Las Sombras que Siguen
La noche anterior había sido tranquila. Demasiado tranquila.
Esa sensación los acompañó al amanecer, cuando retomaron el camino por un sendero estrecho flanqueado por helechos que les llegaban a la cintura.
El rocío brillaba sobre las hojas como diminutos espejos, y a cada paso el suelo exhalaba un olor fresco a tierra viva.
Pero algo los observaba.
No había pasos, ni crujidos de ramas. Solo la certeza de miradas que se mantenían fuera del alcance de la vista.
Samvarg y Valgor lo percibieron primero; su vínculo mental transmitió un murmullo grave a Kael y Thoren, un aviso sin palabras.
Lira sintió que Lume, a su lado, reducía la intensidad de su luz, como si no quisiera llamar la atención.
Entre los árboles, a la derecha del sendero, algo se movió.
No era grande como un titán, pero sí lo suficiente para partir un tronco joven al pasar.
Apenas alcanzaron a distinguir un destello de piel nacarada, y un instante después, un par de extremidades largas, delgadas como ramas, se retrajeron en la oscuridad.
Más adelante, cerca de un arroyo, la presencia se hizo más clara: criaturas esbeltas, de cuerpo casi translúcido, con cabezas alargadas y ojos sin pupilas que brillaban con un blanco azulado.
Se movían como si flotaran, aunque sus patas terminaban en garras curvadas capaces de destrozar la corteza de un árbol en un segundo.
No atacaban. Solo seguían.
El grupo continuó, manteniendo el paso y sin girar demasiado la cabeza. La luz que atravesaba el follaje caía a ráfagas, iluminando por momentos esos cuerpos pálidos antes de que se fundieran otra vez con la penumbra.
—Nos están midiendo —murmuró Kael, apenas audible. Thoren no respondió, pero su mano formo una pequeña daga de piedra.
Cuando el sendero se abrió a un claro, las criaturas se detuvieron en el límite de la vegetación. Ninguna cruzó a la luz directa. Allí quedaron, como sombras indecisas, mientras el grupo se alejaba.
No las volvieron a ver el resto del día. Pero el bosque parecía más callado de lo normal, como si todo lo que vivía allí también estuviera escuchando sus pasos.
El sendero se ensanchó hasta convertirse en una llanura cubierta por un tapiz de hierba plateada. A cada paso, las hojas se doblaban suavemente y, cuando Lira las rozaba con las manos, estas emitían un leve destello verdoso antes de volver a su tono natural.
Lume caminaba junto a ella, su luz fluctuando como si respondiera a un latido invisible. Samvarg y Valgor los seguían a cierta distancia, atentos pero relajados, como si el peligro que los había seguido antes se hubiera quedado atrás.
Lira cerró los ojos por un instante. El viento se coló entre sus dedos, jugando con su cabello, y con él vinieron imágenes fugaces: …una sala blanca iluminada por lámparas frías. …manos enguantadas ajustando una máscara sobre su rostro. …y una voz mecánica que decía su nombre, no Lira, sino Ara.
El recuerdo se desvaneció antes de que pudiera retenerlo. Abrió los ojos y vio, a pocos metros, un árbol enorme de corteza blanca y raíces que emergían del suelo como serpientes petrificadas. Se acercó, y sin pensarlo, apoyó la palma contra la madera.
El mundo pareció detenerse.
Un murmullo profundo recorrió su mente, como si el árbol le hablara sin palabras. Sintió el paso de las estaciones a través de su savia, la memoria de tormentas y sequías, y también… la sombra de figuras metálicas, ajenas al bosque, que habían pasado por allí mucho tiempo atrás.
Lume se acercó y rozó el tronco con el hocico. Su luz aumentó, envolviendo a Lira y al árbol en un resplandor cálido. El viento cambió, trayendo el aroma de flores que no veía en los alrededores.
Kael y Thoren se detuvieron a observarla, sin interrumpir. Samvarg y Valgor intercambiaron una breve comunicación mental, pero permanecieron en silencio.
Cuando Lira retiró la mano, algo había cambiado en su mirada. No era claridad total, pero sí una certeza: el bosque la conocía… desde antes de que ella recordara quién era.
Y en algún lugar, bajo esas raíces, dormía algo que todavía no comprendía.
El sol caía bajo, tiñendo el cielo de un naranja suave, cuando el bosque se abrió para revelar un lago enorme. La superficie del agua estaba tan quieta que reflejaba el cielo como un espejo, roto solo por las ondas de aves de plumas iridiscentes que surcaban la orilla en busca de insectos.
Lira fue la primera en acercarse, con una sonrisa apenas visible. —Necesitamos esto. —Se quitó las botas y hundió los pies en el agua—. Vamos, hay que refrescarse… y quitarnos un poco de todo este polvo.
Thoren levantó una ceja. —Pero, eres una chica. No sería… apropiado.
Lira se volvió hacia él con una media sonrisa, inclinando la cabeza. —Bueno, no sería la primera vez…
Thoren parpadeó, quedándose sin palabras. Su mente viajó sin querer a aquel día, en el río, cuando creyó que ella no se había dado cuenta de que la observaba desde la orilla. Un instante que había guardado en secreto… hasta ahora.
—¿Qué…? —balbuceó, pero Lira ya se había girado para entrar al lago, como si nada hubiera pasado.
Kael, que no entendía la tensión, rio. —Pues si ustedes no se atreven, yo sí. —Se lanzó de golpe, levantando una ola que mojó a Lira hasta la cintura. Ella le devolvió la jugada con una patada bajo el agua.
En la orilla, Lume bebía en silencio, su luz expandiéndose sobre la superficie como un halo. Samvarg se echó cerca del borde, hundiendo el hocico en el agua para refrescarse, mientras Valgor simplemente se tumbaba a la sombra de un árbol, con los ojos medio cerrados.
El agua estaba fría, pero no helada. Cada chapoteo se mezclaba con risas y salpicaduras que rompían el silencio del bosque. El cansancio de los últimos días parecía disolverse con cada ola.
Aprovecharon para lavar sus ropas también, o lo que quedaba de estas.
Al final, cuando el sol comenzó a ocultarse del todo, los tres salieron del lago. Thoren se encontró con la mirada de Lira un segundo más de lo necesario. Ella no dijo nada, pero la chispa de diversión en sus ojos lo dejó aún más desconcertado.
El viento sopló suave, y la laguna volvió a quedar quieta, como si nada hubiera pasado… aunque en la mente de Thoren, algo sí había cambiado.