CAPÍTULO 23 Intrusión junto al antiguo recorrido
BLOQUE 1
La fotografía desaparecida convirtió una sospecha en un problema concreto.
Hasta entonces, la puerta manipulada podía explicarse de muchas maneras.
Un intento de acceso sin relación con la investigación, una intervención de mantenimiento mal registrada o incluso daños anteriores que nadie hubiera advertido.
Pero una carpeta técnica abierta y una fotografía ausente exigían otra clase de explicación.
Alguien había llegado hasta un documento muy específico, y ese documento mostraba materiales retirados precisamente del sector donde las fuentes antiguas situaban la piedra del quiebro.
Lucía se negó, sin embargo, a utilizar la palabra robo.
Todavía no.
La fotografía podía haber sido retirada legítimamente y no devuelta. Podía encontrarse en otra carpeta. Incluso podía existir un error antiguo en el inventario.
Antes de convertir una ausencia en delito, había que demostrar que la imagen realmente había estado allí poco antes de que aparecieran las marcas en la puerta.
Xoán Barreiro prometió comprobarlo.
La respuesta llegó antes del mediodía.
No llamó Nuria.
Llamó directamente Barreiro.
—La fotografía estaba.
Lucía dejó el documento que tenía entre las manos.
—¿Cómo puede asegurarlo?
—Porque hace dos meses digitalizamos parte del archivo técnico. Esa carpeta todavía no había entrado en el proceso completo, pero hicimos una revisión previa. Hay una hoja de control.
—¿Figura la fotografía?
—Sí.
Adrián, sentado frente a Lucía, levantó la mirada.
—¿Con número de inventario?
—También.
Aquello cambiaba las cosas.
—¿Existe copia digital?
Barreiro tardó unos segundos en responder.
—Eso estoy intentando averiguar.
Lucía sintió que la investigación se abría en dos direcciones completamente distintas. Una conducía hacia la persona que había accedido al espacio técnico. La otra podía permitirles recuperar la información sin necesidad de encontrar inmediatamente al responsable.
—No toquen la carpeta más de lo necesario —dijo—. Y si creen que hubo una entrada no autorizada, esto ya no nos corresponde a nosotros.
—Lo sé. Seguridad está revisando los accesos.
—Perfecto.
No iban a perseguir a nadie.
No iban a entrar por su cuenta en edificios ni a registrar depósitos.
Su trabajo seguía siendo reconstruir el recorrido.
Pero ahora sabían que alguien estaba dispuesto a sobrepasar ese límite.
Adrián esperó a que terminara la llamada.
—Si hay una copia digital, quien se llevó la fotografía se arriesgó para nada.
—A menos que no supiera que existía.
—O que quisiera el original.
Lucía lo miró.
—¿Por qué?
Adrián no respondió.
No tenía sentido inventar una razón.
Una fotografía técnica antigua podía contener anotaciones en el reverso, sellos, números de expediente o detalles que no hubieran sido reproducidos en una digitalización parcial. Pero nada de eso estaba demostrado.
—Primero encontremos la copia —dijo Lucía.
Clara continuaba siguiendo el destino documental de la piedra marcada.
Había conseguido establecer algo importante: el depósito mencionado en las cuentas no parecía haber sido un almacén permanente. Era un espacio provisional utilizado durante las obras para guardar materiales que después serían recolocados, reutilizados o trasladados.
Eso explicaba por qué el rastro desaparecía tan rápido.
—Si buscamos un depósito que haya sobrevivido durante siglos, estamos buscando algo que probablemente nunca existió —dijo.
Riveiro asintió.
—¿Sabemos dónde estaba?
—Aproximadamente.
El espacio quedaba fuera del edificio actual, en una zona cuya configuración había cambiado varias veces.
Lucía miró el plano.
Otra transformación.
Siempre era lo mismo.
No había una ciudad medieval enterrada intacta bajo la actual. Había fragmentos absorbidos por construcciones posteriores, límites desplazados y funciones que habían cambiado hasta volver irreconocible aquello que antes había sido evidente.
La piedra podía haber seguido exactamente el mismo proceso.
Clara encontró una cuenta posterior.
«Llevadas del depósito las piezas que no vuelven a la obra.»
No aparecía destino.
Solo una cantidad.
Riveiro comparó fechas.
—Esto ocurre pocos días después de la anotación que ordena no cortar la piedra marcada.
—Entonces podría estar entre esas piezas —dijo Adrián.
—Podría.
Lucía volvió a insistir en la palabra.
Podría.
Era la única forma de no convertir una hipótesis atractiva en una falsa certeza.
La lluvia había disminuido cuando Nuria llegó.
Traía el ordenador bajo el brazo y una expresión muy distinta a la de los días anteriores.
No discutió.
No intentó defender el mapa publicado.
Dejó el equipo sobre la mesa y abrió una carpeta.
—Encontré esto anoche.
Era una captura antigua de su propio blog.
Lucía observó.
La entrada había sido publicada varios años atrás y después modificada.
Nuria abrió una versión archivada.
En ella aparecía una fotografía que ya no estaba en la publicación actual.
Mostraba una pared interior y, apoyado contra ella, un bloque de piedra rectangular.
Adrián se acercó.
—¿De dónde salió esa foto?
Nuria bajó la mirada.
—Me la mandó alguien.
—¿Quién?
—No lo sé.
Lucía sintió inmediatamente la importancia de la respuesta.
—¿Cómo que no lo sabés?
—Llegó desde una cuenta que dejó de existir poco después.
