El submundo: La fuerza de los tres Prólogo
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El submundo: La fuerza de los tres

El submundo: La fuerza de los tres

Por Xoel Eijo Casariego

© inepub.com

Prólogo

El poder, la magia, la fantasía… simples sueños hasta que se hacen realidad. Para nuestros protagonistas pasó de ser una simple afición en libros y videojuegos a ser su día a día. Esta historia comienza en 2023, al menos así será para ellos, mas la realidad es que lo hizo muchos años antes.

¿Qué es el Submundo? Nadie sabe la respuesta, al menos por ahora. ¿Es distinto a la magia? Para saber responder habría que poder definir la magia, y todos sabemos lo complicado que resulta describir una esencia sin límite.

¿Es luz u oscuridad? Quizás no existe diferencia. Nadie tiene el suficiente poder como para trazar una línea entre lo bueno y lo malo. La moral, la ética, la psicología…, el poder. La familia, el amor, la amistad. ¿Es moral matar por amor? ¿Una vida por otra? Depende de quién te cuente la historia.

El Big Bang fue el inicio de nuestra vida en la tierra, ¿nos la merecemos más que los dinosaurios acaso?

El inicio del Submundo… es muy temprano para saberlo.

Materia prima, el universo, el cosmos… esto no es una clase de física, aunque si lo fuera sería de física cuántica, eso sin duda.

¿Diferencias entre física cuántica y magia? Las que cada uno quiera ver.

No todo podrá tener respuesta en esta historia, ni en la vida misma, al fin y al cabo. A veces, no hacen falta respuestas, solo preguntas y una buena cantidad de fe.

¿Fe en qué? ¿En la vida después de la muerte? ¿En la magia? Cada uno puede tener sus creencias, sin duda. En esta historia… ya se sabrá quién lleva razón.

Las historias se dividen en partes y esta es la primera de todas, habla de ellas. Amanda Edevane, Margarita Culpenia, Katerina Drizkonea.

—¿Estáis seguras de que esto funcionará? —Margarita se mostraba temerosa.

—Es la única opción que tenemos. De lo contrario, será nuestro fin. Debemos de tener fe. —Amanda trató de tranquilizarla.

—Saldrá bien. Estoy completamente segura —Katerina era la figura decisiva de las tres, la impulsiva, la más oscura debido a su condición de vampira.

El conjuro estaba listo, llevaban meses planeando ese momento. Desde que habían descubierto el hechizo que podría detener a la Bestia, no habían parado ni un solo día en su planificación.

La noche era fría, el invierno acababa de llegar a Nevadela. Estaba todo nevado, se dirigían hacia la zona de las Runas. Era la parte del pueblo donde mayor canalización de magia había. El bosque susurraba el miedo que acechaba en el interior de las tres mujeres.

Se habían encargado de que nadie las siguiera, ya lo tenían. Estaba colgado en una de las piedras de los restos de la zona, que siglos atrás había estado fortificada. Cuando llegaron, allí lo vieron. La Bestia.

Era un ser oscuro, muy poderoso, más que nadie. Ya se habían encargado de tenerle debilitado para poder realizar el gran conjuro que lo dejaría sumido en un sueño eterno. Aparentaba la forma física de un simple joven, a pesar de la verdadera longevidad de su edad.

—No podréis conmigo, esto no será para siempre. Un día volveré y me cobraré las vidas de todos los que hayáis estado involucrados en esto. —El chico estaba encadenado en forma de cruz, el símbolo sagrado en tiempos tan religiosos como eran.

—Falacias. Con este poder no podrás volver a hacer daño a nadie, Damián Retal, Bestia del Submundo —mientras Amanda llevaba la voz cantante, Margarita lo aguantaba por si trataba de soltarse y Katerina le rajaba el cuerpo con el mismo cuchillo con el que se habían cortado la palma de sus propias

manos—.

Sangre de la Oscuridad, vencida con el poder de la Fuerza de las Tres.

La vampira, Katerina Drizkonea; la mujer lobo, Margarita Culpenia; y yo misma, la bruja, Amanda Edevane.

Damián vio entre los árboles una figura encapuchada. Estaba apuntando con sus manos a la cabeza de Amanda. Era su hermana, quería salvarlo. Tenía que evitarlo, de lo contrario, la matarían. El hechizo había comenzado y Amanda entró en trance lanzándolo:

—An seo romhad, tha sin ag ùrnaigh airson do chadal shìorraidh. Aonadh bhana-bhuidsichean, bhàmpairean, agus mhadaidhean-allaidh, trì feachdan an Fho-thalamh. Chuir sin nad chadal thu, a Bhèist. Gum cum an fhuil seo thu gu bràth

Una ráfaga de aire salió sus espaldas, levantando toda la nieve de los árboles. Katerina estaba canalizando su poder en la sangre y Margarita en la fuerza que estaba haciendo contra el cuerpo de la Bestia.

Un haz de luz salió de las manos de Amanda Edevane y se dirigió directo al pecho de Damián, quien comenzó a notar escozor y sintió que empezaba a perder fuerzas. Le dio tiempo a decir unas últimas palabras:

—Corre, hermana, ¡escapa! Os mataré a todas, volveré, no podéis matarme. Vuestras familias nunca serán felices, Amanda Edevane.

La mujer encapuchada, con lágrimas en los ojos, escapó entre los árboles. Katerina la vio, pero no podía perder la atención en la sangre.

Finalmente, los ojos de la Bestia se cerraron y cayó sumido en un sueño eterno. En ese preciso momento, cuando el hechizo acabó, las tres mujeres oyeron una voz, ninguna supo de dónde provenía, ni de quién, estaba en su cabeza.

—La Bestia ha caído, mas no ha sido derrotada.

Dentro de 125 años volverá, su hermana será el motivo de su resurgir.

La Oscuridad jamás será vencida mientras el Submundo continúe despierto.

La Fuerza de las Tres volverá a despertar y ellos, discípulos de las Fuerzas originales, serán los elegidos para detenerlo.

Después de esa hipnosis en la que cayeron las tres, acompañada de un gran dolor de cabeza, se miraron, angustiadas. No les dio tiempo a decir palabra, la mujer encapuchada volvió y usó un hechizo que hizo que las tres se desmayasen al instante, sin ni siquiera verla.

Ella también había tenido la misma visión que sus enemigas. Fue hacia la pared y soltó el cuerpo de su hermano. Cogió su cabeza y le hizo una promesa.

—Hermano, hoy han podido con nosotros. Mas te juro que te traeré de vuelta. Removeré cielo y tierra para conseguir que vuelvas a mí. Dentro de 125 años volveré a Nevadela y me enfrentaré a quien deba enfrentarme, nada ni nadie podrá frenarme. Nunca.

La mujer cogió el cuerpo de su hermano y se dispuso a huir del pueblo. Desde ese día, Nevadela fue un pueblo de luz, pero la oscuridad nunca muere, y un grupo de amigos adolescentes está a punto de vivirlo en sus propios huesos.