CAPÍTULO 24 Quien buscaba antes que ellos #3
La misma tentación que había criticado durante días.
Precisamente por eso se obligó a detenerse.
—Dice con seguridad TIAGO.
—Y antes hay restos —dijo Adrián.
—Sí.
Nada más.
Nuria observó.
—Si fuera Santiago...
—Entonces tendríamos que saber de qué fase es la inscripción y hacia qué dirección estaba orientada la piedra.
Lucía no permitió que el nombre resolviera todo.
La pieza podía haber sido recolocada.
Ya habían aprendido suficiente.
El texto necesitaba contexto.
Siempre.
Clara encontró en la ficha fotográfica una nota:
«Cara inscrita orientada hacia quienes llegaban desde el paso inferior según inventario antiguo.»
Lucía se quedó inmóvil.
Eso sí era muy fuerte.
La inscripción estaba diseñada para ser vista por quienes se aproximaban.
No desde la ciudad hacia fuera.
Desde el camino hacia el interior.
Si la palabra terminaba en TIAGO, la interpretación como indicación hacia Santiago o hacia la iglesia ganaba plausibilidad.
Pero todavía no sabían la forma completa.
Adrián observó.
—Entonces la piedra puede ser la señal del quiebro.
—Sí.
Ahora podían decir que era una candidata extremadamente sólida.
Quizá la misma pieza documentada siglos antes.
La cadena de traslados y la posición encajaban.
La inscripción orientada hacia quienes llegaban reforzaba.
No necesitaban exagerar más.
Nuria miró la fotografía.
—Álvaro lleva años buscando esto.
—Nosotros llevamos días.
—Eso no es lo que quiero decir.
Lucía la miró.
—¿Entonces?
Nuria tardó.
—Él no empezó con el blog.
—¿Cómo lo sabés?
—Porque una vez me dijo que había visto la referencia cuando Manuel y yo todavía no habíamos publicado nada.
Eso significaba que Cid llevaba mucho más tiempo detrás de la pieza de lo que habían supuesto.
Lucía preguntó:
—¿Cuánto?
—No lo sé exactamente.
—¿Diez años?
Nuria asintió lentamente.
Quizá más.
Eso cambiaba el título del capítulo.
Quien buscaba antes que ellos.
No era una figura que hubiera aparecido después de leer las investigaciones de Varela.
Álvaro Cid había seguido la señal desde mucho antes.
El blog había sido para él una interferencia o una oportunidad de contraste.
Quizá por eso enviaba pistas parciales.
Veía a otros acercándose a una pieza que consideraba su propia línea de trabajo.
Lucía no quería convertirlo en villano por eso.
Los investigadores podían trabajar años sobre un tema y sentir que alguien más estaba entrando en su territorio.
El problema no era la competencia intelectual.
Era haber cruzado una puerta que no tenía autorización para cruzar y retirar un documento.
Eso seguía siendo responsabilidad suya.
Pero no definía necesariamente todo su trabajo.
Clara encontró una referencia final en la ficha moderna.
«Ubicación actual: lote 47-B.»
Lucía se quedó inmóvil.
Ahí estaba.
La piedra tenía una ubicación de almacén.
No exacta para el público.
Pero sí suficiente para que el personal patrimonial pudiera localizarla.
No necesitaban seguir conjeturando.
La pieza existía.
Estaba registrada.
Y seguía bajo custodia.
Adrián observó.
—Entonces no hay carrera.
—No.
Eso era casi un alivio.
Nadie podía llegar primero y llevársela.
La piedra no estaba abandonada en un muro.
Estaba dentro de un sistema patrimonial.
Lo que faltaba era identificarla correctamente.
Nuria miró el número.
—Álvaro va a pedir verla.
—Y nosotros también.
Pero por vías normales.
La diferencia era fundamental.
Lucía pidió a Clara que iniciara la consulta correspondiente.
Después volvió a la fotografía.
...TIAGO
Una palabra casi completa.
Quizá.
La señal podía haber sido tan sencilla como eso.
Una dirección.
Un nombre reconocible.
Una ayuda para alguien que llevaba días o semanas viajando hacia una ciudad que todavía no podía ver con claridad.
Nada oculto.
Nada reservado.
Pero si la piedra estaba situada en el punto correcto y su cara inscrita correspondía a la fase adecuada, podía demostrar dónde ocurría uno de los últimos giros antes de alcanzar el entorno catedralicio.
Eso era suficiente para corregir décadas de mapas.
El teléfono de Nuria vibró.
Leyó.
—Es Álvaro.
Lucía levantó la vista.
—¿Qué quiere?
Nuria mostró el mensaje.
«Ya sé que encontraron el inventario. Antes de que publiquen nada, tienen que ver la otra cara.»
Silencio.
Adrián frunció el ceño.
—¿Otra cara?
Nuria escribió:
¿Qué hay?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
«La razón por la que Manuel dejó de creer en nuestro mapa.»
Lucía se quedó inmóvil.
No preguntó qué decía.
No todavía.
Habían aprendido demasiado para aceptar otra frase misteriosa como guía.
Miró la fotografía del bloque.
Si la otra cara conservaba algo, lo verían cuando correspondiera.
Con autorización.
Con la pieza documentada dentro de su lote.
Y sabiendo ya de dónde había salido.
Porque Álvaro Cid había cometido precisamente el error que Manuel intentó evitar durante sus últimos años de investigación.
Había buscado primero la piedra.
Ellos, en cambio, estaban llegando a ella después de reconstruir la ciudad que le había dado sentido.
Y esa diferencia podía decidir qué historia terminarían leyendo sobre su superficie.