—¿Cuándo?
Nuria señaló la fecha.
Era anterior a la muerte de Manuel Varela.
Lucía amplió la imagen.
El bloque no era espectacular.
Precisamente por eso resultaba convincente como objeto real.
Tenía bordes irregulares, una cara bastante plana y una incisión cerca de uno de los extremos. La marca no parecía una flecha. Tampoco una cruz clara.
Era un corte.
Solo eso.
—¿Por qué quitaste la fotografía del blog? —preguntó Adrián.
—Manuel me lo pidió.
Lucía levantó la mirada.
—¿Por qué?
Nuria abrió un correo.
El mensaje de Varela era breve.
«Retira esa imagen hasta saber de dónde procede. Puede estar fuera de contexto.»
Lucía sintió una extraña satisfacción.
Otra vez Manuel había hecho exactamente lo correcto.
No había negado la autenticidad de la piedra.
Había cuestionado su contexto.
—¿Le hiciste caso enseguida? —preguntó.
—Sí.
—¿Conservaste el archivo original?
Nuria negó.
—Solo esta copia descargada del blog.
Eso significaba que habían perdido metadatos que quizá hubieran resultado útiles.
Pero todavía tenían la imagen.
Riveiro comparó la fotografía con la descripción de la ficha desaparecida.
«Material pétreo retirado durante apertura. Al fondo, pieza antigua con incisión.»
En la imagen de Nuria solo aparecía una pieza.
No había materiales de obra alrededor.
El fondo tampoco coincidía con lo que cabría esperar de una fotografía tomada durante una reforma.
—No es la misma foto —dijo.
—No —respondió Lucía—. Pero podría ser la misma piedra fotografiada después.
Nuria asintió.
—Eso pensaba Manuel.
Lucía la miró.
—¿Te lo dijo?
—No directamente. Pero después de pedirme que retirara la imagen empezó a preguntarme de dónde la había sacado.
—¿Y nunca encontraste al remitente?
—No.
Adrián observó la incisión.
—¿Podemos compararla con la fotografía técnica si aparece la copia digital?
—Sí —dijo Lucía—. Pero por forma general, no por intuición.
Necesitaban puntos reconocibles.
Fracturas.
Dimensiones.
Distribución de desgaste.
La incisión podía ayudar, pero solo si era suficientemente singular.
Nuria abrió otro archivo.
—Hay algo más.
Lucía esperó.
—La persona que me mandó la fotografía escribió una frase.
Mostró el mensaje.
«La piedra no desapareció. Cambió de sitio.»
Adrián permaneció en silencio.
Lucía leyó nuevamente.
La frase podía sonar deliberadamente misteriosa, pero no había nada sobrenatural en ella. Era exactamente lo que ocurría con materiales reutilizados en ciudades antiguas.
Una piedra podía abandonar una calle y terminar en una pared.
Podía pasar de una construcción a otra.
Incluso podía conservar una marca cuya función ya nadie recordaba.
—¿Contestaste?
—Sí.
—¿Qué preguntaste?
—Dónde estaba.
—¿Respondió?
Nuria negó.
Lucía observó la fecha del intercambio.
—¿Manuel conocía este mensaje?
—Sí.
—¿Y qué pensaba?
Nuria tardó.
—Que quien lo había enviado sabía algo sobre las reformas.
Eso era razonable.
No necesariamente sobre el Camino.
La puerta se abrió.
Clara entró con varias reproducciones.
—Encontré el traslado.
Lucía se volvió inmediatamente.
—¿De la piedra?
—No puedo decir que sea esa piedra. Pero sí de una pieza marcada.
Dejó la primera hoja.
La escritura era más tardía que las cuentas anteriores.
La anotación decía:
«Una piedra con señal vieja, llevada desde el depósito al corral de la casa nueva.»
Riveiro se incorporó.
—¿Qué casa?
Clara colocó otra reproducción.
—Eso es lo interesante.
La denominación utilizada en el documento había desaparecido de los planos modernos.
Lucía sintió que acababan de llegar al problema central desde otra dirección.
Un nombre perdido.
Una ubicación transformada.
Exactamente el tipo de proceso que estaban reconstruyendo en toda la ciudad.
—¿Podemos identificarla?
—Creo que sí. Pero hay dos propiedades que podrían corresponder.
Riveiro extendió un plano histórico.
Los límites habían cambiado.
Una de las casas había sido ampliada hasta absorber parte de la parcela vecina. Después, ambas aparecían con otra denominación.
—Entonces no sabemos a cuál llegó la piedra.
—Todavía no.
Nuria miró la fotografía de su blog.
—¿Y si esa pared es el corral?
Lucía negó.
—No podemos saberlo por la imagen.
—Pero explicaría por qué estaba apoyada.
—También podría haber sido fotografiada doscientos años después en cualquier otro lugar.
Nuria aceptó la corrección.
Ya no parecía interesada en defender una teoría.
Quería saber.
El teléfono de Lucía vibró.
Barreiro.
Atendió.
—Encontramos la copia.
Adrián se acercó inmediatamente.
—¿Digital?
—Sí. Es una previsualización de baja resolución, pero está.
—¿Puede enviarla?
—En unos minutos.
Lucía miró a Nuria.
—Tenemos la fotografía técnica.
Llegó cuatro minutos después.
La abrieron en el ordenador.
La imagen estaba descolorida y ligeramente inclinada. Mostraba una zona abierta durante las obras, varias piedras retiradas y herramientas apoyadas cerca del muro.