El submundo: La fuerza de los tres 1
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El Despertar

Era una mañana normal como cualquier otra en Nevadela, un pueblo grande del norte de España, en Galicia.

Se caracterizaba por tener un extenso bosque que ocultaba grandes secretos, una zona exterior con casas de lo más lujosas y una zona céntrica con edificios más convencionales.

Por no hablar del precioso mar que este pueblo de costa ofrecía, con playas con gran atracción turística.

Aun así, lo que más destaca de Nevadela son sus misteriosos habitantes y los misterios que guardan cada uno de ellos.

Lucas despertaba en su cama dispuesto a ir al instituto.

Era un chico bastante guapo, de 1,76m, con el pelo negro, no muy largo y acostumbraba a llevarlo siempre algo despeinado, lo cual lo caracterizaba entre los de su edad.

Ojos de color marrón oscuro, con una mirada inocente, pero con su toque intimidante.

Delgado, un poco musculado, a pesar de no destacar por ello.

Solía vestir normal como cualquier adolescente de diecisiete años, una camiseta simple, sudadera con capucha y unos vaqueros o un pantalón de chándal dependiendo de su humor.

Vivía en una casa de gran tamaño, la cual estaba cercada por un muro blanco y una cancela de color negro.

Tenía un amplio jardín y un garaje, donde su padre trabajaba como mecánico.

Su habitación estaba al fondo, justo en frente de la habitación de invitados y al lado del baño principal.

Al avanzar por el pasillo pasó al lado del cuarto de sus padres y llegó a un amplio salón que contiene unas escaleras que llevan al desván.

Al lado de la sala, estaba la entrada principal y, a pocos pasos, la cocina.

Al entrar, se encontró a sus padres desayunando, su madre alcanza los cuarenta y dos años y, a diferencia de su hijo, tiene el pelo de un rubio que salta a la vista.

Es una mujer delgada y bastante alta, tanto como su hijo, su nombre es Kenia.

Por su parte, Federico, el padre, de unos cuarenta y cinco años y con un cuerpo muy parecido al joven, tiene el pelo del color de Lucas.

Ambos tienen una personalidad liberal y extrovertida y caen fenomenal a prácticamente todo el mundo.

Tras desayunar unas tostadas, se despidió de sus padres y se dispuso a ir al instituto. Se había quejado de una pequeña molestia en la cabeza, aunque no le dio importancia, supuso que le pasaría y salió de casa cogiendo las llaves y caminó para encontrarse con su pandilla donde siempre.

Primero, quedó con Simón, su mejor amigo, casi como su hermano.

Se conocen desde que tienen memoria y siempre han sido uña y carne.

Era un chico de la misma altura de Lucas aproximadamente y con el pelo totalmente negro y muy corto.

Nunca había sido un chico muy ligón y, de hecho, era considerado bastante friki, le gustaba leer sobre acontecimientos sobrenaturales y jugar a videojuegos.

Era un apasionado de la magia, realmente al grupo entero le interesaban este tipo de conocimientos místicos, pero a él con más pasión.

Vivía en un pequeño piso en la entrada del centro de la ciudad.

Al llegar su amigo, le dio la mano como saludo y se dirigieron a la siguiente calle para encontrarse con el resto de sus amigos.

A la vuelta de la esquina les estaban esperando Jennyfer y Rosalía, aunque eran Jenny y Ros para todo el mundo.

Eran hermanas, pero no se parecían especialmente.

Las dos eran bastante esbeltas, a pesar de que Jenny siempre había lucido más que Ros.

Tenía un cuerpo de película, moreno, de mediana altura y un pelo entre liso y ondulado acompañado por una preciosa sonrisa.

Por su parte, su melliza, era más bajita y con la piel más oscura que ella, debido a la mezcla de etnias de los padres, una madre gallega con un padre de familia sudamericana.

Tenía el pelo negro y rizado y llevaba gafas redondas negras.

Se unieron a los dos chicos en el camino a la escuela, saludándolos con un abrazo.

Simón siempre se ponía nervioso al abrazar a Ros porque desde hacía años tenía sentimientos por ella que iban más allá de una simple amistad, pero la chica, a pesar de que también se había planteado tener algún que otro sentimiento por él, nunca había sentido lo mismo.

Por otro lado, Lucas siempre ha estado colado por Jenny, pero esta llevaba un año con su novio, Javi, el cual se llevaba fatal con Lucas, por lo que había perdido toda esperanza de tener algo con ella.

Fueron paseando por el centro del pueblo unos diez minutos hasta llegar al instituto, un lugar bastante grande debido a que no hay más en todo el pueblo.

Su nombre era el IES Celtia e Breogán, haciendo referencia directa al origen celta de Galicia.

Tenía tres edificios para todos los cursos.

Los chicos cursaban segundo de bachiller en el edificio del medio, de color amarillo.

El primero y más alto era para la ESO y el tercero estaba dedicado a diversos ciclos de Formación Profesional.

Al llegar al edificio que les correspondía, estaba Javi esperando por su novia y el resto del grupo.

Un chico rubio, altísimo, de ojos azules, con un gran cuerpo...

básicamente el típico prototipo de chico que siempre vuelve loca a las adolescentes y que juega en el equipo de baloncesto.

Jenny se acercó y le besó al lado de las taquillas.

