Ruido Bajo la Piel
El bosque dormía. Pero Lira no.
Despertó bruscamente, con el corazón desbocado. El rocío todavía cubría las hojas cercanas, las raíces se entrelazaban bajo su cuerpo como un lecho natural. Por un instante creyó que todo estaba bien. Los animales se habían retirado.
Algo no estaba bien.
Un zumbido sordo, agudo, comenzó a vibrarle en la base del cráneo. Primero leve. Apenas una molestia.
Pero crecía. Con cada latido, con cada intento de respirar.
—Ngh... ¿qué es esto…?
Se sujetó la nuca con ambas manos. Se puso de rodillas. El zumbido se tornó un latigazo eléctrico, pulsando como un tambor de guerra dentro de su cabeza.
Zzzzzzzhhh…ZHRRRK. ZHRRRK.
Como si mil agujas bailaran entre su médula.
Entonces llegaron los recuerdos.
Imágenes, voces, flashes. Fragmentadas, rotas, erráticas.
“Objetivo prioritario: eliminar a los portadores de Hielo y Tierra.” “No debes dudar.” “Eres una herramienta. Un arma.” “Eres Ara.”
La vio. A sí misma, de pie frente a Kael, con sus manos hundidas en su pecho helado, mientras él se desplomaba con los ojos abiertos.
Vio a Thoren, gritando su nombre… antes de que una explosión de raíces lo partiera en dos.
Lira cayó hacia adelante, jadeando. Su cuerpo entero convulsionaba.
—¡NO! ¡NO QUIERO! —gritó con una voz rasgada— ¡No soy esa! ¡NO SOY ESA!
Pero el zumbido rugía como si fuera la voz de la ciudadela misma.
“Activa el protocolo. Elimina. Elimina…”
La flora alrededor reaccionó. Las ramas más cercanas se estremecieron. Las hojas temblaron. Unas se marchitaron. Otras se alzaron como cuchillas.
Lira se arrastró hasta un charco de agua turbia. Se vio reflejada.
Y no era ella. Sus ojos eran rojo sangre. Las venas del rostro resaltaban como raíces negras. Un leve destello metálico palpitaba en su cuello, justo entre dos vértebras.
La rabia la inundó.
Agarró una rama seca, quebrada y afilada. —¡NO! Se la clavó en la nuca.
Un grito animal brotó de su garganta mientras rasgaba su propia piel. La sangre manó en hilos gruesos. El dolor fue puro, afilado, brutal.
—¡No van a controlarme! —jadeó, sujetando el trozo de rama mientras escarbaba, rompiendo piel, tendón, y… finalmente, hueso.
El chip chilló dentro de ella. Una voz digital deformada repitió:
“Protocolo de emergencia. Autonomía negativa. Ejecutar comando de reactivación.”
—¡No soy una maldita máquina! —gritó.
Las raíces del suelo estallaron, como si el bosque gritara con ella.
La rama crujió entre sus dedos cuando llegó al núcleo. La columna cervical, hinchada, temblaba. Un pequeño panel metálico brillaba entre tejido muscular, incrustado como una enfermedad.
Con una última fuerza, Lira canalizó su poder a través de la mano. La energía de la naturaleza le ardió en el brazo. Le quemó el cuello por dentro.
El chip saltó, literalmente, expulsado con un estallido de humo negro y sangre.
Lira cayó al barro. Convulsionando. Sangrando. Vomitando.
Y entonces… silencio.
Nada.
Ni el zumbido. Ni las voces. Solo su respiración… cortada. Agitada. Libre.
La flora empezó a acercarse. Lenta. Las raíces ya no la rechazaban. Pequeñas flores se abrieron a su alrededor, temblorosas. Como si el bosque la examinara, dudando si aún era parte de él.
Lira escupió sangre. Se intento incorporar lentamente mientras temblaba.
Sus ojos… ya no eran rojos. Ahora brillaban verdes.
Alzó el chip quemado con dedos ensangrentados. Lo sostuvo frente a su rostro. Y lo aplastó con la palma.
—No más cadenas…
Murmuró. Se abrazó a sí misma. Gimiendo.
Y entonces, gritó.
—¡NO ME VAN A CONTROLAR! ¡YA NO MÁS! ¡NO MÁS ÓRDENES! ¡NO MÁS MUERTES!
El bosque tembló. Pájaros salieron volando. Las ramas se inclinaron, como si escucharan su furia.
—¡Mi nombre no es Ara!
Una onda expansiva de color verde hizo volar todo a su alrededor, los árboles se quebraron en mil pedazos. La fauna huyo en todas direcciones.
Se tambaleó, el pecho subiendo y bajando como un tambor de guerra.
Y entonces, con una última exhalación, alzando la voz hasta quebrarse:
—¡MI NOMbrE ES LIRA!
El viento se alzó en torno a ella, como si por fin el mundo la reconociera.
Pero estaba ya muy débil, no le quedaba mucho tiempo.