El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 3 #2
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Riveiro calculó utilizando los linderos documentados.

El punto quedaba muy cerca del lugar donde el trazado cambiaba ligeramente de dirección antes de aproximarse al entorno catedralicio.

No era una curva pronunciada.

Pero para alguien que llegara sin conocer la ciudad, la decisión podía importar.

Seguir recto habría conducido hacia otro espacio.

Tomar el quiebro mantenía la aproximación correcta.

Lucía sintió una primera intuición fuerte.

La reprimió.

—Necesitamos demostrar que una señal era necesaria allí.

No bastaba con que resultara conveniente desde un mapa moderno.

Había que encontrar evidencia histórica.

Clara regresó a los documentos de circulación.

Una referencia apareció en una relación destinada a ordenar el paso durante una celebración:

«Quienes vienen de fuera tomen el giro donde está la piedra.»

Nadie habló durante varios segundos.

La frase era sencilla.

No describía forma ni símbolo.

Pero vinculaba una piedra con una decisión de recorrido.

Eso era exactamente lo que necesitaban.

Adrián apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Ahí está.

Lucía continuó leyendo.

—Todavía no sabemos si es la misma.

—Está en el giro.

—Sí.

—Y el inventario habla de una piedra marcada junto al quiebro.

—Sí.

—¿Cuántas pueden haber?

Lucía lo miró.

—No lo sé.

Era frustrante.

Pero no podían convertir probabilidad en certeza.

Riveiro superpuso ambos documentos cronológicamente.

La referencia a la piedra orientadora era bastante anterior a la construcción.

El inventario posterior describía una piedra marcada en el mismo sector.

Entre ambos existía un intervalo considerable.

Podía ser la misma pieza.

También podía haber sido sustituida.

O el nombre del punto podía haber sobrevivido aunque la piedra original hubiera cambiado.

Todas esas posibilidades debían permanecer abiertas.

Clara encontró otra mención intermedia:

«Pasado el señal de piedra, vuélvase hacia la iglesia.»

La expresión era más explícita.

No hablaba simplemente de una piedra cualquiera.

Hablaba de un señal de piedra.

Lucía sintió que la hipótesis empezaba a adquirir peso documental.

—Esto ya cambia bastante.

Adrián la miró.

—¿Ahora sí podemos llamarla señal?

—Podemos afirmar que existió una señal de piedra vinculada al recorrido.

Eso era mucho.

Muchísimo más de lo que habían tenido al llegar a Santiago.

La pregunta inmediata era inevitable.

¿Qué aspecto tenía?

No encontraron descripción.

Ningún documento mencionaba concha.

Ni cruz.

Ni flecha.

Solo piedra.

Señal.

Giro.

Eso era suficiente para comprender su función, pero no para identificarla visualmente.

Y quizá precisamente por eso había sido olvidada.

Cuando dejó de orientar, se convirtió en una piedra más.

Lucía volvió al inventario de la reforma.

«Piedra del paso, junto al quiebro, señalada con corte antiguo.»

Ahora la frase tenía otro peso.

El corte podía ser la marca que la hacía reconocible.

Pero seguía sin poder afirmarse.

—¿Y si el corte era simplemente una señal de cantero? —preguntó Adrián.

—Entonces seguiría siendo una piedra antigua junto al quiebro, pero no necesariamente la orientadora.

—Tenemos que encontrarla.

Lucía lo miró.

—Tenemos que encontrar su documentación.

La piedra, si todavía existía, vendría después.

Esa diferencia resultaría decisiva.

No podían lanzarse a buscar objetos por edificios, depósitos o almacenes basándose en una identificación incompleta.

Primero había que seguir la cadena documental.

Quién la retiró.

Dónde la llevó.

Qué ocurrió con los materiales almacenados.

Solo entonces tendría sentido preguntar si alguno sobrevivía.

Clara buscó el nombre del encargado de la obra.

Apareció repetido en las cuentas.

Martín de Seoane.

No era arquitecto en el sentido moderno, sino responsable de materiales y pagos durante aquella fase.

Su nombre figuraba junto a varias entregas.

Una de ellas llamó la atención:

«Recibido del depósito lo reservado por Seoane.»

No decía qué era.

Pero indicaba que algunos materiales habían sido apartados deliberadamente.

Riveiro encontró una segunda hoja.

«Devuélvanse los sillares buenos. Lo demás quede para reparos.»

Nada específico.

Lucía empezó a pensar que el rastro volvería a perderse allí.

