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—Siento mucho todo lo ocurrido con tus padres, de verdad, Isi —le agarró la mano. Su tacto lo sintió como frío y a la vez reconfortante. Una piel suave, delicada que acompañaba a la fragancia del perfume que utilizaba con cierto olor a alguna fruta que no acababa de descifrar.
—No te preocupes, tampoco teníamos una gran relación.
Isabel apartó rápidamente la mano, no podía vincularse emocionalmente con nadie, su propósito era vengar y despertar a su hermano. Cambió rápidamente el tema de conversación a algo menos profundo.
Ella se había dedicado los siete días a seguir practicando e investigando el hechizo para traer de vuelta a su hermano.
Vivía en una casa aparentemente pequeña si la veías por fuera, parecía un simple apartamento, pero realmente era grande de más.
Según entrabas, podías ver un amplio vestíbulo con unas escaleras a la izquierda que llevaban a los tres dormitorios, una gran cocina bajo la escalera y un amplio salón si cruzabas una puerta a la derecha.
Finalmente, en frente, había una sala enorme, casi vacía, ahí es donde lo tenía.
Ahí descansaba la tumba de su hermano con él sumido en un sueño eterno.
No vivía sola, compartía casa con Ana, una vampira de 102 años (que realmente aparentaba 17 porque tenía esa edad cuando murió) que apoyó a Isi en los momentos más duros para ella y se habían convertido en inseparables.
Era algo más bajita, rubia y bastante guapa.
Habían vivido infinitas aventuras juntas y tenían un vínculo inquebrantable.
Ana haría cualquier cosa por ella. No se metió en el instituto porque prefería ser la cara oculta del plan del despertar de Damián.
Se dedicaba a ir de misiones a ver a brujos en busca de información mientras Isabel hacía su trabajo en Nevadela.
El plan de Isi era ganarse poco a poco la confianza del grupo de amigos, comenzando por Simón, por el cual había despertado un peculiar interés.
Pero ella no era tonta y sabía perfectamente que Lucas y las otras dos sospecharían de ella, lo notó en varias preguntas que le formularon y en la forma de actuar que tenían respecto a ella,
entonces decidió usar su poder para quitar todos los focos de su persona y centrarlos en los otros dos principales sospechosos, Tim y Bela.
Era lunes, y Lucas, Jenny y Ros se disponían a investigar más a fondo a sus tres principales sospechosos en clase, aprovechando que Simón tenía una consulta médica y no había podido ir al instituto. El brujo se encargaría de Isi mientras que las lobas observarían de cerca a los hermanos.
La semana anterior entera les habían ido conociendo más poco a poco y, aunque todos les cayeron bien, el interés de Isi en Simón y su forma tan peculiar de ser la habían convertido en el principal punto de mira.
Principalmente para Ros, quien había afianzado más su relación con los hermanos y no le gustaba especialmente la amistad de Simón con ella.
Iban a ir con pies de plomo y a tiro fijo a intentar obtener más respuestas, cuando se pusieron un paso por detrás.
Todo ocurrió en el recreo, Jenny y Ros decidieron hablarles a Tim y Bela con la intención de conocerlos mejor y saber más acerca de ellos y de sus antepasados.
Los chicos no habían hecho muchos amigos en lo que llevaban en Nevadela porque eran bastante cerrados e introvertidos, principalmente Sabela, que apenas hablaba.
Abrió la conversación Jenny, que era la más extrovertida de los cuatro:
—¡Hola! ¿Qué tal los primeros días de clase? Veo que quizás os está costando un poquito adaptaros.
—Hola... la verdad es que sí, somos bastante tímidos e introvertidos a la hora de hablar con gente y nos cuesta bastante integrarnos con los demás.
—Esas fueron las palabras de Tim quien se sonrojó al pronunciarlas, sonaba sincero y tenía la cabeza gacha como si se estuviese arrepintiendo al momento de iniciar una conversación de esa manera.
—Bueno, eso no es problema. Poco a poco ya veréis como os iréis adaptando. ¿De dónde venís? ¿Cómo es que os habéis mudado? —Ros miraba con desaprobación a su hermana intentando darle a entender que estaba siendo muy directa y que se notaban sus intenciones.
—Somos de Finisterre, en A Coruña —respondió Tim— y estamos aquí porque nuestros padres han encontrado trabajo en este lugar —lo dijo con un tono desconfiado, como intentando ocultar algo.
—¿En qué trabajan? —preguntó Ros al percibir dicha desconfianza, manteniendo la sonrisa intentando parecer lo más amable posible.
—Nuestra madre en el hospital, es enfermera, y nuestro padre... electricista —contestó rápidamente Bela intentando aparentar normalidad, con un tono de voz muy bajo.
La conversación continuó durante todo el recreo y las hermanas notaron que los chicos ocultaban algo, sobre todo respecto a su familia, lo que les hacía aún más sospechosos.
Los hermanos estuvieron incómodos toda la conversación, principalmente con Jennyfer, no les agradaba nada.
Rosalía sí les caía mejor, pero lo notaron más un interrogatorio que una charla para conocerse.
—¿Por qué no les hemos dicho la verdad, Tim? —preguntó Bela cuando las chicas volvieron con Lucas y se quedaron solos.
