Capítulo 16 — Mediciones
Al día siguiente, Ixcoy pidió una serie de mediciones adicionales que Marco y Daniela no habían realizado porque no figuraban en el protocolo base.
Las explicó con precisión. Quería las distancias exactas entre cada aparición del grupo de incisiones que había identificado el día anterior —los diecisiete grupos similares repartidos en las cuatro paredes.
También quería los ángulos de las incisiones respecto a la horizontal, para cada grupo por separado.
Marco tomó nota y empezó el trabajo sin comentarios. Ese tipo de relevamiento exigía varias horas y atención sostenida. Instaló su equipo en la sala principal y trabajó de manera sistemática, sección por sección, durante toda la mañana.
Daniela tomó fotografías adicionales a pedido de Ixcoy, concentrándose en las zonas de transición entre las secciones densas y las secciones sin incisiones.
Trabajaba con una lámpara orientable de brazo articulado que había llevado justamente para ese tipo de trabajo preciso y que permitía controlar con exactitud el ángulo de la luz sobre cada centímetro cuadrado de superficie.
Ixcoy, mientras tanto, trabajaba en su computadora dentro de la tienda principal.
Había empezado a construir un modelo digital de la sala a partir de los datos de Marco, incorporando las posiciones de las incisiones documentadas por Daniela.
Todavía no era un modelo completo, solo una primera aproximación que le permitiría ver si las distribuciones correspondían a algo conocido en su campo.
Elías pasó la mañana haciendo lo que siempre hacía: circular, observar, intervenir cuando era útil.
Un porteador tenía un pequeño corte en el pie izquierdo, descuidado desde el día anterior, que empezaba a mostrar signos de infección superficial.
Lo limpió, aplicó un antiséptico, colocó un vendaje oclusivo y dio instrucciones precisas.
—Mañana por la mañana me lo muestra. Si está rojo o caliente, no negociamos.
—Va a estar bien —dijo el porteador.
—Puede ser. Pero va a estar mejor con los cuidados correctos ahora que con los cuidados incorrectos dentro de dos días.
Siguió su recorrida. Se detuvo un momento cerca de la entrada de la estructura y escuchó los sonidos que venían de adentro: el ruido del trabajo de Marco, el movimiento de la lámpara de Daniela, el eco de sus respiraciones en la piedra.
Esos sonidos normales en un espacio que no estaba hecho para ellos producían una impresión difícil de definir.
No extrañeza. No inquietud. Más bien una sensación de leve desajuste, como si faltara algo o como si algo sobrara.
Anotó esa impresión en su cuaderno. Todavía no sabía si tenía algún valor o si era simplemente su propia proyección sobre un entorno poco familiar.
En medicina, la distinción entre una observación clínica y una proyección personal era fundamental y a menudo difícil de establecer. Aplicaba el mismo principio aquí.
* * *
Los datos de Marco llegaron a media tarde. Ixcoy los incorporó a su modelo y se quedó en silencio frente a la pantalla durante veinte minutos. Ixchel pasó y se detuvo.
—¿Algo?
—Tal vez. Mire.
Le mostró la pantalla. El modelo representaba el plano de la sala con las posiciones de los diecisiete grupos de incisiones marcadas. Entre ellas, Ixcoy había trazado líneas que conectaban los grupos según varias configuraciones posibles.
—Estas líneas no corresponden a nada evidente —dijo—. Ni un cuadrado, ni un círculo, ni una figura geométrica clásica. Pero mire las distancias. Hay una que se repite.
Señaló un valor numérico que aparecía en la parte inferior de la pantalla.
—Esta distancia aparece entre siete pares distintos de grupos de incisiones. Cada vez con una variación menor al dos por ciento. En un espacio construido con la precisión de este, no puede ser accidental.
Ixchel miró las líneas en la pantalla.
—¿Qué significa?
—Todavía no lo sé. Pero significa que las incisiones se colocaron según una métrica. Una unidad de medida propia de esta construcción. Lo cual significa que la construcción obedece a un sistema de proporciones internas, independiente de cualquier patrón externo.
—Una arquitectura autorreferencial.
—Exacto. La estructura se define a sí misma por sus propias relaciones internas. No en relación con algo exterior.
Elías, que escuchaba desde su silla al otro extremo de la tienda, intervino.
—En biología a eso le llamamos homeostasis. Un sistema que mantiene sus propios parámetros con independencia de las condiciones externas.
Ixcoy lo miró.
—Es una analogía interesante. Pero para que sea válida, la estructura tendría que ser capaz de responder a perturbaciones. ¿Observamos algo parecido a eso?
Silencio.
—No directamente —dijo Ixchel finalmente—. Pero no lo busqué.
—Yo sí —dijo Elías—. Y creo haber observado algo. Pero todavía es muy preliminar.
Lo miraron. Les contó sus observaciones sobre el comportamiento del equipo.
Lo hizo con la precisión metódica de un clínico que reporta observaciones: lo que había visto exactamente, en qué condiciones, con qué frecuencia, distinguiendo con cuidado lo que era medible de lo que solo era impresionista.
No sacó conclusiones. Presentó los datos.
Ixcoy escuchó sin interrumpirlo. Cuando Elías terminó, dijo:
—Es coherente con lo que veo en los datos. Si la estructura obedece a una lógica de sistema autorreferencial, podría tener efectos sobre los sistemas que interactúan con ella. Incluidos los sistemas biológicos. Incluidas las personas.
—Está diciendo que la sala afecta a la gente que entra en ella —dijo Ixchel.
—Estoy diciendo que los datos sugieren una correlación. No es lo mismo. Una correlación exige investigación. No permite concluir.
—¿Es suficiente para cambiar nuestro protocolo?
Ixcoy lo pensó.
—Sugiero agregar mediciones sistemáticas. No evitar la sala. Los datos de Elías son demasiado preliminares para justificar una restricción. Pero suficientemente interesantes para justificar una documentación más rigurosa.
—Estaba pensando lo mismo —dijo Elías.