, a comer —Ana le llamó desde abajo con un grito y él, que estaba jugando con el móvil, se levantó y bajó.
—¿Lentejas? De puta coña, te dije ayer que las odiaba. —El chico observó sonrisa en la cara de su compañera.
—Por eso mismo te las hice. Deja de quejarte como un niño y come, que tienes un lobo dentro.
—El día que sea de verdad un lobo lo notarás porque te quedarás sin cabeza, —rieron.
—¿Cómo lo llevas?
—¿El qué? —miraba con asco el plato de lentejas que tenía delante de él, pero el hambre era más poderosa e introdujo una cucharada en la boca.
—El examen de lengua de pasado mañana. ¿Qué va a ser, idiota? La asimilación del Submundo.
—Ah, ya, eso. No sé, es mucho de golpe. Pero bueno, tendré poderes y más fuerza así que está guay, supongo.
—«Está guay, supongo», esta gente del siglo XXI… ¿Y lo de Jenny cómo lo llevas?
—Prefiero no hablar de ella, la verdad.
—Uy perdón, herí los sentimientos del Lobito.
—No me llames así.
—Estás tú que no, Lobito, te quedará ese mote —le sacaba de quicio, pero no quería irse de allí.
Llegó el gran día, Isi había partido a Madrid en busca de Carlos y a celebrar el cumple de Simón.
Quedaban solos Ana y Javi. Se prepararon, Ana hizo todo lo que su amiga le mandó, le ató con grilletes en la sala grande la casa, cerró la puerta metálica y, cuando escuchó que comenzaba a gritar de dolor, la llamó.
Javi estaba en el suelo, tumbado, atado de manos y piernas replanteándose toda su vida.