—Pues porque no quiero que la gente comience a hablar de que nos abandonaron nuestros padres nada más nacer y que llevamos diecisiete años con padres de acogida.
Hemos conseguido escapar, Bela, y tú en tres meses cumplirás los 18 y ya seremos libres y dejaremos de huir y escondernos.
Pero paso de que sepan que vamos un año atrasados ambos por culpa de las familias de acogida. —La chica asintió con la cabeza.
Por su parte, Lucas pasó el recreo con Isi, aprovecharon para conocerse más.
Le hizo preguntas similares a las que le estaban haciendo las mellizas a los hermanos.
Ella contestó a todas con firmeza, rapidez y seguridad, sin duda tenía el papel muy bien estudiado, al igual que había ocurrido con Simón en la cafetería días atrás.
Lucas parecía que empezaba a creérselo porque ella tenía una capacidad de manipulación muy alta y unas metas muy definidas.
Aun así, Isabel era consciente del interrogatorio al que estaba siendo sometida y no podía dejar ninguna pieza descuadrada con posibilidad de ser descubierta, por lo que se aseguró de que el mago dejara de sospechar de ella para siempre.
Usó una habilidad vampírica propia de la mitología de estos seres llamada la obligación, y es que mirándole fijamente a los ojos le dijo esto: «Vas a dejar de sospechar de mí y te centrarás en otros. Convencerás a Jenny y Ros de que yo no soy la hermana de la Bestia y me aceptarás en tu grupo.
Además, olvidarás que estás siendo obligado por mí, pensarás que toda la confianza en mí es fruto de la conversación y de haberme conocido más».
Y como si nada de eso hubiera pasado, así fue, Lucas se quedó convencido de que Isi era buena y así se lo hizo saber a sus dos amigas.
A pesar de que ella no tenía todo el poder de Damián porque solo compartían un miembro paterno, su padre, que era brujo, igualmente era muy poderosa por su edad, sus dotes y su vampirismo.
Esa tarde, Isabel llegó a casa y su amiga le preguntó cómo había ido, a lo que ella respondió:
—Caso resuelto, ya no sospecharán de mí, esta misma noche conseguiré el primer ingrediente de mi hechizo.
—Esa es mi chica.
Esa noche, Isa se aseguró de que Lucas estaría con su madre fuera de casa, ya que él mismo le había confesado que tenían que ir a visitar una amiga que vivía en Lugo, a una hora del pueblo.
Toda la calle estaba oscura, había ido caminando sin hacer ningún ruido y nadie pudo verla.
Las farolas apenas funcionaban, tenían una luz muy tenue.
Abrió la puerta de la verja que los Edevane siempre acostumbraban a dejar abierta y subió las escaleras que llevaban a la puerta de la casa.
Eran de mármol, de color blanco. Al llegar arriba, tocó el timbre dentro de un pequeño porche con una mesa negra al lado izquierdo de la puerta de entrada, la cual era del mismo color que la escalera.
Federico estaba dentro, en el sofá, viendo la televisión, y se extrañó de que sonase el timbre a esas horas.
Era un hombre muy confiado y decidió ir a ver quién era.
Miró por la mirilla y no la conocía, por lo que decidió agarrar un cuchillo de la cocina por si acaso y guardarlo en la espalda, estaba avisado por su mujer de todo lo que estaba ocurriendo y debía ser precavido.
Abrió la puerta. Refrescaba bastante y el olor a playa llegaba a su balcón.
Siempre que inhala ese aroma a mar le vienen a la cabeza recuerdos de su niñez, de su padre marinero. Le apasionaba navegar.
Se centró en la muchacha y la saludó:
—Buenas noches, ¿puedo ayudarte?
—Hola, soy una amiga de Lucas.
—Oh, ya veo… no está en casa, ha ido con su madre a Lugo. ¿Le dejo algún recado de tu parte? —Su pequeño Lucas, el amor más incondicional de su vida. Pondría cada día su vida en peligro sólo por protegerle.
—Sí, por favor, si es tan amable comuníquele que la hermana de Damián ha estado aquí —dijo riéndose maliciosamente. La mirada del hombre se volvió de pánico.
Le clavó el cuchillo en un acto de impulsividad, se giró e intentó escapar cerrando la puerta.
Isi se lo extirpó rápidamente, aunque con algo de dolor, pero apenas le hizo daño porque un vampiro solo puede ser asesinado por madera o fuego.
Fue tras él. Abrió la puerta de un golpe y le buscó por la casa.
Federico había ido corriendo hacia la cocina, ya que era lo que más cerca tenía.
Pensó en meterse en la cripta, pero al estar sellada por magia de sangre no podía entrar sin la compañía de su mujer o su hijo.
Trató de no hacer ruido mientras escuchaba los pasos de Isabel acercarse.
Su sudor le delataba, su respiración agitada, la sed de sangre de Isabel. Entró en la cocina y le vio agachado tras la isla. Le agarró e introdujo su mano en el corazón por la espalda atravesándolo hasta arrancárselo con sus propias manos y mientras se lo extirpaba dijo:
—El primer ingrediente, el corazón del amor verdadero de la viva imagen de Amanda Edevane.
Así fue como asesinó al amor verdadero de Kenia, al padre de Lucas, a Federico García.