El submundo: La fuerza de los tres 5
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Gran Vía, 125

Los chicos habían llegado ya al apartamento que alquilaran, era amplio y de tres habitaciones, ya que no contaban con la aparición de Simón e Isi.

El viaje en avión fue algo tenso para Ros por la aparición de la muchacha y decidió ir callada prácticamente todo el trayecto.

Lucas repasó con Jennyfer el plan para encontrar a su padre, comprobando los datos que Raina les había dado.

Simón e Isa, asientos más atrás, se lo pasaron en grande jugando entre los dos a típicos pasatiempos para matar el aburrimiento como el veo-veo o las palabras encadenadas.

Si bien es cierto que él dudaba de lo que estaba comenzando a sentir, ella lo hacía aún más.

Su objetivo estaba definido y la idea de introducirse en el grupo iba viento en popa, pero no podía permitirse desarrollar más sentimientos de los necesarios, debía tener la mente fría.

Una vez allí, decidieron distribuirse de la siguiente forma: Lucas y Simón para una habitación, Jenny y Ros a otra e Isi se quedarían con una para ella sola, aunque todos sabían que seguramente a la hora de la verdad no acabarían durmiendo así.

A la entrada, se encontraba un salón bastante amplio unido a la cocina-comedor. El piso solo tiene un baño, algo que a las chicas les preocuparía un poco si no fuera porque el único objetivo de las tres era encontrar a Carlos. Una vez en la habitación, los chicos tenían una reveladora conversación:

—Gracias y perdón por todo, Lucas. Quizás fui un egoísta al pensar que te estabas alejando de mí porque me querías ocultar algo, pero no me puse a pensar todo el dolor que debes estar sintiendo por lo que le pasó a tu padre.

Valoro mucho que hayas organizado esto para mí.

—El brujo, al escuchar esas palabras, no pudo evitar emocionarse, no sabía si era por el recuerdo del reciente fallecimiento de Federico, o por el sentimiento de culpa y traición que siente por ocultarle la verdad al que consideraba su hermano.

—No es nada, tío. Te mereces esto y realmente cuando esté mejor hablaré contigo de como estoy llevando lo de mi padre.

Se produjo un silencio entre los dos, pero nada incómodo, sino consolador, ambos volvieron a tener ese sentimiento de amistad que llevaban teniendo desde pequeños. Para enfriar el asunto y dejar a un lado lo emocional, Lucas decidió cambiar de tema:

—Oye y, ¿qué os tenéis exactamente Isi y tú? —Su tono era vacilón, pero la pregunta iba muy en serio.

—¿Cómo? Nada, por ahora somos amigos y ya. —La cara del chico se había puesto roja como un tomate.

—Ya, y yo soy un brujo con poderes sobrenaturales —ambos chicos comenzaron a reírse, un momento de paz dentro del caos, unas ironías reveladoras, simplemente dos amigos con muchos sentimientos y confusiones dentro,

pero con una única verdad y es que ambos corrían mucho más peligro del que jamás pudieran imaginar.

Mientras tanto, en la habitación de al lado, las hermanas licántropas debatían sobre la veracidad de Isabel:

—No lo sé, Jenny, me parece muy sospechoso que se haya plantado aquí sin más y que todo haya empezado justo el día que ella llegó al pueblo. —Ros no dejaba de darle vueltas a la cabeza y tenía la sensación de tener al enemigo más cerca que nunca.

—Ya, Ros, yo también sospechaba mucho de ella, ¿pero de verdad crees que siendo tan lista como es se va a querer meter en la clase y, es más, en el grupo de los descendientes de las mujeres que encerraron a su hermano?

—A lo mejor todo forma parte de un plan maquiavélico suyo para acercarse a nosotras, a Simón***

—¡Ajá! Así que es eso. A ti lo que te pasa es que estás celosa porque eres incapaz de confesar que tienes sentimiento por Simón.

—No, en absoluto, es solo que… no sé, da igual, déjalo.

Ros se fue de la habitación, confusa, y comenzando a creer que todas sus sospechas realmente sí se basaban en celos.

Al otro lado de la pared estaba Isa que, con sus sentidos potenciados por el vampirismo, había estado escuchando todo lo que las chicas habían discutido y sabía que la solución para lo de Rosalía era acercarse aún más a Simón para que le diese un brote de celos y poder desacreditar todos sus

argumentos.

El grupo le estaba regalando el plan perfecto con Lucas y Simón comiendo de su mano, con Jenny loca por encontrar a su padre y con Ros celosa por su relación con el joven, nada podía salir mal.

Además, aún tiraron otra lanza a su favor y es que, tras pasar la noche, el viernes por la mañana, le explicaron a ella y a Simón que debían permanecer en el apartamento o dar una vuelta por la ciudad mientras ellos «acababan los preparativos del cumpleaños», es decir,

iban a entregarle a Carlos en bandeja.

Y así fue, el resto del día los chicos se dividieron y los descendientes de la Fuerza de las Tres fueron a la dirección que durante estos días habían estado investigando.

El piso que alquilaron estaba bastante céntrico, cerca de la zona de Lavapiés, un barrio peligroso, pero al fin y al cabo ellos tenían poderes.

La dirección que habían descubierto gracias a su madre los llevaba al puro centro de Madrid, a la calle más conocida, Gran Vía.

Era la primera vez que estaban todos en la ciudad y se quedaban fascinados con diversas tiendas, edificios, bares y plazas.

