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Aquel verano de 2022
La relación de Jenny y Javi comenzó hace poco más de un año, en el verano del 2022.
Los chicos habían estado tonteando durante meses, desde que la profesora de Lengua les invitó a sentarse juntos.
Llevaban toda la vida en la misma clase y aunque nunca habían sido muy cercanos, siempre se habían fijado algo en el otro debido a que ambos eran de los más populares de la clase.
Ese día se celebraban las fiestas patronales de Nevadela, unas de las más populares de la zona. Jenny, Simón, Lucas y Rosalía quedaron a las nueve en la casa de Lucas para ir juntos hasta el puerto, donde tiene lugar cada año dicha festividad.
Federico sería quien los llevase en coche hasta allí debido a que él tocaba en la banda del pueblo y podía entrar en el recinto con el vehículo.
Lucas estaba dispuesto esa noche a confesarle a Jenny lo que llevaba tiempo sintiendo por ella, con la esperanza de que fuera recíproco, pero él no sabía que la chica minutos antes le había estado hablando a su hermana de que el capitán del equipo de baloncesto le había escrito por Instagram
preguntándole si hoy saldría.
El hombre los llevó hasta allí y los dejó en pleno centro del campo de fiesta, donde se colocan las distintas orquestas y grupos musicales que dan ambiente a la velada.
Se despidió de ellos y se fue a prepararse con sus compañeros.
El grupo de amigos se dispuso a ir hacia la otra parte de la fiesta, la zona de atracciones.
Saludaron a algunos compañeros de clase como Marcos, jugador del equipo de baloncesto que le lanzó una risa a Jenny dándole a entender que conocía sus planes de esa noche con su amigo; o a Vanesa, la chica calladita y empollona de clase.
El recinto era enorme, al menos una veintena de atracciones de feria distintas para entretener a los pequeños y a los que no lo son tanto.
—¡Tío, Lucas! Mira eso. —Simón señalaba una especie de martillo gigante que daba vueltas, de gran altura, que llegaba a ponerte del revés—. Necesito subir ahí.
—¡Sí, sí, sí! ¡Vamos! —Ambos eran unos apasionados de montar en este tipo de juegos—. Chicas, ¿vosotras subís?
—¡Ni loca! —Ros era mucho más calmada y echada para atrás en situaciones de riesgo.
—Yo esta vez quedaré abajo también. —A Lucas le sonó raro que Jenny no decidiera subir, ya que siempre se montaba en todo. Además, desde que llegaron no había dejado el móvil, de todas formas pasó todo por alto y decidió hablar con ella más tarde y subirse con su amigo al martillo giratorio.
—Sigo sin tener claro este tonteo tuyo con Javi, no es buen tío. —Ros llevaba todo el día intentando prevenir a su hermana.
—Ros, ya soy mayorcita y creo que le gusto bastante, confía en mí, anda. —Su hermana la miró con desaprobación, pero Jenny decidió evitarla—. ¡Ah! Me ha dicho que está al lado de la noria y que tiene dos billetes. Vuelvo en un rato.
Sin darle tiempo a su hermana a responder salió corriendo, pasando por delante de un simulador 3D, varios puestos de dardos y unas atracciones para niños pequeños hasta llegar a la noria.
Era de gran altura y de diversos colores que se empezaban a ver cada vez mejor ahora que ya era más de noche.
Al llegar, buscó desesperadamente a Javi mirando a ambos lados de la atracción, no le veía por ninguna parte.
—¿Andas perdida? ¿O quizás buscas a alguien? —El chico apareció por detrás suya vestido con una camiseta blanca y un pantalón vaquero, a ojos de Jenny, ningún chico podía estar más guapo que él en ese momento.
—Es que había quedado con un chico aquí para subir a la noria, pero no le encontraba —decidió seguirle el juego, aunque eso provocó que se pusiera roja.
—Pues que imbécil si te ha dejado aquí plantada. Se da la casualidad de que a mí me sobra una entrada, ¿te apetece subir?
Asintió y ambos se pusieron a la cola donde ya hablaron normal comentando temas acerca de los últimos exámenes del curso.
Luego subieron a una de las cabinas color violeta de la atracción y empezaron a girar.
Las vistas de Nevadela desde allí arriba eran preciosas: a un lado, el mar inmenso y fundiéndose a lo lejos con la noche sin límite, al otro lado, el pueblo iluminado con la alegría de las fiestas patronales.
Para ambos fue uno de los momentos más bonitos de su vida, aunque no se centraron especialmente en las vistas de fuera.
Javi no era de palabras, ni falta que hicieron, ambos chicos se miraron y se fundieron en un apasionado beso mientras la noria seguía girando.
Nunca oficializaron nada, no les hizo falta.
Desde ese beso ya se habían convertido en la pareja más famosa de Nevadela y Lucas, que los vio desde abajo después de bajarse del martillo, decidió que esa no era la noche más idónea para confesarle sus sentimientos.
Ese año, él no disfrutó las fiestas ni el verano.
***
Isabel se pasó ese verano tensa porque sabía que debería tener todo planeado porque el año siguiente se cumpliría la profecía y era la única oportunidad que tenía de despertar a su hermano.
Los últimos 124 años había recurrido a miles de videntes y brujos poderosos, algunos la ayudaron de buen grado, otros la quisieron quemar viva.
