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Había un tutor en los pasillos vigilando que todos los niños se fueran a la cama, y esperaron al momento en el que uno de los más pequeños, Max, le pidiese que le diese más pasta de dientes porque se le había acabado, aunque realmente el pequeño nunca sabría que estaba debajo de la almohada de Bela.
La salida principal estaba vigilada con cámaras por lo que no podrían salir por allí. La clave serían los conductos de ventilación del comedor. Por las excursiones que les hacían se habían fijado en más de una ocasión que daban a la parte de atrás del edificio.
Una vez el tutor se fue con Max y las chicas de la limpieza ya habían acabado de recoger los platos, los chicos entraron en la sala.
Rápidamente, movieron una mesa contra la pared para acceder más fácilmente al conducto.
Tim primero ayudó a subir a Bela y luego fue él.
Se arrastraron un buen rato hasta ver la luz de las farolas del exterior.
Llenos de suciedad, sin mayor ropa que un pijama y delgadísimos por la pésima alimentación que les daban, los hermanos se fundieron en un abrazo entre lágrimas de emoción por haber logrado salir de esa cárcel de una vez por todas.
Salieron corriendo sin rumbo, simplemente para alejarse lo máximo posible de allí.
—¿Y ahora a dónde vamos, Tim?
—Lejos de aquí, Bela, donde nadie nos conozca. Y una vez tengamos la oportunidad iremos a Nevadela, a descubrir la verdad de nuestros padres.
Los chicos pudieron escapar sin problemas y buscar algún trabajo con dinero en negro para salir adelante. Respecto al orfanato… les importó más el prestigio que la vida de dos chicos y nunca denunciaron su desaparición.
***
La cafetería más conocida del pueblo siempre estaba principalmente frecuentada por adolescentes, pero aquel verano de 2022, Kenia, Federico y Raina tuvieron largas charlas sentados en la mesa de la esquina, el lugar más solitario para que nadie pudiera escucharlos.
—¿Habéis descubierto algo más sobre ella? —Raina llevaba meses con ansiedad sabiendo que cada vez faltaba menos para la fecha señalada.
—Nada… Parece completamente desaparecida, se aseguró muy bien de borrar todo indicio de su identidad —Kenia se mostraba disgustada—. ¿Tú tienes algo?
—Cero, ni de ella ni del hechizo. Federico, ¿estás seguro de que no quieres marcharte de la ciudad por si acaso? La advertencia de mi padre con Carlos fue muy clara y si él corría peligro, es probable que tú también.
—Lo sé, de sobra. Pero hace veinte años juré estar con Kenia en las buenas y en las malas, sé que la decisión que tomasteis hacia Carlos fue la que considerabais correcta, pero yo nunca estuve de acuerdo. Quiero permanecer junto a mi familia, aunque eso conlleve a mi fin.
Las lágrimas en los ojos de las mujeres se hacían notar.
Kenia, del amor de un hombre que estaba dispuesto a dar su vida por ella.
Raina, del dolor de haber pasado los últimos años sin el amor de su vida y sin saber si había tomado la decisión correcta.
Vieron a Lucas y a Simón entrar, tuvieron que aparentar normalidad y se fueron.
Era muy pronto para que lo descubrieran todo.
Tenían que disfrutar un año más al menos.
***
Lucas y Simón entraron en la cafetería y saludaron a los adultos que se fueron a lo poco de llegar ellos.
Iban a quedar con Ros también, pero estaba encerrada en casa consultando qué materias escoger el año que viene para obtener nota y poder entrar en alguna universidad prestigiosa.
Hacía pocos días de las fiestas del pueblo y el joven aún estaba triste por la relación de Jenny y Javi.
—Venga, va, no pienses en eso, hay muchas más chicas en el mundo. —Simón quiso ayudarle de la mejor forma que sabía, aunque no tenía muy claro que le funcionase.
—Dice el que lleva desde que le quitaron el pañal pillado por Rosalía Culpenia, —se rieron, tenían una confianza extraordinaria y sabían todo de la vida del otro—. A ver cuando llega una chica que cambie las cosas de una vez por todas.
—Con la suerte que tengo la siguiente tía de la que me enamore será una asesina en serie —ambos rieron, disfrutando humor en su vida adolescente que veían eterna, pese a que sería mucho más corta que la de muchos.
—¿Con tu padre qué tal estás?
—No sé, está de viaje otra vez. En París creo, ya ni sé. —Simón se mostraba disgustado.
—Vamos a ir a Tenerife una semana en agosto, vente si quieres. Mis padres ya me dijeron que te avisara, ya es tradición que estés en los viajes familiares, —se le escapó una tremenda sonrisa y fue a abrazar a su amigo. Él se sentía un Edevane más.
Aquel verano de 2022 los chicos eran felices, eran simplemente adolescentes.
Primeros amores, desengaños amorosos, la decisión de qué materias cursar…
Mas la vida con dieciséis años a veces no es tan fácil.
Tim y Bela iban camino a su nueva vida e Isi y Ana vivían centradas en un único objetivo que no las dejaba poder disfrutar de que ellas sí estaban vivas.
Para los adultos, la vida ya era distinta, quizás aquel verano del 1992 lo recordaban mejor, pero este no.
La preocupación por los hijos va más allá de cualquier disfrute y sabían que todo cambiaría.
El problema es que nadie sabía cuánto. El Submundo acechaba y en un chascar de dedos, nos encontramos en este otoño de 2023.