Lamentablemente, la opción de turismo no es algo que pudieran llevar a cabo en las condiciones que venían.

Al llegar a la dirección indicada. timbraron, era un edificio bastante reformado, parecía de personas con dinero, y más sabiendo la calle en la que se encontraba.

Era Gran Vía, 125. «Otra vez ese dichoso número» pensaron los chicos cuando Raina les dijo la dirección.

A pesar de nunca más haber tenido contacto con él, tenía controlado dónde residía por si alguna vez le pasaba algo.

Carlos vivía en el 4.º A, el 4 de agosto, día del cumpleaños de las mellizas, ¿casualidad?

, ya nada lo es a estas alturas. La espera a que el hombre cogiera el telefonillo fue de apenas diez segundos, pero a las chicas se les hizo eterna, tenían un nudo en la garganta debido a los nervios que estaban sintiendo.

—¿Sí? ¿Quién es? —las chicas tuvieron un vuelco al corazón al oír la voz de su padre.

—Buenos días, ¿es usted Carlos Gondriel? —Lucas habló porque sus amigas estaban paralizadas.

—Sí, ¿quién pregunta?

—Somos un grupo de estudiantes que estamos haciendo un trabajo de investigación, ¿podríamos hacerle unas preguntas?

—No, lo siento, no es buen momento —el hombre colgó el telefonillo, pero los chicos no perdieron la esperanza.

—Bueno, toca el plan B. ¡Fosgladh suas! —Lucas pronunció el hechizo concentrándose en la puerta y asegurándose de que nadie lo viera.

Se imaginó y deseó con todas sus fuerzas ver esa puerta abrirse, estiró la mano y pronunciando el encantamiento se abrió de un golpe.

Las chicas se sorprendieron del poder del chico, sin duda tenía mucho potencial.

Subieron a la cuarta planta en el ascensor y allí volvieron a llamar a la puerta. Carlos abrió y, en ese mismo instante, le reconocieron. Cerca de los cincuenta años, bajito, pelo muy corto y de un negro que salta a la vista, piel muy morena, como su hija Ros, y una mirada que sin duda heredó Jenny.

—¿Cómo han entrado? Ya les he dicho que no quiero participar en ninguna***

—Cuimhnich na dhìochuimhnich thu, thig air ais thugainn, ath-bheothaich do chuimhneachain.

Cuimhnich na dhìochuimhnich thu, thig air ais thugainn, ath-bheothaich do chuimhneachain.

Cuimhnich na dhìochuimhnich thu, thig air ais thugainn, ath-bheothaich do chuimhneachain —Lucas no le dejo terminar y apuntó con la mano a su cara pronunciando el hechizo de recuerdo que le había estado enseñando su madre.

Debía estar muy concentrado, necesitaba mucho poder.

Pero, al fin y al cabo, era un descendiente de una bruja de la Fuerza de las Tres, poder le sobraba, aunque el aún no lo supiera.

Tras el hechizo, Carlos se quedó confuso, ido, con mucho calor, algo asfixiado y comenzó a tener visiones de todo lo que había olvidado en su vida.

Raina, la boda, sus hijas, mujeres lobo, Damián…

tras unos minutos de incomprensión en lo que los chicos aprovecharon para entrar y cerrar la puerta, Carlos logró recordarlo todo.

—¿Je…Jenny? ¿Ros?

—¡Papá! —ambas emocionadas le abrazaron entre lágrimas de emoción tras años pensando que no las quería.

—No puedo creerlo. ¡Qué grandes estáis! Mis niñas… —no podía dejar de abrazarlas, estaba completamente emocionado.

Se sentaron los cuatro en el sofá para ponerse al día. Hablaron de su madre, Carlos les contó su vida en Madrid, les dijo que estaba soltero y trabajaba de abogado. Las chicas le hablaron del instituto, de Javi y de alguna que otra anécdota familiar.

Parecía que todos estaban intentando evitar el tema, Carlos pidió comida y decidió que ese era el momento de preguntarles el porqué.

¿Por qué habían aparecido allí sus hijas de repente?

¿Por qué le habían hecho recordar? Carlos no tenía miedo de preguntar, pero sí de confirmar sus sospechas.

Había llegado el momento, el despertar del Submundo de los chicos del que tanto le había hablado su mujer había comenzado, él sabía que corría peligro, lo que no se podía imaginar, es que serían sus propias hijas las que le llevaran directo al matadero.

—¿Qué hacéis aquí, chicas? Debéis decirme la verdad. El Submundo ha despertado para vosotras, ¿no es cierto? Ella ha llegado a la aldea, ¿despertó a…?

—No —Ros lo interrumpió—, pero estamos aquí porque te necesita a ti para ello.

—¿A mí? ¿Qué le puedo ofrecer yo a esa bruja?

—Eres el amor verdadero de la viva imagen de Margarita Culpenia, debe matarte al igual que hizo hace unos días con mi padre —a Lucas le caían las lágrimas y Jenny agarró su mano.

—¿Tu padre ha…? Dios cuánto lo siento, Lucas. —Carlos se levantó muy conmocionado y le dio un abrazo—. Éramos buenos amigos. ¿Y sabéis quién es ella?

—Aún no. Hay la posibilidad de que dos chicos nuevos que dicen ser hermanos puedan estar tramando algo. Pero son meras sospechas sin fundamento —apuntó Jenny. Ros quiso decir lo de Isabel, pero al final se convenció de que seguramente fueran sus inseguridades.