Aun así, ella siempre logró salir indemne de cada batalla, y acompañada cada día de su compañera, Ana.
Por todas las pistas que habían recopilado sabían que el hechizo estaba compuesto de cuatro ingredientes, tres de ellos con algo en común: el amor verdadero de la viva imagen de cada una de la Fuerza de las Tres.
El de Amanda Edevane era fácil, lo tenían localizado; el de Margarita Culpenia habían descubierto años antes que ella lo tenía oculto en algún lado y de ahí venía el plan de acercarse a los elegidos para que ellos mismos la guíen a ese hombre; y el de la tercera mujer no existía,
ya que ella estaba muerta según lo que había averiguado Isabel.
Doce años atrás, en una visita al pueblo, ellas mismas fueron las culpables de que Raina hiciese que Carlos abandonase el pueblo***
—¿Estás seguro de esto, Isi? —Ana y su amiga se encontraban en el límite de Nevadela, sin llegar a entrar—. Todos nos han dicho que sería muy peligroso***
—Ninguna profecía va a decirme cuando tengo que despertar a mi hermano, ya he esperado 112 años, no veo la necesidad de esperar otros trece. Los chicos ya han nacido, si los mato ahora no me serán un problema en el futuro.
Cruzaron la linde de la ciudad e Isabel se sintió muy débil una vez lo hizo. Tuvo las mismas visiones que años después tendrían los chicos.
—¿Qué ocurre? Estás teniendo las visiones de las que hablaban, ¿no es cierto? ¡Isi, si las estás teniendo tú, seguramente el resto de cada linaje también! No es el momento de romper el hechizo.
—No sabemos si ellos también lo están viendo, Ana, voy a matar a esos hombres y a recuperar a mi hermano.
Los videntes habían advertido a las chicas que si intentaban romper el hechizo antes de lo previsto, todo el linaje de la Fuerza de las Tres descubriría su identidad e irían a por ella, pero, aun así, Isabel hizo caso omiso y esa noche del 2011 fue a por Carlos y Federico.
Una vez llegaron a cerca de la mansión de las Culpenia, un hombre de unos sesenta años, que acababa de colgar un teléfono, se dirigía hacia ellas.
—Sabía que volverías, bruja. No dejaré que te acerques a mi hija. —El señor Culpenia se transformó bruscamente en un lobo y como Isi ya lo vio venir se apartó rápidamente y a la suficiente distancia le hizo un hechizo tan potente que le fulminó en el acto.
El padre de Raina falleció esa noche y, en la autopsia, se declaró que fue un ataque al corazón.
Isa supuso que el padre de Kenia también habría tenido las visiones, algo que se confirmó cuando le vio a él y a su mujer coger al coche camino a la mansión.
Manipuló los frenos con un hechizo y se encargó de que tras el impacto el coche ardiera.
Tras eso, abandonaron la ciudad esperando que nadie más del linaje supiese quién era ella.
—¿Era necesario todo esto, de verdad? —Ana no estaba de acuerdo con sus métodos, pero le era completamente leal a pesar de todo.
—No podía dejar que me frenaran. —Su mirada era oscura, llena de maldad, o eso trataba de ser.
De vuelta en 2022, les falaba aún por descubrir el último ingrediente del hechizo y las chicas ya estaban desesperadas.
Fueron a ver a un vidente en Nevada, ya era su última opción.
El hombre era hispanohablante, tenía un local ambientado con muchos colores y olores diversos.
Ana puso cara de asco al entrar, no le iba mucho ese rollo, era mucho más de cosas oscuras y potentes.
—Disculpe, mi nombre es Isabel, quería saber las respuestas que busco sobre mi hermano. —En estos lugares, para no ser timado, hay que dar el menor número de información posible.
El señor permanecía con los ojos cerrados, sentado en el suelo, sin decir ni una sola palabra ni gesticular.
—Vámonos, Isi, hemos venido aquí para nada. El iluminado este es un notas que no tiene ni idea de magia.
Se disponían a salir de pronto soltó una profecía,
—Las tres fuerzas del Submundo has de necesitar si a la Bestia quieres despertar. Sangre de vampiro, pelo de lobo, magia de bruja, los corazones de sus amados debes extirpar. Para la oscuridad avivar, la luz has de apagar.
Los focos dejaron de funcionar y los colores desaparecieron. Isi le preguntó a que se refería, pero un hombre las llevó a la puerta. Algún día lo descubrirían.
***
El comedor estaba repleto de niños de todas las edades.
Desde los más pequeños hasta los de diecisiete años como tenía él.
Los hermanos sentados en una esquina, solos.
Nunca habían sido de interactuar mucho, y menos teniendo en cuenta que no paraban de ir con familias de acogida y ser devueltos por su ya avanzada edad.
Ya estaban cansados de vivir ahí, se sentían como en una cárcel, pero esa noche sería la última.
Llevaban en el Orfanato de Santiago desde que tenían memoria y se conocían uno y cada uno de los milímetros de ese lugar.
El plan que estaban a punto de llevar a cabo había sido ideado por Tim hacía unos meses y ambos lo fueron puliendo juntos poco a poco.
Era la hora de irse a dormir y primero tendrían que lavarse los dientes.