Entonces Clara pasó una página.

Había una anotación lateral:

«La piedra marcada no se corte.»

El silencio fue inmediato.

Adrián levantó la vista.

—Alguien quiso conservarla.

Lucía observó la frase.

—Alguien quiso evitar que se utilizara como material de corte.

Eso era lo seguro.

La razón seguía sin aparecer.

Podían haberla reservado por su tamaño.

Por su forma.

Por una marca antigua.

O porque alguien recordaba todavía su función.

No lo sabían.

Pero la piedra había sobrevivido a la primera amenaza.

No había sido partida.

Había sido apartada.

Y después trasladada.

La posibilidad de que todavía existiera dejaba de ser remota.

El teléfono de Lucía vibró.

Nuria.

«Encontraron algo.»

Lucía respondió inmediatamente.

¿En el pavimento?

«No.»

La siguiente frase apareció unos segundos después.

«En el espacio técnico.»

Adrián se acercó.

Lucía esperó.

«Hay marcas recientes de polvo removido junto al muro. El técnico cree que alguien estuvo mirando detrás de una conducción.»

Aquello ya era diferente.

No demostraba quién.

Pero hacía mucho más probable que alguien hubiera entrado.

Lucía escribió:

¿Falta algo?

Nuria tardó casi un minuto.

«No del pavimento.»

Otra pausa.

«Pero había una fotografía antigua guardada en una carpeta técnica. No está.»

Lucía sintió un escalofrío completamente racional.

—¿Qué fotografía?

Nuria respondió:

«Una imagen tomada durante la reforma. Barreiro dice que mostraba materiales retirados de ese sector antes de recolocar el suelo.»

Adrián la miró.

Los dos pensaron lo mismo.

No necesitaban decirlo.

Lucía escribió:

¿La fotografía estaba catalogada?

«Sí. Hay ficha.»

¿Descripción?

Nuria tardó.

Después envió una imagen de la ficha.

La descripción era breve:

«Material pétreo retirado durante apertura. Al fondo, pieza antigua con incisión.»

Lucía volvió a leerla.

Una pieza antigua con incisión.

No era prueba de que se tratara de la señal.

Pero alguien había retirado precisamente la fotografía que podía mostrar una piedra marcada procedente del sector donde los documentos situaban el quiebro.

Adrián rompió el silencio.

—Ahora sí alguien está buscando algo concreto.

Lucía no respondió inmediatamente.

Miró la sucesión documental que tenían delante.

Una señal de piedra había orientado un giro.

Siglos después, una piedra marcada había sido retirada del mismo sector.

La pieza había sido apartada para evitar que se cortara y trasladada a un depósito.

Mucho tiempo después, una reforma moderna había fotografiado materiales antiguos procedentes de aquel lugar.

Y ahora esa fotografía faltaba.

No podían afirmar todavía que todas aquellas referencias pertenecieran al mismo objeto.

Pero ya no eran coincidencias aisladas.

Formaban una línea de investigación.

Lucía miró el plano de Santiago.

El misterio acababa de adquirir una forma mucho más precisa.

No estaban buscando una puerta oculta.

Tampoco una cámara bajo la Catedral.

Buscaban la historia documental de una piedra que quizá había ayudado a miles de desconocidos a tomar una decisión sencilla al final de un viaje inmenso.

Girar.

Seguir.

Llegar.

Y alguien más parecía haber comprendido su importancia.

Antes que ellos.

O casi.

Adrián señaló la ficha de la fotografía desaparecida.

—Si quien entró se llevó esto, sabía exactamente qué necesitaba.

Lucía negó.

—Sabía que necesitaba una imagen.

—¿De la piedra?

—Probablemente.

—Entonces está buscando la misma pieza.

Lucía observó la lluvia detrás de la ventana.

—Eso es lo que tendremos que averiguar.

Porque la piedra podía haber desaparecido hacía siglos.

Podía estar reutilizada en algún muro.

Podía haberse perdido durante otra reforma.

Pero si alguien había arriesgado una entrada no autorizada para conseguir una fotografía antigua, existía una posibilidad mucho más inquietante.

Que hubiera encontrado una referencia posterior que ellos todavía no conocían.

Una referencia capaz de llevar desde aquella fotografía hasta el destino final de la pieza.

Y entonces la pregunta dejaba de ser únicamente qué había ocurrido con la señal desaparecida.

La pregunta era quién estaba siguiendo su rastro al mismo tiempo que ellos.