El submundo: La fuerza de los tres 3
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Noche de Lobos

Kenia no logra sacarse de la cabeza la imagen de esa noche.

Volvía con Lucas a casa de visitar a una amiga que vivía en otra ciudad y al llegar se encontraron el cuerpo de Federico en la entrada de su casa.

Aparcaron en la parte de fuera de la esta como de costumbre, estaban cansados por el largo viaje y con ganas de acostarse porque el joven tenía clase al día siguiente y ella trabajaba de turno de tarde en el hospital.

Se sorprendieron al ver la puerta exterior abierta porque ellos siempre acostumbran a cerrarla.

Subieron las escaleras y el corazón de ambos se paró por un segundo al ver en la entrada de la cocina el cuerpo del hombre tirado en el suelo, desangrado y con un hueco en la espalda.

—¡Federico! ¡NO! —esas fueron las palabras de Kenia antes de caer encima del cadáver de su marido entre sollozos y ponerse a abrazarlo lo más fuerte posible.

Lucas, por su parte, se había quedado más atrás, completamente en shock al ver así a su padre. Las lágrimas bajaban por su rostro y poco a poco se fue acercando a su madre sumiéndose en un devastador abrazo. Sentían como si la mano de Isabel les estuviese arrancando el corazón a ellos dos también.

—Ha sido ella, Lucas. La hermana de la Bestia ha comenzado su hechizo. Y ha ido por tu padre —la voz entrecortada de la bruja fue lo máximo que pudo decir.

Y así había sido, esa misma noche Isabel había vuelto a casa con el corazón en la mano del amor verdadero de Kenia, el primer ingrediente de su hechizo.

Lucas decidió llamar a Jenny, necesitaba oír su voz y desahogarse con ella.

Se encontraba en su casa, en la cama, hablando por mensaje con su novio, haciendo planes para el día siguiente.

De pronto, recibió la llamada entrante de Lucas.

Ella estaba enamorada de Javi, eso lo tenía claro, pero siempre había habido algo raro entre ella y su amigo, como una química especial.

Era un chico guapo, amable, bueno con los demás, gracioso...

lo que podría ser el novio perfecto. Por su parte, Javi era, como ya fue descrito anteriormente, un chico de película, por el cual todas las chicas estaban pilladas por su chulería, pero él la quería a ella.

Jenny le envió un mensaje a su chico diciéndole que esperara un segundo que su madre la estaba llamando desde el salón.

Le mintió porque era bastante celoso, sobre todo con Lucas con el cual nunca se había llevado bien del todo.

Descolgó el teléfono y sintió la respiración acelerada de su amigo. Escuchaba como lloraba.

—¿Lucas? ¿Estás bien?

El brujo no contestaba, de hecho, se puso a llorar más fuerte aún. Ella podía sentir como estaba teniendo un ataque de ansiedad al otro lado del teléfono. Oía su respiración, lo sentía como si estuviera al lado, el viento que entraba por la ventana la abrazaba como si del aire del chico se tratase.

—Me estás asustando —dijo Jenny preocupada.

—Le ha... ella le ha... —el joven no lograba acabar la frase del dolor que siente.

—Lucas, ¿qué ocurre? ¿Quién ha hecho qué? —comenzaba a perder los nervios.

—¡Le ha matado! ¡La bruja ha matado a mi padre! —tras decir esas palabras se rompió del todo y se puso a llorar desconsoladamente. Jenny se quedó en shock al escucharlo, no asimilaba lo que le acababa de contar.

—Voy ahora mismo para allá —dijo decidida y preocupada por su amigo. Pensó en tomarse un segundo para procesar lo que le acababa de contar y cuando se dio cuenta ya estaba levantada, no había tiempo para pensar.

La loba se quitó rápidamente el pijama y se puso el chándal que primero encontró. Salió corriendo de su cuarto, cogió su chaqueta y se dirigió a la cocina a avisar a su madre y hermana.

—¡Federico ha muerto! —estaba muy alterada y nerviosa.

—¿Qué? —respondió Raina sorprendida y aterrada.

—La zorra esa le ha matado, voy a ver a Lucas —no les dio tiempo prácticamente a contestarle antes de abrir la puerta para salir del apartamento.

—Espera, voy contigo, avisaré a Simón —dijo Ros cogiendo el móvil.

—¡No! Si Simón se entera de lo que ha pasado hará preguntas y Lucas quiere protegerle y mantenerle al margen de todo esto —la contradijo Jenny decidida.

—Pero es su mejor amigo y Federico era como un padre para él.

—Jenny tiene razón, debe quedarse al margen por el momento. Yo os llevo, Kenia es mi mejor amiga y esto es un duro golpe para ella. —Raina cogió las llaves del coche y se dirigió a casa de los Edevane junto con sus dos hijas.

El trayecto en el coche fue corto, pero doloroso.

Las chicas fueron calladas e intentando aguantarse las lágrimas por una pérdida tan brusca y cercana.

Al llegar a la casa, todo aparentaba normalidad, Kenia se había encargado de hacer un hechizo para limpiar toda la sangre y transportar el cuerpo de su marido a la gruta, para que ningún vecino hiciera preguntas que ellos no pudieran responder.

Las chicas tocaron el timbre y ella les abrió.

