El submundo: La fuerza de los tres 5 #3
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—A ver yo sé que no soy mucho de su agrado, pero ¿por qué se iba a enfadar por estar conmigo?

—Porque tiene celos de ti. —Jenny se dio cuenta tras decir eso que había hablado de más, quizás porque llevaba alguna copa encima o simplemente porque ya necesitaba estallar.

Lucas simplemente sonrió y sintió como una energía le subía por el cuerpo, las típicas mariposillas en el estómago, pero desde que habían despertado sus poderes cada sentimiento era mucho más potente, como si la magia quisiera salir de su interior.

Ninguno de los dos añadió nada más. Siguieron bailando.

Mientras tanto, Ros y Simón aprovecharon para hablar en lo que Isi estaba en el baño alimentándose de sangre de un chico al que le hizo creer que le gustaba, aunque a ojos del resto simplemente estaba meando y arreglándose.

—¿Por qué no me dijiste lo de tu padre, Ros? —el joven fue directo al grano.

—Porque no quería decirlo antes de que se hiciera realidad —«y porque estás todo el día pegado a Isi», pensó para ella misma—, pero de verdad que no hay ningún problema entre nosotros Simy, todo está bien, —ambos sonrieron, a Simón le gustaba mucho que Ros le llamara Simy,

estaba hecho un lío y entendía perfectamente su explicación.

La fiesta siguió para ellos hasta altas horas de la mañana, se lo pasaron en grande los cinco olvidándose por un momento de todos los problemas que tenían encima. Hasta Isi logró no pensar en su hermano y simplemente disfrutar junto a Simón y al grupo.

Una vez ya en el apartamento, Ros y Jenny fueron las primeras en irse a dormir porque estaban muy cansadas.

Ros quiso intentar hablar con su hermana de sus sentimientos por Simón porque por fin comenzaba a aceptarlos, pero por el alcohol y el cansancio, Jenny se quedó dormida al instante y ella siguió pensativa en la cama.

En el salón, Lucas notó la tensión que había entre Simón e Isa y decidió irse a dormir el siguiente guiñándole un ojo a su amigo antes de meterse en la habitación, tropezando con la mesa del salón por la borrachera que lleva.

Finalmente, solo quedaron dos en la sala.

—¿Te gustó tu cumple, chico friki?

—Oye no me llames así —dijo Simón con sonrisa picarona—, pero la verdad es que sí, mucho. Y sobre todo gracias por venir chica solitaria, sin ti no hubiera sido lo mismo.

Ambos se quedaron un buen rato más en el sofá riendo, hablando, muy cerca, cada vez más.

—Quizás no soy tan solitaria como crees, solo necesitaba la compañía adecuada. —Hacía mucho que no se sentía tan libre.

—Me gusta mucho oír eso. —La tensión fue a más, ninguno de los dos quería que terminase esa conversación nunca.

—Bueno, creo que es hora de irse a la cama —Isi se estaba levantando, intentando controlarse lo mínimo que podía.

—Eh… si claro. En fin, descansa. —Simón se levantó y se quedaron mirándose a los ojos. Ninguno de los dos había sentido eso nunca, vértigo, miedo, química, magia. Unos nervios recorrieron de golpe al chico, siempre había quedado de cobarde y hoy quería ser valiente.

La alta temperatura de la calefacción de la habitación se trasladó al interior de ambos.

La mano de Simón se posó en la mejilla de Isi y la de ella en el brazo del chico.

Simón bajó su cabeza y ambos comenzaron a besarse como si lo llevaran deseando años.

Ninguno de los dos pensaba, solo sentían, no podían ir contra sus sentimientos.

Sin decirse nada, sin hacer ningún gesto, ambos entraron en la habitación de Isabel.

Se quitaron la ropa, Simón sentía vértigo, nunca había estado con una chica y, de repente, se veía con la más impresionante que había conocido jamás.

Ella, por su parte, había estado con muchos chicos, pero en ninguno de sus numerosos siglos de vida había sentido lo que estaba sintiendo en ese momento.

Se metieron en la cama y ambos se dejaron llevar por la pasión de la noche.

Ros, que aún estaba despierta fue a por un vaso de agua y escuchó risas en la habitación de Isi, no le hizo falta confirmar nada más para estar llorando toda la noche.

A la mañana siguiente, todos amanecieron relativamente temprano para coger el vuelo a tiempo.

—¡Vaya noche, eh! —Lucas le dio una palmada en la espalda a su amigo el cual sonrió y salió sin camiseta del cuarto de Isi, yendo a cambiarse a su habitación antes de que despertaran las mellizas.

Ros tenía muchas ojeras de no haber dormido nada y los chicos se lo notaron, ella argumentó que era por la emoción de lo de su padre y por haberse acostado tarde.

Simón la creyó, el resto lo atribuyó al miedo que están pasando por la situación que están viviendo.

Estaban todos recogiendo el desayuno en la cocina. Ros intentaba no mirar directamente a Simón y él e Isabel habían estado tonteando todo el tiempo. De pronto, escucharon un teléfono sonar, era el de Jenny, era Javi.

—¿Javi? Más te vale tener una buena explicación para no haberme hablado en todo el finde —estaba muy enfadada, él tardó unos segundos en responder y fue conciso.

—Lo sé todo, nos vemos esta noche en el campo de tu mansión. Ven sola.

Jenny tiró el móvil al suelo, se quedó perpleja, paralizada, no entendía nada. ¿A qué se refería Javi con saberlo todo?