5 #2
El resto del día lo pasaron organizando el cumple de Simón y poniéndose al día de los últimos años.
Por su parte, Simón e Isi recorrieron la ciudad conociéndose más.
Él le contó su vida. Le dijo que se había criado con su padre porque su madre falleció cuando era pequeño, era un tema que aún no se había atrevido a contarle en estos días.
Siempre fue un chico tímido y muy introvertido.
Con Lucas hizo su primer amigo y son inseparables desde que se conocen.
Nunca había tenido novia ni nada por el estilo.
Escuchar todo eso a Isi hizo que le interesara aún más, no era su plan pillarse de un humano y menos siendo amigo de sus mayores enemigos, pero Simón tenía algo que nunca nadie había logrado ver, salvo ella.
Isabel, por su parte, le contó más cosas de su vida camuflada sin darle ciertos detalles como su edad real, que necesita beber sangre, que tiene poderes mágicos, que es la hermana de uno de los seres más poderosos que existen y que está muerta.
Le dijo que nunca se había enamorado, que había tenido novios, pero nada serio.
Eso hizo que Simón se sintiera más seguro porque al menos compartían que nunca habían tenido algo serio, a pesar de que ella sí hubiera estado con gente.
Hablaron de cómo Ana le ofreció vivir con ella salvándola de los servicios sociales cuando fallecieron sus padres.
Y es que, en cierta medida, fue al revés debido a que Ana sigue con vida gracias a ella.
Simón se sentía muy a gusto charlando con la chica.
Llevaba tantos años pillado de Ros que ya se había olvidado lo que era sentir magia de verdad, sentir esas primeras emociones al conocer a alguien, esa química.
Fue precisamente en aquella cafetería a la que habían entrado y se habían pedido un café de Lotus él y un batido de chocolate ella en el que, en un lugar tan simple, tan acogedor, la miró a los ojos y la vio manchada de la galleta del café y lo supo, se estaba enamorado de ella.
—Estás manchada —la avisó con una sonrisa angelical viendo por primera vez algo de vulnerabilidad bajo el cuero de su chaqueta y la coraza de su personalidad.
—Ay, perdón —dijo Isi limpiándose y sonriendo.
Se quedó un rato embobada con la sonrisa del joven mientras se limpiaba con una servilleta.
Él conseguía hacerla salir de la oscuridad de su vida por momentos.
De pronto, salió de su nube y le vino su hermano a la cabeza.
«No, no puedo sentir nada por él, es muy peligroso», se dijo a sí misma.
Al volver al piso, estuvieron charlando un buen rato los cinco, haciendo juegos y conociendo mejor a la nueva integrante del grupo.
La noche no se alargó especialmente porque las chicas tenían muy en la cabeza el reencuentro con su padre e Isi necesitaba alejarse un poco de Simón para no dejarse llevar por sus sentimientos.
Los chicos, por su parte, cuando se acostaron se pasaron dos horas más hablando, recordando anécdotas del pasado y criticando a profesores y compañeros del instituto. Ambos echaban de menos esas largas charlas entre los dos que cada vez eran menos frecuentes.
Se fueron todos a descansar y al día siguiente por la tarde se celebró la fiesta ya no tan sorpresa de Simón.
Por la mañana, Lucas les contó a Isi y Simón que, aparte de celebrar el cumpleaños, venían con la intención de encontrar al padre de las chicas porque llevaban tiempo buscándolo y lo habían logrado gracias a un perfil de Instagram.
—¿Cómo dices? ¡Qué fuerte! Pero si él las abandonó, ¿realmente quieren tener contacto con él? —estaba en shock.
—A pesar de haberlas abandonado, querían tener la oportunidad de hablar con él y conocerlo. Ya os lo explicarán ellas mejor, pero era justo que lo supierais.
—Pues me alegro mucho por ellas, —sonrió Isi.
—Sí y yo también, pero me extraña que no me haya dicho nada Ros. Hablaré con ella luego a la noche cuando tenga un momento.
Lucas pidió permiso a las hermanas el día anterior para comunicarle esto a sus amigos. Jenny estuvo completamente de acuerdo y, aunque a Ros no le entusiasmaba la idea, coincidió en que era lo más lógico teniendo en cuenta que Carlos va a ir de vuelta con ellos a Nevadela.
Celebraron el cumple de Simón en un salón recreativo.
Zonas de videojuegos, billar, futbolín y dardos.
El sitio perfecto para él. Simón era un apasionado de este tipo de juegos, principalmente los dardos, le entusiasmaban.
Fueron a jugar y lo hicieron en parejas: Isi corrió a por Simón sin pensárselo, cosa que no le hizo ninguna gracia a Ros; Jenny decidió ir con Lucas, ya que estaba cabreada porque desde la llamada del jueves, Javi no le había escrito ningún mensaje y le apetecía pasar más tiempo con él; Ros,
finalmente, se puso con su padre, quien accedió a ir porque las chicas estaban deseosas de pasar más tiempo con él.
Además, el hombre era muy fiestero y encajaba bien en este tipo de encuentros sociales.
Aun así, habría dicho que sí a cualquier plan con tal de pasar más tiempo con sus hijas.
La partida estaba claramente descompensada y así se notó, Isi con sus diestras habilidades por el vampirismo y Simón, por ser un jugador experto, ganaron la partida con mucha diferencia, a pesar de que Lucas no pudo resistirse a guiar algún que otro dardo con su magia al centro de la diana,
acto que para una bruja experta como Isabel no pasó desapercibido, aunque nadie más se dio cuenta.
Ros y su padre quedaron últimos por diferencia, ya que lo de la chica eran los libros no los dardos, pero les sirvió para aumentar su vínculo padre-hija.
De todas formas, quienes salieron más reforzados del juego fueron Jenny y Lucas, los cuales habían tenido una compenetración increíble.
Lucas se ganaba a la chica ayudándole a lanzar y haciendo algún conjuro que otro para que obtuviese el mayor número de puntos.
Isi grabó este momento como cualquier adolescente haría, salvo que sus intenciones no eran tan buenas.
Le envió el vídeo a Ana para que se lo enseñara a Javi y viera lo bien que se lo pasa su chica sin él.
Tras horas jugando, salieron de fiesta. Carlos se fue a casa a hacer la maleta y a descansar, ya que al día siguiente volverían a Nevadela. En la discoteca, Jenny y Lucas tuvieron varios acercamientos y esta le explicó lo mal que estaba su relación con Javi:
—Es que lleva todo el finde sin responderme. No sé si se enfadó por venir a Madrid contigo o qué, pero yo siempre tengo que pagar con sus celos y sus caprichos y estoy realmente cansada.