Capítulo 35 — Los tres días previos
Los tres días antes del solsticio fueron días de preparación intensa.
Ixcoy trabajó en las condiciones óptimas de observación para el solsticio mismo: quería documentar la mayor cantidad posible de datos durante la ventana de tiempo limitada en la que el sistema funcionaría con su resolución máxima.
Preparó una lista de mediciones para realizar simultáneamente desde varios puntos, lo cual exigía coordinar a varias personas.
Elías preparó su propio protocolo de observación.
Quería medir los parámetros fisiológicos de todos los miembros del equipo presentes en la sala durante la ventana del solsticio: frecuencia cardíaca, conductancia cutánea, frecuencia respiratoria.
Esas mediciones se compararían con las líneas de base recopiladas durante las semanas anteriores.
Si la exposición a los infrasonidos amplificados en el solsticio producía efectos medibles, los datos permitirían documentarlo.
Ixchel escribió el protocolo general de la sesión del solsticio.
Definió las posiciones de cada persona, las secuencias de observación, las prioridades en caso de datos contradictorios.
Estaba acostumbrada a ese tipo de planificación: las misiones en terreno difícil exigían una preparación que dejaba lugar a lo imprevisto sin ser ella misma imprevista.
Menéndez se integró al equipo sin dificultades particulares. Tenía sus propias observaciones que realizar, sus propias preguntas que verificar. Las llevaba adelante con una independencia respetuosa: no pedía permiso en cada paso, pero informaba a Ixchel de lo que hacía y por qué.
Una noche, le dijo a Ixchel:
—Pasé quince años evaluando misiones arqueológicas.
Vi extraordinarias y decepcionantes. Lo que hicieron aquí —la forma en que trabajaron, el protocolo que mantuvieron, el rigor que le impusieron a su equipo en condiciones difíciles— es buen trabajo.
Independientemente de lo que encontremos en el solsticio.
—Gracias —dijo Ixchel.
—No es un cumplido. Es una observación.
Ella sonrió.
—Lo sé. Por eso le doy las gracias.
* * *
La noche antes del solsticio, Ixchel no durmió bien. No era ansiedad: conocía la diferencia entre la ansiedad y la anticipación. Era anticipación. Una tensión productiva que mantenía la mente activa sobre lo que estaba por venir.
Se levantó antes del amanecer y salió de la tienda. El campamento dormía. La selva tenía sus ruidos de madrugada: más densos, más misteriosos en la oscuridad previa al amanecer que en la noche cerrada. Se sentó sobre una caja y miró hacia la pirámide, invisible en la oscuridad.
Pensó en la pregunta que Elías había hecho una vez, hablando de otra cosa: ¿por qué construir un instrumento diseñado para durar mil años?
Ella había respondido: para medir algo que cambia lentamente.
Pero tal vez no era la única respuesta. Tal vez había otra: porque se quería que alguien más pudiera usar el instrumento después de uno mismo.
La idea de transmitir algo. No un relato, no una creencia, no un símbolo. Una herramienta. Una herramienta que le permitiría a desconocidos, en un futuro imposible de imaginar, ver algo que sus creadores habían considerado importante ver.
No sabía si los constructores habían pensado en ella —en ella y en su equipo, en ese momento preciso— cuando construyeron ese lugar.
Pero sabía ahora que ella pensaba en ellos.
Y que había en ese pensamiento algo que no había sentido a menudo en veinte años de arqueología: gratitud.
Gratitud hacia alguien a quien nunca conoció y que nunca conocerá, y que sin embargo había hecho posible algo importante.
Elías llegó en silencio y se sentó a su lado.
—Tampoco puedes dormir —dijo.
—No.
—Ixcoy también está despierto. Me mandó un mensaje para preguntarme si los sensores fisiológicos estaban cargados.
—Están cargados.
—Se lo dije.
Se quedaron sentados sin hablar un momento. El amanecer empezaba a insinuarse a lo lejos, un leve cambio en la calidad de la oscuridad más que una luz todavía visible.
—Salvador también está levantado —dijo Elías—. Está al borde del campamento, mirando hacia la pirámide.
—Lo sé. Lo oigo.
—¿Crees que sabe algo que nosotros no sabemos?
Ixchel pensó la respuesta antes de darla.
—Creo que sabe lo mismo que nosotros. Pero lo supo de otra manera y desde hace más tiempo.