Sacaron su horario para comprobar qué clase les tocaba porque era el primer día del curso y cada año les cambiaban de aula.

Comprobó que sería en el piso de abajo al fondo, en el aula número 15.

Lucas mandó una mirada de desaprobación a Javi, quien no se había molestado ni en saludarlos.

No le caía bien a nadie del grupo realmente, pero tenían que aguantarse.

Mientras recorrían el pasillo, Lucas tuvo de nuevo ese dolor de cabeza, y esta vez acompañado por unas voces en un idioma que no logró entender: An seo romhad, tha sin ag ùrnaigh airson do chadal shìorraidh.

Aonadh bhana-bhuidsichean, bhàmpairean, agus mhadaidhean-allaidh, trì feachdan an Fho-thalamh.

Chuir sin nad chadal thu, a Bhèist. Gum cum an fhuil seo thu gu bràth.

—¿Estás bien? —Lucas de pronto volvió en sí mismo tras escuchar a Simón.

—Sí, sí, solo un dolor de cabeza pequeño.

—No sé, tío, es que parecía que estuvieras ido. —Simón se salió de la conversación al fijarse en una chica morena que acababa de pasar a su lado, con la que cruzó miradas, le pareció una de las personas más guapas que había visto nunca, pero no le sonaba de nada.

—Vamos, seguro que es de tanto viciar a la consola —cortó Javi la conversación llevándose a Jenny de la mano mientras que ella se quedaba con una cara preocupada por su amigo.

Dentro del aula, las mesas estaban colocadas de tres en tres.

Simón y Lucas se sentaban solos y Ros, Jenny y Javi compartían asiento.

A primera hora, tenían clase de historia con uno de los profesores que peor les caía de todo el instituto.

Un hombre que rondaba ya su quinta década y que tenía más ganas de jubilarse que de seguir impartiendo clase.

A su lado había tres chicos, entre ellos, la chica en la que Simón se había fijado minuto atrás.

Al empezar la clase su profesor les dijo que les tenían que presentar a tres nuevos alumnos recién llegados.

La primera era Isabel, una chica bastante alta y muy guapa, la del pasillo.

Tenía el pelo negro y liso peinado hacia un lado.

Vestía distinto a los demás, con chaqueta de cuero y unos pantalones negros también ajustados.

Llevaba unos pendientes y algunos tatuajes.

Por su actitud parecía mayor que ellos y más segura, aunque a la vez seria y misteriosa.

Se presentó diciendo que era nueva en la ciudad, que siempre había tenido que mudarse muchas veces, pero que esperaba quedarse aquí una larga temporada.

Se sentó al lado de Simón, en el hueco que estaba libre.

Mientras se acercaba, el chico se puso nervioso, más incluso que con Ros cada mañana al abrazarla.

La chica le sonrió y sintieron una extraña conexión desde el principio.

—Hola, ¿cómo os llamáis? —preguntó la chica misteriosa con tono dulce.

—Yo soy Lucas, y este es Simón —Lucas se adelantó al nerviosismo de su amigo que se limitó a sonreírle—, bienvenida. Tú eres Isabel entonces, ¿no?

—Sí, pero podéis llamarme Isa o Isi, como me llama mucha gente.

—Me gusta Isi.

Los otros dos eran hermanos, tenían un año más que ellos, nacidos en el mismo año ambos, pero Timoteo era de enero y Sabela de diciembre, anécdota que hizo que todos los chicos se quedasen sorprendidos.

Aparentaban ser muy tímidos, ya que al presentarse apenas habían dicho más que esa curiosidad y que prefieren ser llamados Tim y Bela, en vez de Timoteo y Sabela como había dicho su profesor.

Se parecían bastante, él era alto y tenía el pelo largo color castaño clarito, muy flacucho y con ropa aparentemente vieja.

Ella tenía los mismos rasgos que él salvo por la altura, que era bastante bajita.

Se sentaron separados del resto, eran bastante introvertidos.

Ocuparon los únicos dos asientos que quedaban libres al fondo de la clase junto con una chica que también parecía bastante callada.

La clase pareció hacer caso omiso a estas tres nuevas incorporaciones, ya que ninguno de ellos se mostró muy receptivo socialmente.

El grupo de los amigos del baloncesto de Javi incluso soltó alguna risa por lo bajo al ver a los hermanos cruzar el aula.

Lo que ninguno de esos alumnos podría imaginar es que en uno de esos pupitres se acababa de sentar, posiblemente, el mayor peligro de sus vidas hasta el momento.

Las cosas con Isi marchaban bien, a Simón le parecía una chica interesante y extrovertida y poco a poco se fue soltando y entablando conversación con ella.

Verlo así le producía algo de celos a Ros, pero decidió evitar esos sentimientos y atender a la clase.

Siempre había sido la más estudiosa del grupo.

A pesar de que todos eran de buenas notas, salvo Javi que rozaba el suspenso, ella nunca bajaba del sobresaliente. Sin duda, la mejor de la promoción.

A segunda hora tuvieron matemáticas y la cabeza de Lucas cada vez iba a peor, eso hizo que el chico se preocupara un poco y le costase atender en clase.

Decidió pedirle permiso a la profesora de la asignatura, la señorita María Ferreiro, para ir al baño, la cual amablemente le dio permiso aunque le advirtió que se perdería parte de la presentación de la materia.