El Silencio del Sin Rostro (La Guerra de los Eternos 1) Colapso
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Colapso

Varios minutos después, lejos del campo de batalla, el humo ya era solo una mancha lejana en el horizonte. Thoren no pudo más, se apoyó contra una pared derruida y escupió un hilo espeso de sangre negra. Sus manos temblaban, aunque intentaba ocultarlo. Lira lo vio y se acercó sin pedir permiso.

—No habías recibido atención desde la pelea —dijo ella, acercándose más—. No pienso dejarte así.

Él no protestó, pero tampoco la miró. Kael se acercó, colocándose del otro lado, en silencio. Entre los dos lo sostuvieron mientras Lira cerraba heridas profundas y reparaba la piel quemada, el halo de Lume envolviendo a los tres.

Cuando terminó, Thoren respiró más hondo, pero no dijo gracias. Solo miró al suelo, y en esa mirada había algo más peligroso que la ira: paciencia.

Paciencia para el día en que volvería a encontrarse con Rykan.

La llovizna fina se convirtió en aguacero sin previo aviso, como si el cielo se hubiera roto por completo. El agua golpeaba con fuerza sobre la piedra calcinada, arrastrando riachuelos negros de ceniza y sangre.

Thoren permanecía de pie, quieto, aún con fragmentos de roca fundida adheridos a su piel. Su respiración era lenta, controlada, pero bajo esa máscara de calma había un cansancio que le pesaba en los huesos.

Lira seguía apoyando su mano en el brazo pétreo de Thoren. Él no la apartó, pero tampoco la miró.

—No iba a dejar que murieras así, Thoren… —murmuró ella, sin mirarlo a los ojos.

—No iba a morir. —Su voz fue grave, seca—. No frente a él.

Lume estaba junto a ellos, su luz oscilando con más intensidad, como si respondiera a las palabras de Thoren.

A unos pasos, Samvarg se acercó con una lentitud inusual. El lobo de hielo inclinó la cabeza hacia Kael, sus ojos brillando con una mezcla de orgullo y preocupación.

—“Sigues vivo” —resonó su voz en la mente de Kael, grave como el viento invernal—. “Eso basta por ahora”

Valgor llegó después, su imponente figura manchada de quemaduras y fisuras que aún exhalaban humo. Bajó su cabeza masiva hacia Thoren, y su voz profunda retumbó como un trueno apagado.

—“La ciudad cayó… pero tú seguiste en pie” —Se permitió una pausa—. “Esa es la diferencia entre un portador común… y un verdadero pilar”

Thoren no respondió. Solo asintió una vez, breve.

El silencio entre todos fue roto por el eco distante de un muro derrumbándose en algún punto de la ciudad muerta. Ningún dron en el cielo. Ningún grito humano. Solo ellos… y el enemigo que ahora los observaba en silencio.

Lira apartó las manos del torso de Thoren. Él dio un paso al frente, probando la firmeza de sus piernas, y luego miró a Kael.

—Nos vamos.

Kael asintió.

Thoren caminó hacia donde Samvarg y Valgor esperaban, y los titanes se pusieron en marcha con ellos. Lume se adelantó, guiando el paso como una luz en medio de la bruma.