—Lo siento mucho, amiga. —Raina abrazó a Kenia, quien no hacía ningún esfuerzo en tratar de contener sus lágrimas, que se posaban en la chaqueta de su compañera.

Por su parte, Jenny miró a Lucas, estaba sentado en el sofá, este al verla fue corriendo hacia ella y los dos se unieron en un apasionante abrazo lleno de lágrimas y emociones.

Nunca habían estado tan conectados emocionalmente.

«Lo siento mucho» le susurraba ella al oído mientras él no podía parar de agradecerle haber venido.

Fue en ese momento, en el momento más duro de su vida, cuando Lucas se dio cuenta de que, no solo le gustaba, sino que llevaba años enamorado de su mejor amiga.

—¿Y ahora qué haremos? —preguntó Lucas cuando ya estaban más calmados los cinco sentados en el sofá—. No podemos decirle a la gente que la hermana del ser más poderoso del planeta ha matado a mi padre en la puerta de mi casa.

—¿Pretendéis fingir que Federico sigue vivo? —Ros no entendía las intenciones de la familia.

—No lo sé. Pero creo que esa no es buena opción, tarde o temprano la gente lo acabaría descubriendo —aportó Kenia, ya más calmada abrazada a su hijo en el sofá, con los ojos rojos y el corazón destrozado.

—Yo creo que debéis camuflar su asesinato. Hacerles creer a la gente que murió de otra manera —expuso Raina.

—¿Una desaparición quizás? —sugirió Jenny.

—No, eso atraería mucho a la policía y nos daría problemas. Haré un hechizo de magia oscura, complicado pero efectivo, llamado Leig Ort, conocido como el hechizo de apariencia, con eso conseguiré hacerles creer que en vez de una extirpación de corazón simplemente haya sufrido un infarto.

El móvil de Jenny no dejaba de sonar mientras hablaban, era Javi, quería saber por qué tardaba tanto en responder. Ella no estaba en ese momento como para explicarle las cosas y le colgaba todo el rato.

Los cinco bajaron a la gruta, gracias a que los Edevane les dieron permiso de sangre a las Culpenia, donde se encontraba el cuerpo del difunto y allí Kenia comenzó su hechizo.

Necesitó la ayuda de su hijo que cada vez controlaba más su poder.

Ambos estaban muy débiles por la pérdida que acababan de sufrir.

Juntos lograron hacer aparentar que Federico había sufrido un infarto.

La abertura de la espalda se cerró mientras ellos pasaban su mano por encima de ella y pronunciaban las palabras del conjuro.

Tras eso, le dieron la vuelta al cuerpo y las chicas les dejaron solos para despedirse.

No hablaron, solo lloraron abrazados al cuerpo mientras estaban cogidos de la mano. «No sé cómo seguir sin él» se decía a sí mismo Lucas mientras Kenia le daba sus últimas caricias. Miró a su hijo haciéndole ver que saldrán de esta unidos, aunque ni ella misma lo tenía claro.

Llamaron a la ambulancia para que certificase la defunción y poder llevarlo al tanatorio. No pidieron autopsia, por lo que quedó como si fuese un mero, simple y humano infarto.

Al día siguiente, se produjo el entierro.

Kenia y Lucas avisaron a la familia cercana del terrible fallecimiento de Federico.

Fueron a su casa a darle el pésame los familiares más cercanos y Simón, que se acercó a ver como estaba su amigo.

La situación entre los chicos fue rara porque le sabía muy mal mentirle, siempre había sido la persona más fiel a él y ahora tenía que pasar por esto solo, pero era necesario para poder protegerle.

—Tío, yo… —los dos comenzaron a lagrimar, Simón sintió que había perdido a su segundo padre y Lucas no dejaría de derramar lágrimas hasta quedar seco.

Simón se mantuvo pegado a la familia todo el tiempo hasta el entierro, lo cual le dio muchísima fuerza a Lucas y consiguió poder permanecer en su parte más humana durante eses duros momentos.

Jenny habló las cosas con Javi y le explicó que Lucas la había llamado para ir a su casa cuando su padre sufrió el infarto y le dijo que quedarían esta noche para compensárselo.

De lo que Jenny no se había dado cuenta con todo lo ocurrido es que esa misma noche sufriría su primera luna llena desde que activó su poder de loba, por lo que no podría pasarla con el chico a no ser que quisiera matarlo.

El entierro fue muy doloroso para el joven brujo y su madre.

Las lobas apoyaron lo máximo posible a la familia, aunque estaban preocupadas por lo que pasaría esa noche.

Simón, por su parte, acudió al entierro de la mano de su amigo, apoyándole como siempre había hecho, aunque no entendía por qué la noche pasada había llamado a Jenny y no a él.

Isabel también se presentó al entierro dándole sus condolencias a la familia y fingiendo estar muy afectada por el chico para así lograr introducirse más en el grupo. Incluso Javi y sus padres habían ido a la Iglesia, a pesar de sus diferencias, se conocían desde niños y presentó sus respetos.

Tras el entierro, Jenny se fue con Javi como le había prometido mientras su madre y su hermana preparaban unas fuertes cadenas en el garaje de su mansión para no hacer daño a nadie con su transformación.

Lucas y Kenia, por su parte, decidieron acompañar en la mansión a las lobas para darles apoyo en esta difícil noche y poder investigar más acerca del hechizo para despertar a Damián.

Además, así se evadían y podían intentar vengar a Federico.